La justificación y sus conceptos correctos – La Web Cristiana de Apologetica



El hombre pecador es justificado por la fe en la obra de Cristo y no por obras humanas.

El teólogo contemporáneo Paul Tillitch afirma en un capitulo de su celebre teología sistemática: “Las iglesias no son santas por la santidad de sus miembros, son santas por la santidad de su fundamento.”

Esto nos sugiere que si fuera por nuestro grado de santidad la iglesia no pasaría de ser una simple asociación, sin trascender en lo mas mínimo al plano espiritual; mas bien lo que sostiene a hace santa a al iglesia es su fundamento que no debe ser otro sino aquel que dio su vida por ella, ese fundamento se llama Jesús.

Desde el principio la “santidad” de hombre a quedado en entredicho; no solo porque fallamos constantemente, sino también por el motivo mismo de tales fallas, este no es mas sino el hecho de que no estamos en las condiciones necesarias para no hacerlo.

En una ocasión tuve la oportunidad de pronunciarme al respecto desde un púlpito y recuerdo que era de vital importancia que la congregación entendiera que el hecho de tener a Cristo en nuestros corazones, no implica el no volver a pecar; incluso en una de las acostumbradas charlas que realizaba en compañía de mi novia (Ahora esposa) y uno que otro amigo, recuerdo que llegamos a la conclusión de que tenemos mal elaborado el concepto del arrepentimiento, si se me permite me quiero valer de un ejemplo meramente matemático para ilustrar dicha afirmación. Hemos escuchado frecuentemente que en un caso excepcional de “santidad”, el hombre que menos peca lo hace al menos siete veces al día, lo que nos indica que en un año lo haría unas 2555 veces, y unas 12775 en cinco años; ahora bien, el concepto que muchos cristianos tienen sobre el arrepentimiento es que consiste en reconocer el pecado y no cometerlo nunca mas, esto nos llevaría a pensar que en pocos años el sujeto de nuestro ejemplo estaría perfeccionado en un grado de santidad similar al de Dios ya que se le agotaría la lista de pecados por cometer, obviamente es un concepto errado.

Citaré a continuación a un judío del que hemos oído hablar multitud de veces, este judío gozaba además de ciudadanía romana y una educación de primera impartida por un rabino de la época llamado Gamaliel. Nuestro amigo era un ferviente judío que prometía ser un serio aspirante para ocupar el cargo de sumo sacerdote, pasaba los ratos libre persiguiendo y ejecutando cristianos – valla amigo -, en una de sus persecuciones tuvo un percance que alteraría su vida para siempre, quedo siego, pero que sorpresa el saber que fue tras una visión tenida en el camino de Damasco que quedo reducido a las penumbras; solo intente imaginar lo que se cruzó por la cabeza de Saulo – Después llamado Pablo – cuando al ver una luz cegadora escuchaba una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿Porque me persigues?” Hch 9:3-4. De ser uno de los mas temidos perseguidores de los antiguos cristianos, pasaría a ser uno de los hombres más importantes para el Cristianismo.

Podemos decir que su vida cambio de manera radical en el momento en el que conoció al Señor, pero es obvio que su naturaleza humana seguía presente, seguía siendo un hombre con todas las implicaciones que esto trae, sin embargo Dios lo utilizo como a pocos hombres.

En los tiempos actuales – Al igual que antes – se tiene una idea errónea sobre la santidad; ensamblemos ahora los dos ejemplos, el matemático y el de Pablo, dentro de un ambiente con conceptos cruzados.

Pablo sufría de momentos de gran amargura dado que pensaba que el nunca más volvería a pecar, así vemos en sus cartas expresiones como “Pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” Ro 7:15b.

Esta amargura provocada en Pablo partía de la influencia de un concepto errado a cerca del arrepentimiento, el mismo que crea sentimientos de culpa y autocastigo – Llámese depresiones – en la iglesia actual.

Volviendo a la charla que cite unos párrafos atrás. Llegamos a la conclusión de que el arrepentimiento debe ser un cambio de actitud frente al pecado, sin implicar el que nunca mas se vuelve a cometer.

Se debe tener especial cuidado en la explicación de este concepto ya que una interpretación errónea se prestaría para pasar de un estado depresivo a uno de total libertinaje.

Todo esto solo para recordar una cosa: Somos hombres perfectibles, no perfectos, que obramos buscando una similitud a la santidad de nuestro Padre Celestial, siguiendo el único Camino Verdadero, JESÚS. Como lo diría Pablo, somos imitadores de Cristo.

Quedando claro que el único perfecto y tres veces Santo es Dios; me veo en el deber de recordarle a usted – amigo lector -, que un día estaremos frente a Él y Él mirara nuestro nombre en el libro de la vida y nos recibirá en su gloria.

Pero ¿Cómo llegamos hasta este punto siendo nosotros imperfectos y habiendo cometido multitud de faltas?

Solo puedo dar una respuesta ante tal hecho, es en la que creo y por la cual le doy infinitas gracias a Dios, por la que lo alabo, le sirvo y le entrego todo mi ser. Para la salvación no son necesarias las “obras de la ley”, sino la fe en Jesús como Cristo, quien ha querido, con su muerte en la cruz, expiar todos los pecados de los hombres y regenerar a toda la humanidad. Él es el “nuevo Adán” por quien el hombre ha sido rescatado del mal y por quien llegará a la resurrección de la vida eterna.

El hombre como pecador es incapaz por naturaleza de arrepentirse por si solo y así ganarse la salvación, aun la fe es un don de Dios al hombre.

La justificación es un acto instantáneo, cambia la posición del hombre ante Dios, pero no su vida interior.

Debemos recordar que la justificación se da por la infinita misericordia de Dios y no porque la merezcamos por nosotros mismos. “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” Ro 3:24, Ro 3:28, Ga 2:6.

Pero además de la salvación, debemos atribuirle a la justificación otros resultados descritos en la carta del apóstol Pablo a los romanos en los versículos del 1 al 11 del capitulo cinco; dichos resultados son:

Paz

Entrada a la gracia

Esperanza

paciencia

amor y

reconciliación con Dios.

Señor te damos gracias por el sacrificio que haz hecho al dar a tu hijo unigénito para nuestra salvación, danos el poder para seguir adelante en la labor que nos haz encomendado, ayúdanos a ser cada día mas como tu. “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como esta escrito. El justo por la fe vivirá” Ro 1:17

Te amamos Señor Jesús.

Gracias.

Enviado por: Americo Davila
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Por: Juan Sebastián Arbelaez

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