Santidad – La Web Cristiana de Apologetica

El término de santidad viene de la calidad de ser santo.

Santo es perfecto, libre de culpa. Dícese de lo que está especialmente separado para Dios.

La Biblia dice que la santidad es una cualidad de Dios y de su Espíritu.

En Levítico 19:2 dice la Palabra “que debemos ser santos por que Dios es santo” compárece con 1 Pedro 2:15,16.

En Exodo 15:11 y 1Samuel 2:2 se nos dice que la santidad de Dios es incomparable. El Salmo 22:3, dice que “Dios es santo y que habita entre las alabanzas de Israel.” Dios no está en un lugar donde se alabe al hombre, o ha algún objeto. Dios es Dios y no comparte su gloria ni con el hombre ni con objeto alguno que pretenda igualarse a él.

En la Biblia tenemos el caso cuando Luz Bella quiso igualarse a Dios y tomar posesión del trono del Creador. En Isaías capítulo 14:12 al 17 y en Ezequiel 28:12 al 15 , la Biblia nos hace un relato de la manera en que Dios destronó a éste ángel, lanzándolo al abismo. El mismo Jesús en cierta ocasión les dijo a sus discípulos que él vio como fue echado fuera del cielo a Satanás (Lucas 10:18). Dios fue el creador de todo lo que existe y sin él nada pudiera ser y aún más el Señor Jesús le dijo a sus discípulos sin mí nada podéis hacer (véase Juan 15:5).

Ahora bien, hemos dicho que Dios exige santidad en el hombre y esto para que haya una perfecta comunión entre ambos. Dios no habita en un corazón que no esté separado para Él. Por eso en Proverbios 23:26 dice “dame hijo mío tu corazón porque de él mana la vida.” La Biblia dice además que sin santidad nadie verá al Señor.

Muchas veces al predicar y hablar sobre la santidad nos vamos a los extremos de lo físico, pero claramente nos enseña la Palabra de Dios que es en nuestro corazón donde habita el Señor y aunque nuestra apariencia física diga que somos cristianos y santos, si nuestro corazón no está separado como morada del Espíritu Santo, solo será apariencia. Job le dijo al Señor: “De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). A Job Dios mismo lo describe como hombre perfecto, justo y separado para él, pero en el momento de dolor y angustia, Job pudo comprender que todavía no conocía a su Dios como él creía conocerlo, aunque era un hombre santo.

Si nosotros nos vamos a Gálatas capítulo 5, donde se mencionan una serie de obras de la carne podríamos comparar nuestra vida con este listado y ver cuan santos estamos para el Señor. La Palabra nos dice en 1 Tesalonicenses capítulo 4 versos 3 y 7 que la voluntad de Dios es que seamos santos; pues él nos ha llamado a la santificación. Esta santificación no es algo externo, comienza en lo interior del hombre y claro está la luz de Cristo se refleja en el rostro y las obras del hombre. Jesús le dijo a Nicodemo, “tienes que nacer de nuevo” Juan 3:5. Para el hombre tener un nuevo nacimiento tiene que aceptar a Cristo como su Salvador personal y apartarse del mundo para servirle a él. Cuando el hombre da frutos dignos de arrepentimiento, entonces deja ver lo que hay en su interior. En Efesios capítulo 1 verso 4 dice que Jesucristo nos escogió para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.

Dios le exige a su pueblo que tiene que ser santo, porque él es santo. Cuando Dios libertó a su pueblo Israel de la opresión del Faraón de Egipto, lo llevó hasta el Sinaí y allí le dio sus leyes y lo escogió como su pueblo, (véase Exodo capítulo 19). En estos tiempos nos escogió a nosotros como reyes y sacerdotes, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1Pedro 2:9).

Amado hermano y amigo, yo te exhorto en el amor de Cristo que cada día de tu vida busques esa santidad en el Señor, cada día que pasa se acerca más el momento en que suene la final trompeta y es necesario que cuando el Hijo de Dios venga por su pueblo lo halle viviendo en santidad y haciendo como él nos ha dicho.

Sigue adelante y que las pruebas de la vida no te detengan.
Un saludo cariñoso, en el amor de Jesucristo.

Tus hermanos de MINISTERIO PALABRA DE RECONCILIACION
Sergio y Millie Esteves
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