¿La Iglesia en crisis espiritual? – La Web Cristiana de Apologetica

Con tristeza escucho una y otra vez de pastores que han tenido que dejar el ministerio por un pecado que normalmente es un pecado inmoral o descuido de la familia, es tanta la crisis, que nos hemos olvidado de velar los unos por los otros, si tan solo fuéramos como los pinos sería difícil perder la batalla, los pinos en sus raíces se entrelazan las unas de las otras fortaleciéndose de tal manera que si un ventarrón llega y les azota es muy difícil que un pino caiga, la iglesia por lo contrario lejos de echar raíces y crear convicciones en su vida cedemos al pecado, empezamos muy sutilmente a coquetear con el mundo hasta que nos envuelve y destruye el ministerio que Dios nos dio (Sgo. 4:4,7). Una prueba más de la crisis que estamos pasando es que los pastores pensamos que los que colaboran con nosotros en el ministerio son hermanos superdotados en espiritualidad y que no caerán en pecado, nos olvidamos de ellos, no oramos por sus vidas y pocas veces nos preocupamos por su forma de vivir, esta misma filosofía la trasmitimos a los hermanos de la iglesia de tal forma que los miembros de la iglesia pocas veces oran por sus pastores y lideres (1Pd.5:1-4). Entonces surge una pregunta ¿cómo podremos ser de impacto en este mundo?

Algo que caracterizaba a la iglesia primitiva era su unidad, su perseverancia en la oración, la convivencia y su forma de predicar el evangelio, esto nos habla de una iglesia sana, una iglesia en un auge espiritual, si tan solo creyéramos y nos convenciéramos de que necesitamos redoblar esfuerzos entonces verdaderamente seriamos de impacto a este mundo y más aun, no estaríamos en una crisis espiritual. Necesitamos poner un basta a esta situación de la iglesia, no permitamos que el enemigo siga ganando terreno en la vida de los jóvenes, de los niños y de los matrimonios, recordemos que el que va al frente de nuestras batallas es Dios (Efe. 6:12, 2Cro. 32:8, Jer. 1:19, 15:20) y no son nuestras fuerzas las que vencerán sino las mismas fuerzas de nuestro Dios todo poderoso, empecemos a doblar nuestras rodillas y orar unos por otros, empecemos a leer la Biblia y no claudicar en la lectura, y empecemos a tener nuestro tiempo devocional cada día y entonces nuestras vidas espirituales crecerán.

Deseo que lo que estas leyendo no quede en tu mente si no que pase a una acción diaria, necesitamos que la iglesia de hoy sane, basta ya de tanta mediocridad en el cristianismo, basta ya de tanto conformismo y basta ya de tanto escuchar y no actuar, levantémonos y luchemos que la batalla aun no termina, empecemos a formarnos convicciones firmes de tal manera que cada persona que se acerque a la iglesia pueda notar en ella una iglesia sana, llena de amor y compasión por los perdidos, convicciones que glorifiquen a Dios donde quiera que nos paremos por lo que decimos y por lo que hacemos (Fil. 4:8, Col. 3:16-17). Es verdad vivir el cristianismo no es fácil y tratar de ganar el mundo nosotros solos es prácticamente imposible por eso para salir de esta crisis espiritual no solo tenemos que preocúpanos por los miembros de la iglesia, ni los miembros solo de los pastores de su iglesia, si no de todo cristiano que se encuentra en el mundo compartiendo de las maravillas de Dios, la crisis espiritual nos a encerrado en nuestras denominaciones y no nos preocupamos por los demás miembros del cuerpo de Cristo, tal vez proponer que todas las denominaciones se unan y seamos de un mismo sentir sería muy complicado y tal vez muy difícil (pero no imposible) por lo menos aquí en este mundo pero podemos aportar bastante dejando de criticarnos los unos de los otros, de dividirnos y de pelearnos, más bien necesitamos estar en constante oración por las iglesias de México y por todos aquellos de una o de otra forma dan a conocer el amor de nuestro Dios por todo el mundo (1Ts. 5:17, 1Pd.4:7). Satanás no podrá vencer si nos decidimos a salir de esta crisis, hagámoslo ya y proclamemos al mundo entero que Jesús es el Señor. La crisis espiritual llegará hasta donde tú lo permitas pues la restauración de la iglesia comienza en nuestra propia vida.

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