Referente a los plantadores de Iglesias – La Web Cristiana de Apologetica

También, en forma más escueta he tratado este tema en dos de mis libros. En el capítulo 5 de ¿Quien te cubre?, discuto el papel de trabajador itinerante, el plantador de iglesias, que funda y nutre la iglesia en las casas. De igual forma, en el último capítulo de Rehaciendo los nuevos odres, discuto la necesidad de la ayuda exterior en el comienzo de una iglesia en la casa.

Recientemente, algunas personas me han preguntado, cuándo vine a darme cuenta de la necesidad del obrero itinerante. Marqué el comienzo, contestando a la pregunta, en el año 1990.

En aquella época me fue dado el clásico libro de Watchman Nee La vida normal de la iglesia cristiana. En este libro, Nee argumenta de manera vehemente la noción de que todas las iglesias creadas en el siglo primero fueron llevadas a cabo por trabajadores de afuera de la comunidad. Este fue el primer contacto que tuve acerca de este punto. Más tarde vino a mis manos la popular obra de Rolland Allen Métodos misioneros: ¿S. Pablo o los nuestros? Allen llega al mismo punto desde un ángulo diferente.

Desde entonces, otros hombres han escrito sobre el mismo punto, principalmente, Robert Banks y Gene Edwards. El primero, en su libro La idea de Pablo de comunidad, capítulos 15 al 18, Banks pone una estudiosa atención a la forma paulina de levantar iglesias. Y Edwards ha escrito una plétora de libros trazando este principio por todo el Nuevo Testamento. Sus obras más conocidas son, Diarios del siglo primero y Cómo reunirse en las casas.

Desde 1990, he hecho muchas observaciones sociológicas y sicológicas acerca de los problemas que caracterizan a las modernas iglesias en las casas. Estas observaciones fueron construidas sobre las siguientes experiencias vividas en los últimos trece años:

· Reuniéndome en una iglesia en la casa por ocho años consecutivos que trajeron como consecuencia una intensa y multifacética experiencia de la vida de la iglesia
· Visitando y observando muchas iglesias en las casas a través de todo el país, todas ellas reuniéndose en diferentes formas.
· Hablando en diferentes conferencias sobre las iglesias en las casas que representaban diferentes corrientes dentro del “movimiento de las iglesias en las casas”.
· Entrevistando y observando un número de hombres mayores que han estad involucrados en el trabajo de plantar iglesias.

Además de lo arriba mencionado, he tenido el privilegio único de plantar una iglesia desde su comienzo. Esto incluye trayendo a no creyentes a Cristo y equipando a los nuevos conversos para funcionar bajo las órdenes de Cristo. Hoy día, por la gracia de Dios, continúo haciendo este trabajo en diferentes lugares.

Todas estas experiencias, me han llevado a las siguientes conclusiones:

1. Las modernas iglesias en las casas han ignorado totalmente lo que la Escritura tiene que decir acerca de plantar iglesias.
2. La mayor parte de los problemas que surgen en las iglesias en las casas podrían resolverse si retornáramos a los primeros principios acerca de plantar y alimentar a las iglesias.

Llegué a estas conclusiones en 1997. En 1998, comencé a hablar públicamente sobre estos temas.

La recepción no ha podido ser más positiva. No han sido pocos los Cristianos, fuera de la iglesia organizada, los que han visto la necesidad de la ayuda exterior; algunos la han solicitado. Por otro lado, he recibido varias cartas haciendo preguntas y poniendo objeciones acerca de la noción de los trabajadores de fuera.

El propósito de este escrito es el de enunciar las seis objeciones, más comunes, con objeto de poder darles una respuesta.

Trágicamente, el asunto de plantar iglesias es un tema bastante fuerte para algunos Cristianos. Por tanto, este trabajo asesta una puñalada a un presunto tratado de paz. Lo que es más, estoy escribiendo para aquellos que tienen una mente abierta en el asunto de plantar iglesias y desean atravesar la niebla que rodea el tema. De igual forma está escrito para aquellos que quieren escuchar una respuesta contra la tormenta de fuego lanzada, en forma de crítica, hacia aquellos ministerios llevados a cabo por los modernos obreros itinerantes.

Finalmente, si usted nunca ha estado expuesto a lo que voy a compartir, le sugiero encarecidamente a que lea ¿Así qué quieres comenzar una iglesia en tu casa?. Esto le preparará acerca del contexto de lo que viene a continuación.

Objeción #1: En el día de hoy las condiciones del mundo occidental son muy diferentes a las del siglo primero. En aquel tiempo, el mundo entero no era salvo. No existía una iglesia organizada. Los plantadores de iglesias, como Pablo, no tomaban “Cristianos vueltos a nacer” de la iglesia institucionalizada para enseñarles a reunirse en el estilo del Nuevo Testamento. Los obreros modernos, por tanto, no pueden poner a Pablo como un ejemplo de lo que tienen que hacer.

En verdad la iglesia del siglo primero existió en una situación de terreno virgen. El evangelio de Jesús era completamente nuevo, no existían las iglesias institucionalizadas de donde sacar (o rescatar) cristianos. Por eso, el grueso de los conversos de Pablo, se encontraban dentro de dos categorías: 1) aquellos que venían del grupo de los paganos. 2) los gentiles temerosos de Dios que estaban institucionalizados en las sinagogas de los judíos.

La misión de Pablo tenía dos objetivos. Primero, convertir a los ya perdidos gentiles. El segundo objetivo estaba interconectado con el primero: consistía en formar esos nuevos conversos en comunidades locales que pudieran portar el testimonio corporativo del propósito eterno de Dios.

Puesto de otra manera, la meta de Pablo, al predicar el Evangelio, era formar comunidades bautizadas en el Espíritu que corporativamente representaran al Señor Jesucristo.

El eminente erudito D. J. Tidball encuentra eco en este pensamiento cuando dice: “El primer interés de Pablo no era la conversión de los individuos, sino en la formación de comunidades cristianas” (Dictionary of Paul and His Letters, Downers Grove: IVP, 1993, pg. 885.)

Pablo formó esas comunidades siendo el padre, la madre y alimentando a los cristianos con los que trabajaba…

1 Tesalonicenses 2:7-12
7 Antes bien, nos portamos con ternura entre vosotros, como cuida una madre con amor a sus propios hijos.
8 Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, porque habéis llegado a sernos muy queridos.
9 Os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo, trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.
10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprochablemente nos comportamos con vosotros los creyentes.
11 También sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros,
12 y os encargábamos que anduvierais como es digno de Dios, que os llamó a su Reino y gloria.

1 Corintios 4:15
15 Aunque tengáis diez mil maestros en Cristo, no tendréis muchos padres, pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.

Él mostraba que la iglesia ha tener hermandad con Dios, cómo madurar en Él corporativamente, cómo comportarse en sus reuniones y cómo resolver problemas específicos, típicos de la vida comunitaria.

Trágicamente esas son cosas desconocidas para la mayor parte de los cristianos en la iglesia institucionalizada.

Imagínense lo que ocurriría si cada pastor en América dijera a sus congregaciones que ellos, con todo el equipo de líderes – incluyendo el líder de adoración – abandonarían la iglesia por seis meses. ¿Cuántas de esas congregaciones sabrían lo que tienen que hacer? ¿Cuantas sabrían planificar sus propias reuniones? ¿Cuántos serían capaces de funcionar juntos contribuyendo cada uno con algo o una parte de Cristo en la reunión?

No creo exista alguna iglesia institucionalizada que pudiera reunirse bajo cualquiera de esos términos. A pesar de que esas iglesias están llenas de gente que han sido cristianos por muchos años.

Contradictoriamente, ser un cristiano ducho, no le equipa para ser un miembro funcional en una reunión al estilo de la iglesia del Nuevo Testamento. Ni le prepara para ser un miembro productivo de una comunidad cristiana. Como tampoco encontrándonos dentro de los 2000 años de historia cristiana y 500 años de la Reforma nos equipa para tal obra.

Tal como A. W. Tozer dijo en cierta ocasión, la iglesia moderna “es un asilo para niños retardados espiritualmente”. Yo agregaría que es un criadero de obesos niños espirituales que no tienen la más ligera idea acerca de funcionar con sus propios hermanos de la comunidad en una forma coordinada. ¿Y por qué es esto? Pues porque nunca se les ha enseñado a hacerlo. En su lugar, se les ha acostumbrado a estar mudos y pasivos. El pueblo de Dios, por tanto, necesita ser dejado en libertad otorgándoles el poder que tienen.

Mi punto es muy simple. El ministerio paulino de plantar iglesias es de gran necesidad en el día de hoy. Mucho más va en la construcción de una iglesia (al estilo del siglo primero) que llevando al pueblo hacia el Señor. Ganar conversos no es más que el primer paso. Enriquecer, equipar y darle el poder para que continúen marchando con Dios en una forma corporativa, constituye el resto del viaje.

Si Pablo estuviera en América en el día de hoy, yo creo que convertiría las almas perdidas con el punto de vista de fundar iglesias locales. Cristianos hambrientos, pertenecientes a la iglesia institucionalizada, sin lugar a dudas, se agregarían ellos mismos también a esta obra. Yo no creo que Pablo rehusaría enseñarles simplemente porque ellos ya eran conversos.

No, Pablo daría poder a todos los santos que estuvieran abiertos a él. Ambos, nuevos conversos y cristianos institucionalizados. Los enriquecería para conocer a Cristo, los equiparía para que expresaran a Él corporativamente y les daría poder para funcionar en una forma coordinada. Eso es lo que hoy día hacen los genuinos trabajadores.

No es exagerado decir que la pasión de Pablo era establecer comunidades cristianas – ekklesias – marcadas por el funcionamiento de cada uno de sus miembros. No era para rescatar individuos del infierno. Estoy seguro que si viviera en la América del siglo XX le detendría llevar a cabo esta misión apasionante.

Objeción #2: La idea de una iglesia siendo fundada o ayudada por un obrero viajero es un tema solamente encontrado en el ministerio de Pablo. Las iglesias que no estaban asociadas con Pablo no necesitaron de la ayuda foránea. De hecho, algunas de esas iglesias fueron fundadas sin un obrero. Por tanto, estás imponiendo tu caso cuando dices que todas las iglesias, en el día de hoy, necesitan de ayuda externa.

Debido a que Pablo domina la historia del Nuevo Testamento, el principio del trabajador externo, fundando y consecuentemente ayudando a la iglesia, es un punto que se destaca en su ministerio.

Sin embargo, si examinamos las iglesias mencionadas en el Nuevo Testamento – unas 35 en total – descubriremos que cada una de ellas después de haber sido formada, fue, o bien fue fundada por un obrero itinerante, o ayudada por uno.

Pablo y sus acompañantes – Bernabé, Silas, Timoteo, Tito, Epafras, etc. – no fueron los únicos obreros que viajaban para plantar, fortalecer y centrar a las iglesias. También fue el caso de Pedro, Juan y – de acuerdo a la historia de la iglesia – el resto de los doce. Todos esos hombres fueron “enviados” al “trabajo” de construir iglesias. Esta es la razón por la que son llamados apóstoles “enviados” y “obreros”.

A algunos les gusta discutir que los obreros foráneos no son necesarios puesto que varias iglesias en el Nuevo Testamento no fueron fundadas por uno de ellos. Las personas que emplean este argumento generalmente se están refiriendo a las iglesias que fueron fundadas durante la dispersión de Jerusalén. Exploremos este caso en particular y veamos que es lo que ocurrió.

La iglesia de Jerusalén fue fundada por los doce apóstoles. Ellos pusieron los cimientos de aquella iglesia por un período de seis años (sí utilizamos la forma tradicional de contar las fechas).

Después de esos seis años, la iglesia en Jerusalén se dispersó hacia Judea, Samaria y Galilea. Algunos viajaron hasta Chipre. Otros se fueron hasta Siria. Los creyentes que se dispersaron hacia aquellos lugares comenzaron a reunirse de la misma forma que lo hicieron en Jerusalén. Y Dios agregó a sus grupos en la medida que compartían el evangelio con los perdidos.

Lo que en realidad ocurrió, por tanto, es que la iglesia de Jerusalén fue transplantada hacia aquellas regiones.
Hechos 9:31
31 Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.

Aquí Lucas nos dice que la iglesia – singular – encontró descanso en Judea, Galilea y Samaria.
[N. del T. – La palabra traducida por iglesias – plural – en casi todas las versiones, es en griego la palabra ekklesia – singular – de ahí la intención del Sr. Viola]

En otras palabras, la iglesia de Jerusalén fue re-ubicada hacia aquellas regiones.

Tengamos en mente que los hermanos que eran parte de aquellas iglesias transplantadas habían: 1) ayudado inicialmente a los doce apóstoles por un período de seis años, y 2) experimentado la vida corporativa de la iglesia durante todo ese tiempo.

En otras palabras, los santos de Jerusalén transplantaron su experiencia de la iglesia recibida cuando ayudaron a los apóstoles. No abandonaron las sinagogas un día y al día siguiente se dedicaron a comenzar iglesias en las casas.

Lo que es más importante, después de que aquellas nuevas iglesias fueron transplantadas, fueron ayudados por los apóstoles. Los obreros de Jerusalén siguieron circulando entre las nuevas iglesias – muy al estilo de Pablo – ministrándoles. Es este un punto a menudo pasado por alto cuando leemos Hechos capítulos 8 al 12.

De nuevo, un cuidadoso estudio del Nuevo Testamento nos revelará que cada iglesia mencionada en la historia de la iglesia del siglo primero fue, o bien fundada o bien ayudada por un trabajador itinerante. Así la independiente iglesia en la casa que rechaza la ayuda de los viajeros itinerantes, comparte una faceta común con la iglesia institucionalizada: Ninguna de las dos tiene analogía alguna en el Nuevo Testamento.

Lo que es más, el obrero itinerante, dando a luz a las iglesias es una práctica consistente que es marcada por todo el Nuevo Testamento. Y como he mostrado en “Así que ¿quieres comenzar una iglesia en la casa?”, es un principio que se origina hacia atrás en Dios desde antes de la creación. Por esta razón, el trabajo itinerante está atado al cumplimiento del eterno propósito de Dios. De ninguna manera es una práctica anticuada.

Esto no sugiere que cada iglesia en la casa necesita de un obrero como si no pudieran existir sin uno. Ni sugiere que si una iglesia en la casa opta por no recibir la ayuda de un obrero los creyentes que en ella se encuentran pasan a un plano de sub-cristianos.

Sino que firmemente se sugiere que la ayuda del trabajador externo es crítica para el desarrollo y enfoque de la iglesia en la casa. En mi mente, si una iglesia en la casa desea expresar el eterno propósito de Dios en una manera firme y duradera, la ayuda foránea es indispensable.

Consecuentemente, no estoy exagerando al afirmar que todas aquellas iglesias que toman la oportunidad de aprender de los recursos ofrecidos por los obreros experimentados, evitarán gran cantidad de errores y problemas en su vida.

Objeción #3: La idea de un obrero externo es una noción elitista. Elevando a una persona por encima del resto. Crea una clase aparte para instruir a los creyentes “ordinarios”. Realmente no hay diferencia entre esto y el clérigo que maneja la iglesia institucionalizada. ¡Nosotros los cristianos somos el sacerdocio de Dios! ¡Sólo necesitamos a Jesús! ¡No necesitamos a un hombre que nos ayude! ¡Y por supuesto que no necesitamos de un “superestrella” plantador de iglesias que nos venga a decir lo que ya conocemos!

Esta objeción suena igualmente: noble y espiritual, pero en la realidad es reaccionaria y engañosa. Yo personalmente, encuentro esta línea de pensamiento muy poco convincente. En efecto, rechaza un ministerio dado por Dios para con el Cuerpo de Cristo, bajo el manto de “proteger” el sacerdocio de los creyentes.

En filosofía, llamamos esto un argumento de espantapájaros. Es decir, desconsideradamente pinta a todos los obreros como hombres elitistas que se colocan por encima del pueblo de Dios. De esta manera se argumenta efectivamente contra esta idea, escondiéndose tras la retórica pía de “solamente necesitamos a Jesús no al hombre”.

Concedo que existen falsos pastores que están dispuestos a engañar a las ovejas. También hay obreros poco confiables que se enseñorean sobre el pueblo de Dios, de igual forma que existen maníacos del control que abrigan una patológica dependencia hacia ellos mismos. Hacemos bien en cuidarnos de todos ellos.

Pero castigar a todos los que plantan iglesias con una gigantesca verborrea de inflamatorias acusaciones – tales como “superestrella”, “elitista”, “clase aparte”, etc. – es como jugar un poco con el orgullo y el temor del pueblo. Esto sin contar que da al pueblo una deformada apreciación de sus propios hermanos en Cristo.

La verdadera sorpresa se presenta cuando presentamos esta objeción a la historia del Nuevo Testamento; entonces la falacia aparece en toda su dimensión.

Si aplicamos la lógica de esta objeción tendremos que concluir que… ¡Pablo, Bernabé, Silas, Timoteo, Tito, Epafras y cada otra persona que plantó iglesias en el siglo primero eran “superestrellas” cristianos que pertenecían a una “clase elite aparte” separada de los pobres y “ordinarios” creyentes!

Además tenemos que concluir que… Las iglesias de Antioquia, Galacia, Grecia y Asia Menor tenían que abiertamente haber dicho a Pablo, Bernabé, Silas, Timoteo y Epafras: “No os necesitamos, ustedes no son más que hombres, no necesitamos hombres, ¡Solamente necesitamos a Jesús!”

Da que pensar, ¿no les parece?

Si ustedes aceptan mentalmente “nada con los plantadores de iglesias, sólo necesitamos a Jesús” sin darse cuenta están diciendo “nada con Pablo, ni con Bernabé, ni con Silas, ni con Timoteo.”

Además, la idea de que la iglesia no necesita del ser humano no se puede reconciliar con la historia de la primera iglesia. Cuando Jesús caminó sobre esta tierra, en carne y hueso, uno efectivamente podría decir, “no necesitamos a nadie más que a Jesús”.

Pero desde que ascendió y derramó Su Espíritu, Jesucristo ha elegido utilizar a los hombres y las mujeres para llevar a cabo Su obra en la tierra. El Señor Jesús utiliza al hombre, de carne y hueso, para plantar y nutrir a las iglesias. Usa a la gente para convertir a las almas. Usa a la gente para instruir a los conversos. Usa a la gente para entrenar y equipar las hermandades locales.

No me importa por el lado que lo quieran mirar, Dios ha decidido utilizar al hombre.

Por tanto, aquellos que se quieren envolver con el “no necesitamos a los hombres, solamente necesitamos a Jesús” se dan de cara con la revelación del Nuevo Testamento. Es una manera de pensar muy equivocada.

Por supuesto que el pueblo de Dios debe tener mucho cuidado de los falsos apóstoles que buscan tomar ventaja de ellos. Pero si somos serios y queremos movernos hacia una plenitud espiritual, daremos la bienvenida, a sabiendas, de las contribuciones de todos aquellos a los que Dios ha colocado en Su Cuerpo. Incluyendo al que hace el trabajo del viajero itinerante.

Los viajeros itinerantes, si son un algo genuino, no pertenecen a una elite espiritual. No tienen un estatus diferente al resto de los cristianos. Por el contrario, son creyentes ordinarios – y muy imperfectos – la única diferencia es que su llamado es diferente.

No están encargados de manejar las iglesias locales, como tampoco son, de ellas, jefes a distancia. Dios es el único amo. Los obreros son simplemente valiosos sirvientes de las iglesias a las que ayudan. Los lazos que les unen a los santos con quien trabajan son familiares y relacionales. No son oficiales o jerárquicos.

Por medio de su visión, aliento y apoyo, los obreros son una parte esencial para mantener la espiritualidad vital y crecimiento. Están encargados de dar poder a otros para discernir, dirigir, funcionar y pelear contra los problemas que se enfrentan, con objeto de llegar a algo más completo que lo que antes tenían.

Los obreros tienen el don de apuntar y tener acceso a un sinnúmero de dones y recursos que la iglesia, por no darse cuenta, los dejan de lado. Tienen el talento para graciosamente reacondicionar las debilidades de la iglesia, manteniéndola alejada de las distracciones que le quitan energía. También tienen el talento de hacer que la iglesia marche por esos difíciles campos minados que son necesarios atravesar para poder progresar en la guerra del amor.

Los verdaderos obreros no hacen su trabajo pulpiteizando o pontificando. Por el contrario, paciente e incansablemente ministran, aconsejan, se sientan a conversar, abrazan, alientan, comprenden y todas aquellas otras cosas que podamos pensar para hacer que el individuo deje de pensar en las malas mañas de otros y descubran que realmente todos podemos ser hermanos y hermanas. Los obreros, desinteresadamente y sin reconocimiento alguno, trabajan con el pueblo de Dios para ayudarlos a cumplir con su llamado.

De esta manera, los obreros son como los catalizadores en una reacción química. Tienen el don de galvanizar y catalizar las acciones entre el resto del Cuerpo. Inyectan vida carnal en una iglesia cuando el pulso está tornándose débil. Mantienen fuera los elementos extraños con objeto de que la iglesia pueda crecer natural y espontáneamente. Centran el foco de los santos cuando sus ojos comienzan a desplazarse de su único Centro, el cual es Cristo.

Todo esto no es para indicar que los obreros tienen que ser tratados de forma “especial”. No hay por qué hacerlo. Pero si ignoramos sus cualidades, lo haremos en detrimento propio. Y tanto si nos damos cuenta o no, el negar sus dones, solamente haremos que estos tomen formas poco sanas.

Puesto en forma simple, el estar abierto a la ayuda externa requiere que aquellos que nos reunimos en la iglesia en la casa, tengamos grandes cualidades de discernimiento. Pero sin esta apertura, solamente haremos que en lugar de crecer, nos achiquemos, sin importar que lleguemos a sobrevivir.

Objeción #4: Cualquiera puede comenzar una iglesia en la casa. No tienes por qué esperar pasivamente por un hombre que nos ayude a hacerlo. Yo he tenido varios hijos. No tenía experiencia alguna en criar hijos antes de esto. Pero aprendí mi trabajo. Nunca necesité de un hombre que viniera a enseñarme como dar a luz a mis hijos o criarlos. Por tanto, yo no necesito de un hombre que venga a enseñarme cómo comenzar una iglesia en la casa. Yo puedo comenzar una. Y de igual manera lo puede hacer cualquiera que lo desee.

Esta objeción realmente pierde el foco acerca de lo que las Escrituras nos muestran acerca de plantar iglesias. Abiertamente puedo decir a cualquiera, que hasta un bebé cristiano puede comenzar un grupo en su casa. Todo lo que se necesita es abrirla y permitir que un grupo de cristianos se siente en cómodos sillones en tu sala de estar. Agrégale un poco de café al contenido con un estudio bíblico y ¡lo tienes! Acabas de fundar tu propia “iglesia en la casa”.

Pero ¿acaso este tipo de iglesia tiene algún punto en común con las ekklesias sobre las que leemos en el Nuevo Testamento? ¿Acaso este tipo de reunión alcaza algo más lejos, hacia el cumplimiento del eterno propósito de Dios que lo puede hacer cualquier iglesia institucionalizada, o una iglesia celular o un grupo en recuperación?

Si esta es la meta de vuestra visión de la iglesia, entonces estoy de acuerdo que los viajeros itinerantes no son necesarios y puedo comprender por qué no tienen interés alguno en recibir su ayuda.

Pero si habéis sido cautivados por la visión de la iglesia en la que cada miembro contribuye a la reunión con algo de Cristo. Una visión donde Cristo está constantemente siendo experimentado, hecho visible, central y supremo. Una visión donde los poderes y principados sienten vergüenza por el testimonio de la iglesia. Entonces haces bien en recordar las palabras de Pablo…
1 Corintios 12:28-29
28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
29 ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros?

Para Pablo la contestación es “no”. Dios ha preparado a Su pueblo con diferentes dones y funciones y esto incluye aquellos que son “enviados” a plantar y a nutrir las iglesias desde fuera.

Por tanto, la lógica que dice “ya que yo puedo dar a luz a bebés, entonces también puedo dar a luz a una iglesia al estilo del siglo primero” es inválido. No ha seguido la pauta trazada en el Nuevo Testamento. Dios ha “preparado” a algunos en el Cuerpo para llevar esto a cabo, en la misma manera que Él ha preparado a otros en el Cuerpo para otras cosas.

Permítanme terminar la contestación a esta objeción. Siendo verdaderamente realistas, cualquiera puede escaparse, todo un día, con diversas teorías acerca de la ayuda o interferencia de los trabajadores externos. Pero, al final, este asunto realmente se basa en el tipo de vida de iglesia que ustedes están buscando tener.

Durante la última década, he visitado gran variedad de iglesias en las casas y entrevistado gran cantidad de personas que en ellas se encontraban. Hemos llevado a cabo gran cantidad de observaciones. Una de ellas es: Las más modernas iglesias en las casas que no han sido ayudadas por alguien de afuera, funcionan de la siguientes maneras:

Forma de operar 1. Todas las semanas una persona enseñará o dará una lección sobre la Biblia. El resto de la iglesia escucha pasivamente. Puede existir algún diálogo sobre lo que el maestro enseñó. Pueden también existir preguntas acerca de lo enseñado. Pero la reunión está centrada acerca de la oración tipo sermón. Algunas iglesias tienen ancianos que se rotan para enseñar a la iglesia que pasivamente escucha. Otras están abiertas a que otros vengan a enseñar. Pero este tipo de reunión es siempre un glorificado estudio bíblico o lugar de estudio.

Forma de operar 2. A menudo un subgrupo del anterior, algunas iglesias en las casas son tan doctrinales que sus reuniones, a veces, degeneran en interminables debates sobre precisas fórmulas acerca de un sin fin de menudeces teológicas. Es decir, que sus reuniones son para estimular el intelecto y elevar la presión arterial.

Forma de operar 3. Las reuniones están marcadas por una abrumadora pasividad. La mayor parte de ellos están callados y no pronuncian palabra alguna. A menudo el silencio es ensordecedor. Cuando alguien habla es generalmente para compartir acerca de algún problema personal. O puede ser acerca de una idea interesante que la persona tuvo durante la semana. Quizá son leídos interminables versos de la Biblia. Existe poca dirección, armonía o vida en la reunión. Jesucristo no la maneja. Ni tampoco se puede decir que Él se manifieste en la reunión.

Forma de operar 4. La reunión es un festival. Hay un director musical que conduce las canciones. Puede haber un guitarrista que “conduce (o facilita) la adoración.” Nunca he podido apreciar una en que se permita a todos los santos dirigir su propio cantar o que escriban sus propias canciones.

Forma de operar 5. Hay poca o ninguna interacción entre los miembros fuera de las reuniones semanales. La reunión en la casa es conducida hacia la reunión exclusivamente. No es una comunidad de vidas compartidas e integradas.

Forma de operar 6. El grupo se mantiene junto por medio de reglas y leyes hechas por ellos mismos. Por esta razón, el grupo generalmente se divide cada 2 a 4 años. (El legalismo tiene el efecto trágico de causar que los cristianos se odien después de cierto tiempo)

Forma de operar 7. Las relaciones humanas son deificadas y se mantienen como un substituto de la viviente y corporativa relación con la Cabeza de la Iglesia. No hay un entendimiento del propósito eterno de Dios. La iglesia tiene poca o ninguna experiencia en manejar a Cristo espiritualmente. Saben poco acerca de recibir de Él y manifestar a Él en reuniones donde los visitantes puedan decir, “he visto al Señor como nunca le visto anteriormente”.

hora bien, no pongo en duda que hay iglesias en las casas que nunca recibieron ayuda de un experimentado, obrero externo consumido por Cristo, que no se ajuste a alguno de los métodos descritos anteriormente. Si tu perteneces a uno, entonces eres una rara excepción. (Me aventuro a decir que, de algún modo, también fueron ayudados por un obrero externo en algún momento de su viaje. Tanto si fue por medio de un libro, panfleto o conferencia. Piense sobre ello.)

Les diré esto. En más de una ocasión, me he encontrado en alguna reunión donde los miembros de una iglesia discuten lo maravilloso de su reunión. Tanto, que se ponen muy cerca de vanagloriarse sobre cómo tienen una vida participativa y su reunión está centrada en Cristo y todo ello sin haber recibido ayuda externa.

No obstante, pocos días después recibo un mensaje de una persona perteneciente al grupo diciendo: “Frank, lo que escuchaste no es verdad. Estamos espiritualmente empobrecidos. Nuestras reuniones son débiles o están muertas. Difícilmente alguien comparte y cuando lo hace, no es Cristo. Realmente necesitamos ayuda, pero algunos en nuestro grupo ni tienen la humildad de aceptarlo.”

Habiendo recibido un número de cartas como esta, estoy inclinado a creer que es un asunto mucho más profundo el que trabaja para que algunos rechacen la ayuda externa. La carga emocional y las reacciones altamente inflamables con solamente mencionar la ayuda, sugiere que un nervio está siendo probado en algún punto. Es casi imposible el discernir entre tal maraña de motivaciones escondidas detrás de esas reacciones. Pero me gustaría desenterrar las más comunes.

Para algunos, la herida es el resultado de una mala experiencia con un obrero que les ha dejado amargados y en forma reaccionaria. Por esto arrojan a todos los obreros al mismo saco. Usando la desafortunada frase de Lessing, los obreros desconfiables, al igual que los modernos pastores, son “un accidente de la verdad histórica.” Y los accidentes históricos nunca deben tomarse como la norma por la cual debemos juzgar al liderazgo espiritual.

Otros tienen expectativas poco realistas e injustas acerca de las funciones del obrero. Así cuando un obrero comete una equivocación, no está sobre el estándar preconcebido de cierta persona e inmediatamente le declaran la guerra y como denominador común, contra todos los obreros externos. Soy el primero en admitir que los obreros externos están muy lejos de ser perfectos. Son seres humanos. Cometen equivocaciones. Quizá si les diéramos un poco de holgura o tanta como nos damos a nosotros mismos, disminuirían algunos de los mal-entendidos y la injusta hostilidad que hacia ellos se dirige.

Otra reacción contraria contra la ayuda externa está enraizada en ciertos abusos que tomaron lugar durante el movimiento de Jesús (ver para una explicación más completa “Así que quieres comenzar una iglesia en la casa”). Algunos han respondido a esos abusos enarbolándola bandera del “anti-liderazgo.”

En mi libro “¿Quién te cubre?” le he dado bastante tiempo a la opresión causada por los modelos de liderazgo autoritario. Pero no obstante, muchos de aquellos que se han movido al extremo contrario y flamean la bandera del “anti-liderazgo”, perpetúan su propia clase de opresión.

“Anti-liderazgo” tiene el efecto de tragarse todo el lenguaje de liderazgo del Nuevo Testamento. Se diluye en sí mismo al creer que al oponerse a los líderes, se ha cumplido algo justo y noble. Algunos “anti-líderes” son activos y belicosos, arrasando contra todos aquellos que tienen alguna influencia en las vidas del pueblo de Dios.

Otros son pasivamente agresivos que tienen la destacada habilidad de parar en seco a las iglesias insistiendo que nadie puede dirigir nada. En todos los casos vistos, esto resulta en una iglesia que está manipuladoramente y subversivamente “liderada” por la persona que rehúsa dejar a otros dirigir. Por supuesto que este segundo estado es mucho peor que el primero.

En el lado oscuro, hay algo cocinándose dentro de los corazones de algunos hombres que objetan recibir ayuda de otros. Tales individuos enmascaran la verdadera razón acerca de su oposición degradando a aquellos que plantan iglesias. (Si escuchan detenidamente su confuso protestar, el motivo real de su oposición tarde o temprano se dejará ver saliendo de sus bocas)

Un caballero es mencionado en el Nuevo Testamento que rehusaba recibir obreros enviados por el apóstol Juan para dar fuerza a las iglesias.

3 Juan 5-11
5 Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos,
6 los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje,
7 pues ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles.
8 Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad.
9 Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe.
10 Por esta causa, si yo voy, recordaré las obras que hace profiriendo palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe y los expulsa de la iglesia.
11 Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios, pero el que hace lo malo no ha visto a Dios.

Juan enunció el verdadero motivo oculto que motivaba este rechazo. Era simplemente que “le gustaba tener el primer lugar entre ellos” ¡en la iglesia!

Este hombre puede muy bien estar escondido tras el deseo de prominencia y el “no necesitamos de esos obreros, solamente a Jesús”. Pero debajo de esas palabras lo que estaba diciendo era “No quiero que nadie siga el ministerio de otro hombre. Tengo miedo a perder mi puesto de influencia y prominencia en los ojos de la iglesia. Quiero que todos los santos me vean a mí en lugar que a otra persona”

La ironía aquí es que uno de los trabajos del obrero externos es el de proteger a la iglesia de aquellos hermanos locales que sufren de “apostolitis” clamando por la atención del pueblo de Dios. Y esos son los mismos que portan las mayores objeciones contra la ayuda externa.

Walter Percy, en su libro, Perdidos en el Cosmos, resume el problema humano pulsando las siguientes preguntas: ¿Tienes problemas?, si los tienes ¿has buscado ayuda?, si la has recibido ¿la has aceptado?

Percy hace esta penetrante observación indicando que mucha gente en el mundo de hoy está en problemas y no se da cuenta. Nunca se han molestado de buscar ayuda. Ni tampoco la aceptarían si se la dieran. Este punto amerita una seria reflexión.

Creo que los que hemos abandonado la iglesia institucionalizada estamos maduros para buscar al Señor en humildad acerca de este tema. Hace tiempo que nos tragamos nuestras reacciones y confrontamos dominar nuestra amargura, perjuicios y teorías, pidiendo a Dios que nos diera la luz (y si fuera necesario, su cura.)

La labor de un obrero es la de trabajar de dentro hacia fuera. Su tiempo con la iglesia debe ser una relación temporal. Surge como brotando, y él está más ausente que presente.

Inicialmente, su influencia y el tiempo que dedica a trazar la fundación de la iglesia, podrá ser intenso. Pero una vez que ha terminado la fase fundacional, la iglesia marchará por sí sola. Él entonces, volverá periódicamente a fortalecerla, enfocarla y construir sobre la fundación que originalmente trazó. También regresará si hay una crisis.

Es todo lo que se puede decir: si un obrero hace su trabajo adecuadamente, su intervención acerca de los asuntos de la iglesia será mínima. Esto prevendrá al obrero de acallar al pueblo de Dios. El ministerio del obrero, entonces, se centra en una cultura espiritual que aprecia el liderazgo sin deificarlo.

Puesto en otras palabras, el obrero moderno, al igual que Pablo, juega un papel visible en el nacimiento y en la vida de las iglesias que funda. Pueden encontrar esto en Robert Banks, si están buscando alguna otra anotación (Diccionario de Pablo y sus cartas, Downers Grove: IVP, 1993, pg. 136.)

Diré como “post data” que yo nunca he sugerido que un grupo de cristianos espere pasivamente por un obrero que aparezca por arte de magia antes de que ellos hagan algo. Si en oración ellos buscan ayuda externa, deben buscar por aquellos que activamente se dedican a plantar iglesias. Si no tienen idea dónde se encuentran esas personas, una buena forma de comenzar es preguntando a aquellos que hablan y escriben sobre el asunto.

Objeción #5: Tengo problemas en aceptar los llamados de aquellos que dicen que aquellas iglesias en las casas que no reciben ayuda externa, están cayendo. De igual forma están cayendo iglesias en las casas que están bajo el liderazgo de obreros itinerantes.

Todas las iglesias en las casas se enfrentarán a problemas y experimentarán fallos. No tiene nada que ver si están o no ayudadas por un trabajador itinerante.

Consideremos que virtualmente todas las iglesias plantadas por Pablo tuvieron problemas. Digo “virtualmente” porque nunca se nos dijo de problemas en Berea, Troas y Cencrea. Pero dada la volátil naturaleza de la vida de la iglesia, podemos asumir con seguridad que tuvieron su parte de problemas.

En consecuencia, no creo que la presencia de un trabajador itinerante prevendrá a la iglesia a tener problemas y fallos. La diferencia, creo, está en cómo son enfrentados y solucionados cuando éstos llegan.

Una iglesia en la casa que no tiene un recurso exterior, se encuentra sola para enfrentar la crisis. La auto corrección no puede ir muy lejos, principalmente porque virtualmente en cada caso aquellos que se encuentran en el grupo, de alguna manera, son parte del problema.

Cuando existe la ayuda de afuera, la iglesia posee un recurso externo que, por un lado, conoce bien a la iglesia, pero por el otro, no es parte del problema. Estas dos condiciones, unidas con la experiencia espiritual y práctica, hace del obrero un beneficio invaluable a la iglesia que está atravesando dificultades.

A mi modo de ver, también existe una diferencia en textura entre la iglesia en la casa que no acepta la ayuda externa y aquellas que lo hacen. Un obrero verdadero equipará a los santos a experimentar a Cristo y a expresarle en la reunión. Instruirá a la iglesia en cómo edificarse unos a otros. Les dará poder para manejarse con las multifacéticas dificultades que se presentan en el escenario de una iglesia en la casa. Y les enriquecerá a relacionarse los unos con los otros en una manera coordinada.

¿Cómo puede él hacer esto? Por dos razones: 1) porque él ya ha tenido una rica experiencia en la vida el Cuerpo, antes de haber sido enviado a plantar iglesias y 2) porque él está capacitado por Dios para este tipo de trabajo.

Muchos años de vagar por el desierto pueden ser eliminados si existe una persona experimentada en el exterior que pueda dar guía, aliento y dirección a la iglesia. Tal guía ha de ser siempre dada con el punto de vista de equipar a la iglesia de tal manera que ella misma, eventualmente, se pueda levantar por sí sola. Los grupos cristianos que ignoran y rechazan aquellos que tiene este ministerio lo único que hacen es sufrir su propia pérdida.

Si las personas que se reúnen como iglesia en casa son humildes y permiten ser enseñados lo suficiente como para aprender de aquellos que son llamados especialmente por Dios a plantar y nutrir iglesias desde el exterior, estos se beneficiarán enormemente.

Concedo que los obreros itinerantes no son una panacea. Pero por otro lado son un recurso que ninguna iglesia puede dejar de lado.

La presencia de un obrero no garantiza que una iglesia en la casa jamás tendrá una división. Ni tampoco puede asegurar un sobrevivir eterno. Pero si el obrero es llamado y equipado genuinamente por Dios, la iglesia asegurará el valor eterno mientras viva. Puesto que cualquier edificación que el obrero lleve a cabo será hecha para, con, por y por medio de Jesucristo. Y lo que es más, si la iglesia tiene que tener un fin, el obrero ayudará al grupo a disolverse sin lastimarse y con el menor daño posible.

A propósito, yo no creo que el sobrevivir de una iglesia es siempre un hecho positivo. En la mayor parte lo es. Pero hablando francamente, la vasta mayoría de las iglesias en las casas que caen y arden, lo hacen por las deficiencias humanas. Así pues, echarle la culpa a Dios por disolver las iglesias es una benigna manera de no hacernos cargo de nuestros propios fallos. Por tanto, si un obrero ha plantado y bien ha regado, la iglesia que brotará de sus manos durará bastante tiempo.

Aquellos que plantan iglesias son una parte necesaria del Cuerpo de Cristo y ningún miembro puede ser atrapado diciendo “no tengo necesidad de ti.”

Corintios 12:20-21
20 Pero ahora son muchos los miembros, aunque el cuerpo es uno solo.
21 Ni el ojo puede decir a la mano: «No te necesito», ni tampoco la cabeza a los pies: «No tengo necesidad de vosotros».

Objeción #6: Si una iglesia quiere tener ayuda externa, esta puede obtenerse en las listas de discusión, o dejando que nos visiten miembros de otras iglesias. ¿Por qué hay que centrarse en el trabajador externo y viajero cuando, por medio de diferentes orígenes, nos podemos abastecer de gran cantidad de ayuda?

Esta objeción está basada en una lógica falsa. La tema de obtener una ayuda externa de un obrero contra otras iglesias, no es una opción de uno u otro. El decir esto confunde el asunto produciendo y generando campos de batalla.

En efecto, la ayuda externa no está relegada al ministerio de un trabajador itinerante. Las iglesias pueden y deberían recibir ayuda y aliento de otras iglesias y de personas con dones dentro de esas iglesias. Esto era práctica común en la iglesia del siglo primero.

En una crítica ocasión, la iglesia de Antioquia, Siria, ayudó a la iglesia de Jerusalén.

echos 11:29
29 Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar un socorro a los hermanos que habitaban en Judea.

De igual manera la iglesia en Jerusalén algunas veces enviaba algunos de sus profetas y maestros a Antioquia para ayudar a fortalecer e instruir a la iglesia de allí.

echos 11:27
27 En aquellos días, unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía.

echos 15:22
22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir a algunos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas, que tenía por sobrenombre Barsabás, a Silas, hombres principales entre los hermanos,

Pero tales interrelaciones entre las iglesias nunca remplazaron a las relaciones únicas de los apóstoles con Jerusalén. Ni remplazaron a Pablo y Bernabé en su relación única con Antioquia.

En tanto que la circulación entre las iglesias locales es importante, nunca puede sustituir esa paternal relación que existe entre un trabajador y la iglesia que estableció. La relación que Pablo de Tarso tenía con las iglesias que plantaba en un caso puntual. No podía ser desplazado.

A mi parecer, nada – especialmente el estático medio de la lista de discusión computarizada – puede remplazar el tiempo personalizado que un obrero comparte con un grupo de cristianos. No existe un substituto para la dinámica espiritual que ocurre cuando un obrero ministra a Cristo cara a cara con un grupo de creyentes, mostrándoles cómo experimentar a Cristo de una manera práctica y luego dándoles una ayuda concreta para expresarle a Él corporativamente.

ecuerden, Dios ha colocado soberanamente a esas gentes en el Cuerpo de Cristo.
1 Corintios 12:28
28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, los terceros maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
Efesios 4:11-16
11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
14 Así ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error;
15 sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Si no nos beneficiamos nosotros mismos de sus ministerios, sufriremos pérdida.

Sería lo último sugerir que los obreros pueden ser remplazados por listas de discusión y relaciones entre iglesias, pues esto está en desarmonía con el espíritu y la práctica del cristianismo del Nuevo Testamento. De igual manera revela una falta de entendimiento acerca de lo que el obrero hace cuando trabaja con una iglesia.

Cerrando el círculo alrededor de la pregunta: ¿Se beneficiaría la iglesia en la casa por medio de los obreros itinerantes o se beneficiaría por otros medios? La contestación es que no tenemos por qué aterrizar en uno de esos dos desesperanzados y polarizados campos. ¿Por qué no nos beneficiamos de todos aquellos recursos: listas de discusión, interconexión entre iglesias, conferencias, maestros viajeros y obreros itinerantes?
En verdad no es una contestación de uno u otro.

COMENTARIOS FINALES

Si nosotros, los que nos reunimos en las casas, somos honestos con nosotros mismos, estaremos dispuestos a admitir que necesitamos toda la ayuda que podamos obtener. Hay pocas cosas que consumen tanto tiempo y energía como participar en una iglesia en casa. Es mucho más fácil calentar un lugar en la iglesia institucionalizada que estar plagado de tantas inconveniencias como el reunirse en una casa sin clérigos. Las personas generalmente tienen que haber llegado al tope de la insatisfacción antes de dar este atrevido salto.

Pero si estás buscando calidad, hay otra barrera mucho más difícil de franquear. No es algo simple el ser parte de una iglesia en la casa que manifiesta a Jesucristo en Su plenitud. Una iglesia en la casa donde los miembros están continuamente experimentando a Cristo. Una iglesia en la casa donde las reuniones están siempre centradas en Cristo y no en cosas menores. Una iglesia en la casa donde los de mayor conocimiento no dominan la asamblea y donde los de menor conocimiento son fortalecidos para ministrar.

Tanto si una iglesia es beneficiada o no por un obrero, estas cosas toman gran cantidad de tiempo y gran cantidad de preparación. Yo creo que si una iglesia en la casa tiene la ayuda de un viajero itinerante, estas características pueden ser puestas en práctica más efectivamente.

No quiero empezar a quejarme ahora, pero sí puedo admitir que, si la iglesia en la casa, donde he estado reuniéndome por los últimos ocho años, hubiera tenido el beneficio de un obrero externo, hoy día estaríamos años luz adelante de donde nos encontramos. Y hemos hecho muchos más adelantos espirituales que la mayoría de las iglesias en las casas que he visitado.

Como es el caso de gran parte de las iglesias, nos enfrentamos a tragedias específicas que dispersaron nuestros miembros y eventualmente nos desinflaron. Si hubiéramos tenido el beneficio de un obrero externo, nos hubiéramos evitado unas cuantas vueltas por el desierto.

En otras palabras, mi experiencia es que la ayuda de un obrero itinerante es una enorme ventaja para la total operación de la iglesia en la casa.

Críticos, pueden desarmar estas cándidas observaciones como si fueran una seguridad en el trabajo de los modernos apóstoles. Pero son los hechos al desnudo. Y a la luz de mi entendimiento, representan una urgente necesidad que existe entre la mayor parte de las iglesias en las casas en el día de hoy.

Que el Señor abra nuestros ojos para que podamos ver la necesidad de cada miembro que Él ha puesto en el Cuerpo de Cristo, incluyendo a aquellos que Él ha enviando para trazar las fundaciones de la ekklesia.

Contestaciones a objeciones más frecuentes
Por Frank Viola
Traducción de Eloy García Calleja

Deja un comentario