La Vida Fuera de los Templos – La Web Cristiana de Apologetica

unto a analizar es si estás en deuda, de alguna forma, con la gente de esa congregación de la cual has salido, con sus líderes, con su pastor o con quien sea que se congregue allí.Si has pedido préstamos a la mutual de la iglesia y no lo has cancelado. Si le has pedido dinero u otro elemento prestado a hermanos y no los has devuelto, si tienes alguna clase de deuda material o moral con al menos uno de ellos, puedes ser encontrado culpable.Pero si te has ido sin deberle nada a nadie, sin defraudar ni engañar a nadie, frontalmente pero sin armar ninguna clase de escándalo, nadie va a poderte acusar de ser un deudor moral. Por tanto, no podrás admitir ningún sentimiento de culpa y vas a sacártelo de tu mente reprendiendo a todos los demonios que insistan en hacer lo contrario.Si no le has faltado el respeto al pastor, ni a su esposa, ni a sus hijos, ni a los líderes ministeriales con todas sus familias incluidas, ni a cada uno de los hermanos miembros, ni has causado problemas en sus casas o en sus familias o matrimonios, eres libre de culpa y cargo. Transgredir leyes que Dios nunca te obligó a cumplir: Esta es la base de una de las más frecuentes causas de supuestas trasgresiones o disciplinas. Porque usas pantalones y eres mujer, porque te pintas, porque predicas un evangelio bíblico en lugar del que manda predicar esa denominación. Todas esas, son culpabilidades por transgresiones.Pero sucede que ninguna de esas leyes que llevan a transgredir, han sido ordenadas por Dios. Todas ellas tienen origen en los hombres mismos, que con sus manías de ordenarlo y esquematizarlo todo, elaboran pautas, reglamentos, disposiciones y decretos que luego ni ellos mismos cumplen.Si has sido trasgresor a alguna de estas formas de leyes, quédate tranquilo. Seguirás en estado de culpabilidad para esa iglesia, pero eres libre e inocente delante de Dios. Y quien da o no da eternidad, no es el pastor; es Dios. Por tanto, no puedes ni siquiera permitirte experimentar un segundo de culpa por esta causa o similares.Culpa sagrada: Esto, que no parecería tener una traducción al español básico coherente, es sin embargo, el epicentro de una de las culpas más frecuentes dentro del ambiente nominal o pseudo cristiano.Las culpas sagradas se endilgan a personas que, a juicio de otras personas a las que nadie ha designado como jueces ni censores, pero que por alguna razón desconocida o conocida, se arrogan esa función a sí mismos, han trasgredido leyes que tienen que ver con cosas muy complicadas de demostrar.Por ejemplo, conozco casos en los que se ha acusado y hasta llegado a disciplinar a alguien, en una congregación, sencillamente porque el pastor desde el púlpito, y un par de hermanos más como respaldo, lo han acusado de crear “mal clima espiritual” en las reuniones o cultos.Conozco algo de guerra espiritual y otro poco de demonología, lo cual no me convierte en experto ni mucho menos, pero es suficiente para confirmar que, efectivamente, la transmisión espiritual, tanto buena como mala, es posible. Pero eso no justifica una caza de brujas y, mucho menos, la degradación de alguien que no cae simpático a la jefatura eclesiástica váyase a saber por que razones que, seguramente, de espirituales no tienen nada.Por lo tanto, si tú eres un creyente (A mí me podrías engañar, a los hermanos de la iglesia también, pero a Dios no, y por ello te lo reconvengo delante del Señor) que no tiene perturbaciones, opresiones, tormentos ni posesiones satánicas, puedes irte con tranquilidad de tu congregación, si eso es lo que quieres hacer, y nadie te culpará de nada. Y si lo hacen, allá ellos. Dios sabe.Recuerdo que una noche, en una congregación a la que había sido invitado a predicar, ni bien comencé a hablar, se manifestó una joven de no más de veinte años de edad. Cayó al suelo dando brincos y retorciéndose como si fuera una serpiente mientras emitía sonidos guturales con una voz estremecedoramente masculina.De inicio yo no suspendí el mensaje. No estaba dispuesto a permitir que el diablo y sus demonios le robaran la bendición de la palabra a los presentes. Sin embargo, al no moverse nadie para hacer algo, a los pocos minutos comenzaron a manifestarse otras personas en distintos lugares del templo.Alí sí, suspendí mi monólogo y, dirigiéndome a la primera endemoniada, en altavoz pero sin gritos destemplados, le ordené en el nombre de Jesucristo al demonio que se sujetara a su señorío. Inmediatamente ella se tranquilizó y quedó como adormilada. ¡Y todos los demás hicieron lo mismo!Eso no fue una liberación ni mucho menos, pero sí el ejercer la autoridad que todos los creyentes tenemos, que nos enseña que cuando un hijo de Dios está en un lugar, los demonios no pueden manifestarse si se les ordena sujetarse a Cristo.Esto es todo. No es necesario que prolonguemos más el capítulo. No es bueno escribir por escribir. Me extiendo cuando lo necesito para que aportando la máxima claridad, tú puedas entenderme debidamente y no corras el riesgo de leer mal, entender mal y, por consecuencia, yo tampoco corra el riesgo de que tú me ataques con virulencia por cuestionarme algo que no dije como creías que lo dije.Borrando Nuestra ProgramaciónCreo que la conclusión, como decimos por esta región del planeta, “se cae de madura”, en alusión a las frutas que no pueden ser arrancadas verdes de su árbol, pero que cuando maduran y es su tiempo, se caen solas.Así salta a la vista esta conclusión. Que ni siquiera tendrá nuevos o más profundos análisis porque son sencillamente innecesarios. Si estás en oración respecto a tu iglesia, y un día el Señor te muestra con total claridad que debes irte de allí, puedes hacerlo con tranquilidad. No eres culpable de nada.¡Pero hermano! ¿Y el congregarse? No me gusta repetir las cosas. Deja que a eso lo haga inconscientemente cuando cumpla muchos años más y esté realmente viejo. Por ahora, que apenas estoy antiguo, con una vez es suficiente. Y sobre congregarse o no congregarse, ya hablé lo que debía hablar en mi segundo libro: “Ya Salí de Babilonia; ¿Y ahora?” Busca el capítulo décimo.La culpa o el sentimiento de culpa que suele invadir a quienes abandonan una congregación en la cual quizás han estado por muchos años, no tiene nada que ver con cuestiones espirituales. Tiene que ver con cuestiones de manipulación de emociones. Entiéndelo: tú no sientes eso; alguien te lo ha hecho sentir, que no es lo mismo.Porque con los años, y sin darnos cuenta en absoluto, hemos sido prácticamente “programados” desde los púlpitos. Se nos han arrojado mandatos similares a los que cuando niños, nos arrojaron nuestros padres. Y no se necesita ser licenciado en nada para darte cuenta que esos mandatos, cuando eres adulto, es más lo que te molestan que lo que te ayudan. Esto es igual.Se te ha programado en tu mente tal compromiso con la organización eclesiástica a la que perteneces “oficialmente”, que si un día tienes que salir porque Dios así te lo ordena, te agarra violentamente la culpa por lo que, crees por tu programación, es una “traición” a tus hermanos.No creo que deba explayarme mucho más para que te quede bien claro que esa culpa no existe en modo alguno. Que no hay un punto en el que la Biblia deje traslucir algo así. Que todo se limita a manipulaciones emocionales de hombres muy duchos en ello y, obviamente, en la eficiente colaboración del Gran Acusador de los Hermanos. No lo menciono para no promocionarlo, tú sabes quien es…Si has salido de tu asfixiante y corrupta Babilonia personal, deja ya de darle de comer a ese sentimiento. Repréndelo en el nombre de Jesús (Llámalo “espíritu de culpa”, él sabrá que le estás hablando a él) y sácalo a puntapiés (Para mis paisanos argentinos, “a patadas”) de tu mente.Y luego sí, prepárate para disfrutar del mayor tesoro que un cristiano, creyente genuino en Jesucristo, puede encontrar fuera de los templos: la libertad. Esa incomparable sensación que de ninguna manera te otorga permiso para vivir como se te da la gana, sino que solamente te permite depender del único que debes depender.Y no estoy hablando de una libertad que tenga que ver con el Señor y sus santas disposiciones. Estoy hablando de esa opresión que por muchos años has experimentado cada vez que debías hacer o no hacer algo en contra de tu sentir o tu voluntad simplemente porque alguien con poder te lo ordenaba.Porque aunque no lo puedas entender si todavía estás dentro, lo primero, estrictamente lo primero que experimentas en el minuto siguiente de haber salido de Babilonia, es libertad. Una total, auténtica, serena, cálida y finalmente gozosa libertad. ¿Puede ser? No lo sé. Sígueme y saca tus propias conclusiones… 2 Libertad…Libertad…¡Libertad!   Un mes y algunos días después de lo que fuera nuestro último culto eclesiástico en la que por entonces era la congregación a la cual asistíamos desde hacía quince años, me encontré en la calle con un hermano con el que tenía muy buena relación.No lo había visto antes, de hecho, ni tampoco me había llamado por teléfono o buscado otra forma de comunicación para saber como estaba. Yo tenía bien claro que él no tenía ninguna gana de dialogar conmigo porque eso, quizás, podría traerle problemas en la iglesia.Pero allí estábamos. La calle es la calle y, cuando caminas por una vereda y giras en una esquina, puedes darte de cara con cualquier desconocido o conocido. Así suelen ambientar sus dibujos los humoristas cuando pintan la escena del ladrón de antifaz que espera agazapado a la vuelta de una esquina oscura.Pero esta vez no había ladrón, deslumbrante señorita, ni vendedor de pororó. Casi nos dimos de narices con el hermano en cuestión y, superado un instante de sorpresa y confusión, (Por su parte, a mí no me afectó para nada, gracias a Dios) nos saludamos como si nos hubiéramos visto ayer.¿Cómo estás? Me preguntó sin mucha convicción. No sé que respuesta esperaba, si es que esperaba alguna. Lo más lógico, quizás, hubiera sido que yo bajara mi rostro y le confesara que me sentía horrible y que necesitaba que alguien fuera a pedirle al pastor que nos recibiera de retorno.Pero en la vida cristiana, la lógica no siempre es el común denominador, ya que la lógica emana de nuestra mente, nuestra mente está comandada por nuestra alma y, para tener una vida de fe victoriosa, todos sabemos que no podemos vivir por nuestras almas o cuerpos, sino por nuestro espíritu.Así que no le di la respuesta que inconscientemente, quizás mi hermano esperaba oír. En realidad, no supe que cosa iba a responderle hasta el momento mismo en que me lo preguntó. ¿Cómo estaba yo? ¿Cómo estaba toda mi familia, a un mes de no asistir al templo?¡Muy bien!, le dije con convicción y sin exagerar ni enfatizar la expresión. Y añadí antes siquiera de pensarlo: “¡Gozando de nuestra libertad!”. Su expresión me hizo pensar que no me creía o bien suponía que estaba alardeando o que me había vuelto decididamente loco.¿Libertad? ¿Cómo se te Ocurre?“Ah, sí..?”, fue lo único que pudo decir el pobre hombre. Y luego, tanto como para no cortar la conversación, me tiró: “¿Libertad? ¿Qué clase de libertad?” – Yo pensé que esa era una muy buena pregunta, ya que no sólo me obligaba a analizar lo que yo mismo había dicho sin pensarlo y comprobar, si por alguna casualidad, no me había confundido de terminología.¿Sabes?, le respondí. El domingo pasado, fui con mi esposa a ver a algunos de nuestros familiares. ¡No sé cuanto tiempo hace que no cenábamos un domingo con ellos! Fue muy especial. Y este último domingo, puede asistir con mi hijo menor al juego de fútbol de su equipo favorito. ¿Me creerás si te digo que es la primera salida no eclesiástica, juntos, que hago con él?No me entendió. Se lo noté en el rostro, en la mirada, en el gesto casi imperceptible de estar pensando: ¡Qué mundano! ¡Y eso que no le llegué a hablar de la tarde que pasamos en el parque, tomando sol y compartiendo los clásicos mates argentinos con mi esposa! ¡Ni la otra tarde que disfrutamos recorriendo una gran galería comercial de mi ciudad que ni siquiera conocíamos!Creo que si le hubiera dicho también estas cosas, sencillamente me hubiera mirado como se mira a una cucaracha incrédula, atea, impía y pecadora y me hubiera metido en el bolsillo de la camisa un tratadito de esos que les damos a los inconversos para que se atrevan a visitar la iglesia a ver si allí, con un poco de suerte y viento a favor, se convierten.Allí fue, en ese sencillo y casual encuentro callejero, donde por primera vez tomé conciencia del significado real, específico, concreto y cristiano de la palabra Libertad. Y me dije para mi mismo: ¡Sí Señor, te entiendo!; este es el punto de partida para poder llegar al conocimiento de la Verdad. ¿Cómo no lo vi antes?Es un asunto muy largo entender el por qué no pude verlo antes. Y me prometí que, si algún día escribía algo al respecto, ese asunto de la libertad iba a tener un espacio adecuado. Sobre todo, para que muchos que todavía están convencidos que, entre los creyentes, libertad es sinónimo de rebeldía o libertinaje.El Valor de Esa IntimidadEse momento ha llegado. No recibí dirección del Señor para escribir nada de ese tema en el primer libro. Tampoco cuando encaré la elaboración del segundo. Pero lo tuve muy claro, tremendamente claro en certeza y dirección cuando mi Padre encendió la luz verde para este.Así que este capítulo estará dedicado a La Libertad, pero no como algo filosófico, aunque lo incluya, ni tampoco como una sensación humana, aunque la incluya, o de algo teológico, aunque lo incluya. Quiero hablar de la única libertad posible en el creyente: la que otorga el conocimiento de la verdad.Porque la Palabra dice, (Y aquí no es necesario poner versículo y capítulo porque todo el planeta cristiano sabe de lo que hablo), que lo único que realmente puede hacerte libre, es el conocimientode la Verdad. ¡Pobre gente la que creyó que conocimiento significaba seminarios, institutos, materias y profesores! Se hizo esclava de su intelecto.Y pobre gente, también, la que tomó con demasiada ligereza el versículo y dio por descontado que esa libertad se conseguía solamente con la Verdad. Porque no es eso lo que dice, sino que el conocimiento de la Verdad es el que te libera.Y conocer, tú ya lo sabes, bíblicamente, es sinónimo de intimidad. Y la Verdad, no es una doctrina singular, aunque la incluya, ni una forma de fe, aunque la incluya. Cristo dijo que ÉL era el Camino, la Verdad y la Vida. ¿Lo estás entendiendo?Por tanto, lo único que te hace libre, es tu intimidad con Cristo. Simplemente cuando sabes, que sabes, que sabes. Y que eso que sabes no se lo puedes explicar a nadie que no lo sepa, porque no sólo no va a entenderte, sino que además no va a creerte y, peor, va a enojarse mucho contigo.Pero, atención: eso no te hace mejor que nadie; eso no te hace un ser especial, fuera de serie o privilegiado. Muy por el contrario, el conocimiento de la Verdad, te otorga un grado de responsabilidad muy superior a la que pueden tener aquellos que aún no accedieron allí.Pero, a cambio, tienes a tu favor que ese conocimiento te brinda una certeza tal que le pierdes el miedo a cualquier hombre de las organizaciones religiosas existentes, sea cual fuere su cargo, su posición o su influencia. Y si aún estás en una de ellas, sabes que no es poca cosa, eso.Entonces, para la gente, pasas a ser muy valiente. Pero en realidad no es tanta tu valentía, sino que tu seguridad obra en ti un reaseguro que te permite andar y ser protagonista por caminos directos y concretos, mientras que la mayoría desanda rutas intrincadas entre lo quimérico y lo utópico.Y te podría decir que con esto alcanza y sobra. Que tener esa garantía en tu interior ya es un elemento vital para sentirte absolutamente libre y que no necesitas más. Que de allí en más sólo harás la voluntad de tu Padre celestial, coincida o no con la de los líderes evangélicos.Eso mismo, para una enorme franja socio-religiosa ambiente, es rebeldía; para otra no menos importante, irresponsabilidad; para otra algo menor, valentía e inconsciencia, y para una muy pequeña, demasiado pequeña, identificación, a partir de lo que el Espíritu Santo les dice a ellos mismos la misma cosa que te está diciendo a ti. Son los otros libres.¿Para que seguir, entonces? Si con lo dicho, el concepto más claro de la clase de libertad de la que te estoy hablando, ha quedado plasmado. Sin embargo continuaré con otros análisis, porque siempre habrá UNO que necesita ESO para poder aceptar, creer y cambiar. Y yo no olvido que, por UN alma, hay fiesta de ángeles en los cielos.Visión Desde la FilosofíaEn principio, vamos a leer consideraciones respecto a la libertad realizadas por Hannah Arendt, una filósofa que es autora de libros considerados “imprescindibles”, como lo es “Los Orígenes del Totalitarismo”.Este es un trabajo que quienes poseemos habla hispana podemos aprovechar merced a la traducción de Mara Kolesas, mientras que la revisión general del artículo ha sido responsabilidad de Claudia Hilb. Se titula ¿Que es la Libertad” y dice lo que sigue.“Las fuertes tendencias antipolíticas de la temprana cristiandad son tan familiares que la idea de que un pensador cristiano haya sido el primero en formular las implicaciones políticas de la antigua noción política de la libertad, nos parece casi paradójica.La única explicación que viene a la mente, es que Agustín era romano tanto como cristiano, y que en esta parte de su trabajo formuló la experiencia política central de la Antigüedad romana, que era que, la libertad como comienzo deviene manifiesta en el acto de fundación.Pero estoy convencida de que esta impresión se modificaría considerablemente si lo dicho por Jesús de Nazareth fuera tomado más seriamente en sus implicaciones filosóficas. Encontramos en estas partes del Nuevo Testamento una extraordinaria comprensión de la libertad, y particularmente del poder inherente a la libertad humana; pero la capacidad humana que corresponde a este poder, que —en palabras del Evangelio— es capaz de remover montañas, no es la voluntad sino la fe.Obvio: no podemos pretender que una filósofa encuentre el verdadero significado que Jesús le otorga a la libertad y el tipo de libertad del cual Él habla. Sin embargo, por tratarse de alguien que escribe en base a ciertos principios y reglas, su conclusión no es descabelladaAlterando el Orden Natural El ejercicio de la fe, en realidad su producto, es lo que el Evangelio llama “milagros”, una palabra con diversos significados en el Nuevo Testamento, y por lo tanto difícil de comprender. Podemos soslayar aquí las dificultades y referimos únicamente a aquellos pasajes donde los milagros son claramente, no eventos sobrenaturales, sino sólo lo que todos los milagros, aquellos protagonizados ya sea por hombres o por agentes divinos, deben ser siempre interrupciones de alguna serie natural de eventos, o de algún proceso automático, en cuyo contexto se constituyen como lo totalmente inesperado.No hay duda de que la vida humana, situada en la Tierra, está rodeada de procesos automáticos —por los procesos naturales de la Tierra, que a su vez, están rodeados de procesos cósmicos, y hasta nosotros mismos somos conducidos por fuerzas similares en tanto somos también parte de la naturaleza orgánica.Esto también es bastante inteligente. Ella, sin conocer su contenido espiritual, ha llegado a una conclusión que muchos teólogos ya han comentado: si el milagro es una alteración del orden natural de las cosas, es más que lógico que Dios es un ser “sobrenatural” y, para Él, un milagro será un hecho cotidiano y “normal” dentro de su esencia.Más aún, nuestra vida política, a pesar de ser el reino de la acción, también se ubica en el seno de procesos que llamamos históricos y que tienden a convertirse en procesos tan automáticos o naturales como los procesos cósmicos, a pesar de haber sido iniciados por los hombresLa verdad es que el automatismo es inherente a todos los procesos, más allá de su origen; ésta es la razón por la cual ningún acto singular, ningún evento singular, puede en algún momento y de una vez para siempre, liberar y salvar al hombre, o a una nación, o a la humanidad.Está en la naturaleza de los procesos automáticos a los que está sujeto el hombre, pero en y contra los cuales puede afirmarse a través de la acción, el que estos procesos sólo pueden significar la ruina para la vida humana. Una vez que los procesos producidos por el hombre, los procesos históricos, se han tornado automáticos, se vuelven no menos fatales que el proceso de la vida natural que conduce a nuestro organismo y que, en sus propios términos, esto es, biológicamente, va del ser al no- ser, desde el nacimiento a la muerte.Lo que esta filósofa determina como “automatismo”, es en realidad una suma de hechos de los cuales el hombre termina siendo responsable a partir de sus propias conductas. Esto no aporta demasiado a nuestro tema, pero lo he dejado por respeto al texto total del artículo tomado.Respecto al Don Supremo Las ciencias históricas conocen muy bien esos casos de civilizaciones petrificadas y desesperanzadamente en declinación, donde la perdición parece predestinada como una necesidad biológica; y puesto que tales procesos históricos de estancamiento pueden perdurar y arrastrarse por siglos, éstos llegan incluso a ocupar lejos el espacio más amplio en la historia documentada; los períodos de libertad han sido siempre relativamente cortos en la historia de la humanidad.Lo que usualmente permanece intacto en las épocas de petrificación y ruina predestinada es la facultad de la libertad en sí misma, la pura capacidad de comenzar, que anima a inspira todas las actividades humanas y constituye la fuente oculta de la producción de todas las cosas grandes y bellas.Pero mientras este origen, permanece oculto, la libertad no es una realidad terrenalmente tangible, esto es, no es política. Es porque el origen de la libertad permanece presente aun cuando la vida política se ha petrificado y la acción política se ha hecho impotente para interrumpir estos procesos automáticos, que la libertad puede ser tan fácilmente confundida con un fenómeno esencialmente no político; en dichas circunstancias, la libertad no es experimentada como un modo de ser con su propia virtud y virtuosidad, sino como un don supremo que sólo el hombre, entre todas las criaturas de la Tierra, parece haber recibido, del cual podemos encontrar rastros y señales en casi todas sus actividades, pero que, sin embargo, se desarrolla plenamente sólo cuando la acción ha creado su propio espacio mundano, donde puede por así decir, salir de su escondite y hacer su aparición.Te ruego que dejes de lado tu religiosidad lógica, si eres un cristiano que se congrega habitualmente, y tengas en cuenta que esta mujer probablemente no conoce nada de lo que tú conoces. Sin embargo, llega a una conclusión más que interesante: que la libertad, es un don supremo. Independientemente, claro está, de lo que ella pueda considerar como “supremo”. Ese es otro asunto.Cada acto, visto no desde la perspectiva de la gente sino del proceso en cuyo entramado ocurre y cuyo automatismo interrumpe, es un “milagro”, esto es, algo inesperado. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, se sigue que una capacidad para realizar milagros debe estar asimismo dentro del rango de las facultades humanas.Aquí quiero hacer otro pequeño paréntesis porque, curiosamente, esta definición tiene total coherencia con lo que ha dicho Watchman Nee en su trabajo “El Poder Oculto del Alma”, que está en nuestra Web en la ventana de “Palabra Confirmada”.Aunque a la Ciencia no le Agrade… Esto suena más extraño de lo que en realidad es. Está en la naturaleza de cada nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una “infinita improbabilidad”, pero es precisamente esto “infinitamente improbable” lo que en realidad constituye el tejido de todo lo que llamamos real. Después de todo, nuestra existencia descansa, por así decir, en una cadena de milagros, el llegar a existir de la Tierra, el desarrollo de la vida orgánica en ella, la evolución de la humanidad a partir de las especies animales.Desde el punto de vista de los procesos en el Universo y en la Naturaleza, y sus probabilidades estadísticamente abrumadoras, la aparición de la existencia de la Tierra a partir de los procesos cósmicos, la formación de la vida orgánica a partir de los procesos inorgánicos, la evolución del hombre, finalmente, a partir de los procesos de la vida orgánica, son todas “infinitas improbabilidades”, son “milagros” en el lenguaje cotidiano. Es debido a este componente milagroso presente en la realidad que los eventos, sin importar cuan anticipados estén en el miedo o la esperanza, nos impactan con un shock de sorpresa una vez que han sucedido.El impacto de un acontecimiento no es nunca completamente explicable, su facultad trasciende en principio toda anticipación. La experiencia que nos dice que los acontecimientos son milagros no es ni arbitraria ni sofisticada es, por el contrario, de lo más natural, en realidad, en la vida cotidiana, es casi un lugar común. Sin esta experiencia corriente, la parte asignada por la religión a los milagros sobrenaturales sería poco menos que incomprensible.Aquí Hannah llega a la misma conclusión que llegamos nosotros anteriormente. Ella lo hace por otros caminos, naturalmente, ya que no conoce ni le interesa conocer nuestros rudimentos. Pero lo importante es que llega a entender que un milagro es una suma de sucesos que están fuera del manejo del hombre, y con eso ya alcanza para aceptar nuestra trascendencia, algo que la ciencia no siempre ha visto con buenos ojos.He elegido el ejemplo de los procesos naturales que son interrumpidos por el advenimiento de una “infinita improbabilidad” con el propósito de ilustrar que lo que llamamos real en la experiencia ordinaria ha en general adquirido su existencia a través de coincidencias más extrañas que la ficción.Por supuesto que este ejemplo tiene sus limitaciones y no puede ser aplicado sin más al dominio de los asuntos humanos. Sería pura superstición esperar milagros, “infinitas improbabilidades”, en el contexto de procesos automáticos ya sean históricos o políticos, aunque tampoco esto puede ser nunca completamente excluido.La historia, en oposición a la naturaleza, está llena de acontecimientos; aquí el milagro del accidente y de la “infinita improbabilidad” ocurre tan frecuentemente que incluso parece completamente extraño el hecho de hablar de milagros. Pero la razón de esta frecuencia es meramente que los procesos históricos son creados y constantemente interrumpidos por la iniciativa humana, por el initium que el hombre es, en tanto es un ser que actúa. De aquí que no sea en lo más mínimo supersticioso, es más bien un precepto del realismo buscar lo imprevisible y lo impredecible, el estar preparado para el esperar “milagros” en la esfera política.Esta es una forma muy elegante de aceptar nuestras creencias y convicciones sin trasuntar participación personal. La gente con repercusión social suele hacerlo para cumplir con su propia creencia y, de paso, no quedar expuestos a lo que se considera como “ridícula” fe en un Dios invisible.Lo Ridículo de la Incredulidad Y cuanto más esté desequilibrada la balanza en favor del desastre, tanto más milagroso aparecerá el acto realizado en libertad; porque es el desastre y no su salvación, lo que siempre ocurre automáticamente y que por lo tanto siempre debe aparecer como irresistible.Objetivamente, esto es, visto desde afuera y sin tener en cuenta que el hombre es un inicio y un iniciador, la posibilidad de que el futuro sea igual al pasado es siempre abrumadora. No tan abrumadora, por cierto, pero casi, como lo era la posibilidad de que ninguna tierra surgiera nunca de los sucesos cósmicos, de que ninguna vida se desarrollara a partir de los procesos inorgánicos y de que ningún hombre emergiera a partir de la evolución de la vida animal.La diferencia decisiva entre las “infinitas improbabilidades”, sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida en la Tierra, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica es que, en el dominio de los asuntos humanos, conocemos al autor de los “milagros”. Son los hombres quienes los protagonizan, los hombres quienes por haber recibido el doble don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia.Es obvio que podrá resultarte al menos muy discutible esta óptica respecto a la libertad, pero es una posición considerada “seria” y muy tenida en cuenta por las diferentes escalas sociales de la humanidad. La he publicado, con las reservas del caso, pues tengo la intención, más adelante, que tú mismo puedas establecer las diferencias notorias de vivir EN Cristo a vivir fuera de Dios. No podemos cometer el error,  – Ten esto muy en cuenta -, que el mundo secular ha cometido desde siempre: burlarse de lo que piensan los demás o descalificarlo tozudamente. Estando bien plantados sobre nuestros pies de creyentes firmes, sólidos y maduros, podemos cumplimentar el consejo de Pablo: examinarlo todo y rescatar lo bueno.Es cierto que en este intrincado trabajo, que por su esencia filosófica quizás abusa de los sofismos y parecería no arribar a nada concreto, hay un par de puntos claros que demuestran una evidencia que ya nadie puede negar: el hombre alberga en su corazón la certeza de la existencia de alguien espiritualmente superior a él. Después, si quiere aceptarlo o no, es decisión propia de su libre albedrío.Lo que quiero significar con esto es que, en la casa de cada hombre o mujer del planeta, suena el timbre de su puerta de calle. (Ya no se golpean más con los nudillos, como pareciera entenderse en el texto bíblico) Si abres esa puerta o no, es decisión tuya.Esto por un lado. Por el otro, encontré otro trabajo secular sobre la libertad, realizado en base a preguntas clásicas, que nos dará pie a aportar en cada caso nuestra posición sustentada por el evangelio.Y lo quiero hacer para no encerrarnos dogmáticamente en nuestras creencias sin la menor apertura para – Al menos – observar lo que se mueve en nuestro derredor. Este trabajo no tiene autor conocido y expresa lo siguiente:Libertad es una palabra que nos gusta oír. Somos partidarios de la libertad. Pero al mismo tiempo algo nos hace pensar que hay matices y aspectos menos claros. Por ejemplo, la libertad de un asesino es una libertad malvada, mal empleada. Comencemos, pues, a matizar. A. ¿Quién es más libre? B. Aclarando lo que la libertad no es. C. ¿Qué es y cómo crece la libertad A. ¿QUIEN ES MÁS LIBRE?1. ¿Es más libre el que siempre sigue sus caprichos? Más bien es esclavo de sus apetencias. Así lo reconocía una joven que afirmaba: “Me gusta sacrificarme de vez en cuando, pues esto me hace sentirme libre”.Esta es, precisamente, la libertad que critica la iglesia cuando alguien la menciona como un don del Señor que no podemos despreciar. Eso demuestra que son muchos los hermanos que no entendieron su verdadero significado.2. ¿Un caballo salvaje es libre? Ningún animal es libre. Un caballo salvaje parece gozar de libertad de movimientos, pero los instintos le dirigen inevitablemente. Sólo los seres inteligentes son libres.Esta definición también está muy buena, porque hace una diferencia notoria que los hombres no siempre estamos en condiciones de hacer: la diferencia entre las libertades animales a las humanas. Y en lo único que el ser humano se muestra “animal” es cuando se deja llevar por su alma, (ánima) y no vive por su espíritu.3. ¿Es más libre quien cambia de criterios según el ambiente? Más bien es esclavo del ambiente, como una veleta no se mueve por sí misma sino al dictado del viento. Otra cosa diferente es la persona que sin faltar a sus ideales sabe manejarse con flexibilidad.Echa un vistazo a nuestros conocidos ambientes eclesiásticos. ¿La gente que se reúne en los templos, se comporta tal cual es, por sí misma, o conforme a lo que se espera de ella en esos lugares? No pienses más; ya tienes la respuesta y lo sabes. ¿Libertad?4. ¿Quién no decide es más libre? Es más indeciso. Aparenta más libertad porque tiene más opciones donde escoger al no haberse comprometido con ninguna. Pero en realidad no se es más libre por el número de opciones sino por saber descubrir y elegir las correctas.El recién nacido y el animal salvaje tienen muchas posibilidades, pero no son libres. Quien nunca decide deteriora su libertad pues en ocasiones futuras le será más difícil escoger. Por otro lado, mientras no se decida está eligiendo no actuar y su pasividad le domina.Míralo desde este ángulo: de Cero a Cuatro años, el niño depende de su madre, tanto en su comida como en el resto de su atención. Luego, si es varón, pasará a depender de su padre que deseará enseñarle como deben comportarse los hombrecitos…Más tarde, irá a las escuelas de enseñanza primaria y secundaria. Allí quienes tendrán el mando serán maestros, profesores, celadores y preceptores. Si a eso le sumas un servicio de tipo militar, deberás sumarle que allí los que mandan son los oficiales con grado y rango para ello.Esa es, a grandes rasgos, la vida de un humano en el marco de países medianamente previsibles. Si a todo esto le añades que esa persona va a una iglesia y que en ella el que manda es el pastor y sus ayudantes, ya tienes el panorama de las libertades humanas bien completo. Es curioso, pero en países donde cuesta mucho hacer funcionar los sistemas democráticos, la gente se queja del autoritarismo, despotismo y tiranía, pero yo pregunto: sobre las bases de crianza que hemos visto: ¿Quién ha sido preparado para pensar por sí mismo en auténtica libertad?5. Quien no tiene metas en su vida es más libre? El barco mercante que nunca llega a puerto es inútil, por mucho que navegue. La inteligencia que no descubre verdades es defectuosa, por mucho que piense. La libertad sin fines donde ir es una herramienta inservible. La mejor libertad es la que conduce a puertos mejoresEsto, independientemente del sentido que en este artículo se le da, es una irrebatible verdad. Te pregunto, a ti mi hermano o hermana que concurres hace años a una iglesia y eres o dices ser cristiana o cristiano, con fe y sinceridad: ¿Cuales son tus metas para los próximos cinco años? Piénsalo. Si descubres que no las tienes, más allá de no faltar a ninguna reunión ni culto, creo que estás bien débil…B. ACLARANDO LO QUE LA LIBERTAD NO ES6. ¿Puesto que soy libre puedo hacer lo que me da la gana? Bueno, pero esto no significa que dé lo mismo. No es indiferente escoger el bien o el mal. No da igual conseguir dinero mediante el trabajo o a base de robos y asesinatos. En ambos casos son decisiones libres, pero una es equivocada y malvada. Somos responsables de nuestras elecciones.Aunque te parezca mentira, puedo asegurarte que, hablar de libertad en los ambientes cristianos, trae aparejado este pensamiento, el que uno quiere vivir como se le da la gana. Y tal como se explica aquí, eso no significa transformarse en un promiscuo o un libertino. En todo caso, también hay promiscuidad y libertinaje con barniz religioso.7. ¿La libertad humana es absoluta? Es limitada. No podemos respirar bajo el agua, ni volar, etc. No somos todopoderosos, pero dentro de nuestras limitaciones podemos dirigir nuestra vida en un sentido u otro.Claro, esto es correcto. Esta es la interpretación de un hombre común, de un ser humano corriente. Pero resulta ser que un hijo de Dios es absolutamente diferente a otros. Porque, en libertad, no puede hacer por sí mismo ninguna de estas cosas, pero en Cristo es más que vencedor por que – Dice la Palabra -, todo lo puede en Él.8. ¿Libertad es capacidad de elegir? Los animales y seres privados de razón también escogen, pero no son libres. (Y no se les encarcela porque no son responsables de sus actos). La libertad requiere elegir inteligentemente.La inteligencia es un atributo que emana de una mente más o menos ejercitada o capacitada. Así y todo, es falible y, pese a esa supuesta libertad, puede equivocarse y muy feo. Cuando se depende de Dios, en cambio, y solamente se toman decisiones en plena obediencia a Él, los riesgos de error son mínimos, inexistentes.9. ¿Libertad es capacidad de elegir el mal? No. No. El ser más libre de todos es Dios y nunca escoge el mal. Elegir el mal es un error de la inteligencia o de la voluntad. Manifiesta que hay libertad pero una libertad defectuosa, capaz de equivocarse. Precisamente del mal hay que librarse.Cuidado: si a esa libertad el hombre se la toma por diversas causas humanas, tales como “yo puedo”, “a mí se me antoja”, “a mí nadie me da órdenes”, o cosa por el estilo, puede terminar eligiendo algo malo. Pero si la libertad es en Cristo, la opción siempre será la adecuada.    De modo semejante, quien hace un razonamiento equivocado muestra que piensa, pero su inteligencia es pobre. Las cosas no se definen por sus errores: la inteligencia no es la facultad de fallar razonando; un coche no es un medio de accidentarse viajando; la libertad no es la capacidad de equivocarse eligiendo. No se trata de escoger deliberadamente mal sino bien. La mejor libertad es la que siempre reconoce y elige el bien, como la mejor inteligencia es la que razona siempre bien alcanzando la verdad.Lo dicho al final de este párrafo, corrobora lo que hemos dicho anteriormente. Lo que sucede es que ese “elegir el bien”, es un razonamiento más bien religioso y demasiado abarcativo. Deja al hombre en una dudosa libertad de suponer que el bien está donde “le parece” que está. Y todos sabemos muy bien que no es así. Sólo el conocimiento de la Verdad te hará genuinamente libre.C. ¿QUÉ ES Y CÓMO CRECE LA LIBERTAD?10. La libertad requiere el uso de la inteligencia y de la voluntad. Es una capacidad propia de los seres inteligentes que eligen empleando su inteligencia y voluntad.Si estamos hablando de libertad conforme a decisiones humanas y personales, totalmente de acuerdo, así es. Si hablamos de otra clase de libertad, que provenga desde el espíritu humano, las cosas ya serán bien distintas.11. La libertad necesita de la verdad. La libertad requiere: del entendimiento (facultad que busca la verdad) y de la voluntad (facultad que busca el bien). Usando ambas el hombre puede determinar dónde está el bien verdadero y escogerlo.Anda muy cerca de esa verdad el autor de este trabajo. Pero esa cercanía no significa haber llegado. Porque una cosa es buscar una verdad, ya sea filosófica, doctrinal o dogmática, y otra muy distinta es encontrar y conocer la Verdad.   12. Definiciones de libertad. Estas tres definiciones coinciden: * Capacidad de elegir inteligentemente. * Capacidad de realizar acciones deliberadas. * Capacidad de elegir el bien previamente conocido.Podemos aceptar esto, pero condicionándolo, obviamente, a las formas en que se acceda a esas capacitaciones. Muchos creen que Dios viene a levantar para sus ministerios a los capacitados, mientras que la experiencia y la verdad nos dicen que Él mismo capacita a los que luego va a levantar.13. ¿Puede crecer la libertad? Puede aumentar en el sentido de adquirir mayor facilidad de conocer y escoger el bien. Mejorará a base de realizar buenas elecciones, pues se crea el hábito de optar por el bien.La que crece no será necesariamente la libertad, sino la persona que la posee o la desarrolla. Y crecer no significará aumentar en número, cantidad o concurrencia, sino en una palabra que resultará siempre clave en todas estas cosas: madurez.14. ¿Cómo disminuye la libertad? Disminuye con los pecados, pues los vicios dificultan elegir bien. “El que peca es esclavo del pecado”. Por ejemplo, la persona que se deja vencer por la pereza cada vez se vuelve más perezosa y le cuesta escoger bien en asuntos que supongan esfuerzo.Esto es decididamente cierto. Alguien, a quien el sistema eclesiástico pretendía imponerle formas de vida de apariencia y religiosidad, dijo alguna vez: “mira; soy una persona libre porque así es como me siento. Y no salí de la esclavitud del pecado para venir a someterme a la esclavitud de la politiquería religiosa.” Brillante.15. ¿Quiénes ayudan a ser libres? Los que difunden la verdad -“la verdad os hará libres”-, y ayudan a escoger el bien. Por ejemplo, quien invita a un amigo a drogarse le dificulta la libertad atándole a ese defecto; en cambio, quien anima a trabajar, rezar o comportarse bien facilita el buen ejercicio de la libertad.Está muy bien intencionado el concepto, pero le falta lo esencial. Durante mucho tiempo los cristianos (Independientemente de sus credos) hemos predicado y enseñado moral y buenas costumbres. ¿Es malo? No, pero insuficiente. Lo que debemos predicar es a Cristo resucitado. Y Él, en la vida de los que le acepten, hará el resto.16. ¿Dónde se da la mayor libertad? En el cielo, donde la inteligencia y voluntad alcanzan su mayor perfección, descubren con toda facilidad donde está el bien verdadero y eligen siempre con acierto.Esta es una hermosa visión del cielo, pero presenta un pequeño inconveniente: en la Biblia no hay descripción de ese cielo y de las actividades que los que vayamos allí cumpliremos, por lo que lo expuesto es solamente hipótesis, conjeturas. Bien intencionadas, pero sin respaldo bíblico.16. ¿Las leyes obstaculizan la libertad? Depende. Si fomentan el mal y estorban al bien, entonces dificultan la libertad. En cambio, las leyes correctas favorecen la libertad en dos sentidos: El problema más grave en la República Argentina, no es ni la corrupción, ni la inseguridad, ni la droga ni la delincuencia en todos los niveles. El problema mayor en mi país, (Y seguramente también podría serlo en el tuyo), es la Justicia humana. Porque esa área no maneja actos justos o injustos, sólo maneja leyes. Y luego se pone a orar o a rezar si es que cree en algo, para que esas leyes sean justas. No alcanza…La libertad propia se mueve habitualmente en roce y conflicto con otras libertades. Entonces es necesario un ordenamiento que regule las relaciones humanas. Sin esto, imperaría la ley del más fuerte aplastando la libertad de los demás. En este sentido, las leyes son imprescindibles para la libertad humana.Esta que aquí se expone, ha sido, es y sigue siendo la base de nuestros principales errores. Porque si bien es real y no puede discutirse esa falta de orden a la que aquí se alude, nadie ha sabido determinar si, fuera de Dios, alguien está capacitado para realizar ese ordenamiento.Por tanto, si no existe esa persona humana, (Y yo creo firmemente que no existe), habrá que tomar la grave y nada sencilla decisión de dejarle al Señor la puesta en marcha de ese ordenamiento. El problema es que para que ello sea activado, se necesita algo más que creer en Dios: se necesita confiar a ciegas en Él, algo que ni en los más altos niveles de la religión organizada pueden entender y mucho menos adoptar.El caso es que con estos dos trabajos, (El primero bien filosófico, el segundo secular pero con tendencia cristiana nominal), ya tienes una idea más bien remota, pero idea al fin, de lo que el mundo supone, cree o estima que es la libertad.Desde Nuestro Mundo ÍntimoAhora te invito a introducirte en nuestro mundo íntimo de cada día, La Biblia, y buscar que cosa, a partir de ella, entiende Dios como libertad. Al final de esto, veremos si la visión de Dios coincide o no con la de los hombres. Y en función de ello, si la puedes disfrutar fuera de los templos o es simplemente un espejismo que liquida a desobedientes y rebeldes.A la palabra Libertad, en la Biblia, la encontramos con el vocablo griego ELEUTHERIA, mientras que otras derivadas son: ELEÚTHEROS, para Libre, Independiente, ELEUTHERÓO, para Liberar y APELEÚTHEROS, para Liberto.En el Nuevo Testamento, ELEUTHERIA (Libertad) se encuentra en once ocasiones, de las cuales siete en trabajos de Pablo, dos en la carta de Santiago y otras dos en las epístolas de Pedro. ELEÚTHEROS, mientras, en 23 oportunidades: dieciséis en Pablo, dos en Juan, una en Mateo, una en 1 Pedro y tres en Apocalipsis.Por su parte ELEUTHERÓO, se encuentra siete veces, de las cuales cinco están en Pablo y dos en Juan, y APELEÚTHEROS solo en 1 Corintios. El uso de este tipo de vocablos se concentra, pues, en los trabajos de Pablo, especialmente en su carta a los Romanos, Corintios y Gálatas, además del evangelio de Juan, mientras que está totalmente ausente del vocabulario de los sinópticos, a excepción de un texto en Mateo.ELEUTHERIA, (Libertad) se deriva de ELEÚTHEROS (Libre, Independiente) y proviene de la raíz LEUDH, que en latín es Liber y en castellano es Libre. Su significado amplio es “perteneciente al pueblo”. Pero no se habla de un sentido restrictivo de “gente”, peyorativo desde el punto de vista psicológico, sino en contraposición con los esclavos y los extranjeros, lo que arroja un significado muy cercano a: libre desde el punto de vista político.Quiero recordarte para que entiendas bien de lo que estamos hablando, que cuando digo “política” y tú imaginas mítines, discursos, arengas, democracia, elecciones y gobiernos, en realidad de lo que estoy hablando es de lo que realmente significa esa palabra: una forma de vida.Por lo expuesto, nos encontramos con que ELEUTHERIA, significa literalmente Libertad, Independencia, en el sentido de disponer libremente sobre sí mismo, independientemente de los demás. Nunca se dijo que fuera independiente de Dios, sino de hombres. ¿Y si son hombres de Dios? Ningún hombre de Dios te quitaría la libertad. ¿O has visto que Jesús lo hiciera con alguien?Esta acepción se ha desarrollado, ante todo, en contraste con la carencia de libertad de los esclavos. De un modo análogo, el adjetivo ELEÚTHEROS significa Libre, Independiente, de condición libre, y se refiere, pues, al que es dueño de sí mismo.¡Pero hermano…! ¿No es Dios dueño de nosotros, ya que nos compró por precio de sangre? Sí, lo es. Pero tú aceptarás eso voluntariamente o jamás Él ejercerá esa propiedad. Si tú le entregas tu vida, Él la bendice, la fructifica, la multiplica y la utiliza, pero si no se la entregas, te deja en libertad y tú te las arreglas como puedas.Posteriormente, el adjetivo y el sustantivo se utilizan también para designar la actitud o el comportamiento que procede de esa libertad. Y esto tiene varias aristas que convendrá ver por separado, ya que cada uno entrega un elemento que es muy útil para encontrar lo que estamos buscando.Disponer Libremente de Ti MismoEn primer lugar, en un sentido positivo (La mayoría de las veces), como noble, que se domina a sí mismo; nobleza, sinceridad. En segundo orden, en un sentido negativo, que es menos frecuente, donde hablamos de desconsiderado, desenfadado.Fíjate que el adjetivo APELEÚTHEROS, enlaza con la acepción originaria y designa al Liberto, a alguien que no es libre por naturaleza, (Lo cual es esencial en este concepto griego). Igualmente, el verbo ELEUTHEROÚN, tiene el significado de liberar, hacer libre, y no sólo se refiere a los esclavos, sino a la liberación de toda atadura que impide la libre disposición sobre uno mismo.Aquí podríamos acotar, sin riesgo de confundir a nadie, que una cosa es la libertad de la cual estamos hablando y a la que llegamos por el conocimiento de la Verdad que es Cristo, y otra muy distinta si en su nombre somos liberados de alguna esclavitud pecaminosa o demoníaca.Ahora bien; en cuanto a los diferentes matices, ELEUTHERIA no tiene nunca, en el Nuevo Testamento, el sentido de libertad externa y política con que aparece en el griego profano: Hay que concluir o entender, entonces, que en el Nuevo Testamento no juega ya un papel importante la recuperación de la libertad política del pueblo de Israel (Jesús no fue ni es un mesías político).Esto es importante para nosotros desde el punto de vista con que solemos mirar las escrituras. El Nuevo Testamento es, a todas luces, el manual de vida contemporáneo en el cual se fundamentan los comportamientos y las conductas de los cristianos del tiempo presente.Entonces, el sentido formal de “disponer libremente de sí mismo y de la propia existencia”, se separa también totalmente en el Nuevo Pacto. El vocablo ELEUTHERIA se utiliza exclusivamente en relación con “la libertad y la gloria de los hijos de Dios”.(Romanos 8: 20)= Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; (21) porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.Entiende: todo el universo creado ha sufrido las consecuencias del pecado humano, y ha estado sujeto a contaminación, futilidad y corrupción. Sin embargo, ese proceso de deterioro es sólo temporal, porque Dios ha provisto esperanza y liberación. En el tiempo de nuestra redención final, la creación misma será purificada y compartirá nuestra gloria. Libertad de Pecado.(2 Corintios 3: 17)= Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.Cuando Moisés dejaba al pueblo solo para ir a estar en la presencia del Señor, se quitaba el velo. Hoy, bajo el Nuevo Pacto, volverse al Señor es sincerarse totalmente con el Espíritu, quien a su vez otorga libertad de llegar sin velo a la presencia de Dios en Cristo.El consejo o sugerencia apostólica, aquí, es que tú inviertas todo tu tiempo en buscar la presencia de Dios, mientras esperas allí que el Espíritu te transforme a la imagen plena de su glorioso Hijo, y toma esa libertad prometida para adorar en espíritu y verdad como salga de tu corazón. (Gálatas 5: 1)= Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.Pablo comienza su presentación de las cuestiones prácticas del evangelio exhortando a los Gálatas a usar su libertad cristiana apropiadamente. Deben mantenerse firmes en ella y guardarse de cualquier clase de violencia.¿Cuál es la Libertad Cristiana?La gran pregunta a la que arribamos, ya, aquí, es: ¿Cuál es la libertad cristiana? Porque la espiritualidad, fíjate, es el resultado de la acción de Jesucristo, a través del Espíritu Santo, en la vida del creyente.No se alcanza en modo alguno por la observancia de código formal alguno  Cualquier intento de alcanzar la rectitud atendiendo a una lista de prohibiciones y autorizaciones, es infructuoso. Dios nos llama a amar a los otros y servirlos tal cual Jesús lo hizo, por el poder del mismo Espíritu Santo y, naturalmente, en esa misma libertad.Lo adecuado, entonces, para tu vida, la mía y la de cualquier creyente genuino, es andar en esa libertad que Cristo compró para nosotros, sin someter nuestra alma a reglamentaciones legalistas, independientemente de lo bien intencionadas y aconsejables que puedan parecer. Libertad del Legalismo.Cuando Santiago habla de la ley de la libertad, por allí, por 1:25 y 2:12 de su carta, la ELEUTHERIA es el nuevo orden vital en el que el hombre vive de acuerdo con la voluntad de Dios. También el verbo ELEUTHERÓO es empleado únicamente para expresar la acción que acontece o ha acontecido por medio de Jesús en sus propias y concisas expresiones al respecto.Por el contrario, ELEÚTHEROS tiene la mayoría de las veces el sentido de “libre en oposición a”. DOÚLOS, al igual que en el griego profano, igual a esclavo. Hay varias escrituras para compartir sobre estos tenores. Luego será el momento de definir todos estos aparentes “tecnicismos” teológicos.   (Gálatas 3: 28)= Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Está muy claro desde la escritura, aunque tú y yo sabemos perfectamente que no lo está tanto en las iglesias. En Cristo, las distinciones de raza, rango o sexo no impiden establecer vínculos fraternales, ni garantizan privilegios especiales. ¿Es que estaré condenado a repetir las mismas palabras, los mismos conceptos en todos los capítulos? Porque en el que hablo de la culpa, creo que tuve que decir exactamente lo mismo. ¿Es mera casualidad? ¿O tal vez estamos hablando de “causalidad”? Libertad de raza, clase, sexo y condición.¡Ganaban los Incrédulos!(Efesios 6: 5)= Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; (6) no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; (7) sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, (8) sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ese recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.Esto tiene la simpleza de lo dicho con claridad meridiana. Ya lo hemos tratado con relación a que no debemos ni podemos hacer acepción de personas. Porque, fíjate, tenemos la auténtica libertad de vivir conforme a como nos haya tocado vivir y no como a una mayoría le parece.Y allí llegamos a un punto en el que quizás algunos no estarán muy de acuerdo, porque han sido formados, enseñados, potenciados y hasta programados de otro modo: que las mayorías no necesariamente tienen la razón. Apenas tienen mayoría.       Debido a la longitud del Estudio no lo publicamos completo. Para seguir leyéndolo abra la versión en PDF.
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