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¿Porque somos cartas?

Unos de los medios de comunicación más antiguos es la carta. Su historia se remonta a los tiempos del Antiguo Testamento. Los reyes les mandaban cartas a sus súbditos. Las personas se comunicaban entre sí por las cartas etc. Este es uno de los medios de comunicación más efectivos y aunque aparecen otros mas avanzados se siguen utilizando. No es de extrañarnos que también Cristo utilizara este medio para comunicar el evangelio. Él mandó a una serie de cartas a predicar su mensaje. Esas cartas no eran de papel sino de carne. Esas cartas somos tu y yo.

Al afirmar que nosotros somos cartas debemos demostrarlo. El hecho de que somos cartas se puede demostrar con los siguientes puntos:

Somos cartas porque estamos escritos. La tinta con que se escribió en el corazón del cristiano no es la tinta que contienen los lapiceros. La tinta de los lapiceros con el tiempo se borra. Además, esa tinta es una tinta material. Esa tinta con que fue escrito el corazón del Cristiano es una tinta espiritual. El Espíritu Santo Es la tinta que Dios usa para escribir en los corazones. El material en el que se escribió el mensaje de Dios no es el papel. Dios escribió en un lugar donde no se puede ver naturalmente. Dios escribió en el corazón del hombre. Se podría pesar que entonces no se vera el mensaje de Dios. Esto no es así. El mensaje de Dios sale expresado en acciones. Jesús afirmo reiteradas veces que del corazón del hombre salen los malos pensamientos. La Biblia dice: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”. Aquí vemos que el corazón tanto puede estar escrito con cosas buenas como con cosas malas.

Somos cartas porque estamos sellados. Cuando se va al correo a enviar una carta, la carta tiene que ser sellada. Dependiendo del lugar a donde valla destinada la carta se tendrá que pagar un precio por la misma. Ese sello es el comprobante de que se pago su costo de envío. Así Cristo antes de enviar sus cartas tuvo que paga un precio por ellas. Somos comprados “a precio de sangre”. Cristo es quien más caro a tenido que pagar por enviar sus cartas. El pago un precio de sangre. Pago con su vida el precio de sus cartas. Paradójicamente el pago un alto precio pero sus cartas también van a ir muy lejos. El sello de las cartas de Cristo es el Espíritu Santo. Dice la Palabra de Dios en Efesios 4:30: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Leemos en Hechos 1:4 “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del padre…” y en Hecho 1:5 “…Mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”. Para que el ministerio de los apóstoles fuera realizado ellos necesitaban del Espíritu Santo y antes de salir necesitaban ser sellados.

Somos cartas porque estamos enviados. Una vez las cartas son escritas, entonces se sellan y después se envían. A los apóstoles se les envió a predicar el evangelio en “Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo ultimo de la tierra”. Hay que notar que los 12 apóstoles, representaban en ese momento lo que iba a ser toda la iglesia de Cristo. La orden no se le dio a tres ni a dos sino a los 12. Entonces de hay deducimos que toda la iglesia es llamada a predicar. El ser cristiano no se acepta bajo condiciones. A nadie se le entrega un formulario preguntando que desea hacer en la obra. El paquete se recibe completo al 100 0/0. Dios no quiere cristianos sentados en bancos. Él quiere una iglesia activa. Seria inútil escribir y sellar una carta si no se fuera a enviar. Después que se paga el precio del sello seria un desperdicio no enviar la carta.

Somos cartas porque somos leídos. Ya analizamos que las cartas son enviadas. Cuando una carta se envía el destinatario la abre y la lee. Las cartas que Dios envió, están diseñadas de forma tal que no hay ni que abrirla. Fuera como solo un papel gigantesco con grandes letras que flota ante los ojos de todo el mundo. Las personas ven lo que Dios escribió en cada acción del Cristiano. Todos nuestros vecinos nos leen. Ven lo que Cristo ha escrito en nuestros corazones por nuestras acciones. Así entonces podemos dar el mensaje que Cristo le envió al mundo o un mensaje todo magullado y deformado.

Ya se han expuesto con toda claridad los puntos que demuestran que somos cartas de Cristo. Ya no nos podemos excusar con que hacemos las cosas por desconocimiento. Ahora solo nos falta analizar nuestras vidas. Ver si damos el mensaje que Cristo puso en nuestros corazones, o un falso mensaje todo cambiado y deformado. Dios dice en su palabra “Hay de aquel que le ponga una tilde a mi palabra”. Si eso es por una tilde, que seria por un cambio total.

Rafael E. Pérez Féliz.

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