La economía neotestamentaria de Dios – La Web Cristiana de Apologetica

Tit. 3:5; Ef. 4:23; 2 Co. 3:18; Ro. 12:2; 8:29; Fil. 3:21.

Ap 1:

9Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.

11Que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.

12Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro.

Ro 8:

9Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

1ª Jn 3:

9Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

1ª Jn 5:

1Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. 2En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. 3Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. 4Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.

Tito 3:

5Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.

Ef 4:

23Y renovaos en el espíritu de vuestra mente.

2ª Cor 3:

18Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Ro 12:

2No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Ro 8:

29Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Fil 3:

21El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

LA SEÑAL DEL CANDELERO

Hemos visto que cada iglesia local, como un candelero, es la incorporación del Dios Triuno. Cuando todas las iglesias locales se consideran en conjunto vienen a ser la multiplicación del candelero como está revelado en Exodo 25; por lo tanto, en esta era los candeleros son la incorporación multiplicada del Dios Triuno como el testimonio de Jesús. En sus catorce Epístolas, Pablo, enseñó principalmente el misterio de Dios, el cual es Cristo (Col. 2:2):

2Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo.

Y el misterio de Cristo, el cual es la iglesia (Ef. 3:4):

4Leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo.

Cristo y la iglesia son un gran misterio (Ef. 5:32):

32Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

Cristo es la incorporación de Dios, y la iglesia como el Cuerpo de Cristo es la incorporación de Cristo; la incorporación de Cristo simplemente significa la incorporación del Dios Triuno. Esto una vez más nos muestra que el libro de Apocalipsis es la conclusión de todos los libros de la Biblia, especialmente de todos los libros del Nuevo Testamento, los cuales nos revelan a Cristo y la iglesia. La conclusión de todos los aspectos de la iglesia que se revelan en los anteriores veintiséis libros de la Biblia es que la iglesia en esta edad está representada por el candelero.

Apocalipsis es un libro de señales, las cuales son símbolos con un significado espiritual. La primera señal de este libro es el candelero, el cual es una señal de la iglesia. Una señal es un cuadro y un cuadro siempre es mejor que mil palabras. Sería difícil describir el candelero sin tener un retrato del mismo. Por ejemplo, es muy difícil describir la cara de una persona. ¿Cómo puede uno dar las dimensiones de la nariz, de las orejas o de las mejillas de una persona? Sin embargo, mirando una foto de la cara de una persona podemos ver exactamente cómo es la semejanza de esa persona. Es por esto que el libro final del Nuevo Testamento, en la señal del candelero, nos da una conclusión de todas las definiciones de la iglesia.

LOS TRES ASPECTOS DEL CANDELERO

Los tres aspectos del candelero son el elemento, la forma y la expresión. El elemento de oro significa la naturaleza divina de Dios. Además, Cristo está descrito en el Nuevo Testamento como la incorporación del Dios invisible (Col. 2:9):

9Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.

Él tiene una forma y semejanza y Él es un molde al que nosotros seremos conformados (Ro. 8:29):

29Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Cristo desea ser formado en nosotros (Gá. 4:19):

19Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros.

Esto nos muestra que Cristo es la forma del candelero. La Biblia no nos dice que el Padre tiene imagen, o sea, una forma, ni tampoco nos dice que el Espíritu tiene una semejanza. Las palabras “imagen”, “forma”, “semejanza” y “molde” se atribuyen al segundo de la Trinidad, así que Él es la forma del candelero. La expresión del candelero es el Espíritu. En nuestra vida diaria tenemos el fruto del Espíritu, y el fruto de cualquier árbol es su misma expresión. Luego, en nuestro ministerio, en nuestro servicio en la iglesia, tenemos la manifestación del Espíritu. El fruto del Espíritu se menciona en Gálatas 5 donde se revela nuestro andar cotidiano, y la manifestación del Espíritu se menciona en 1 Corintios 12 donde se habla acerca de nuestro ministerio o servicio en la iglesia. En nuestra vida tenemos el fruto como la expresión, y en nuestro ministerio tenemos la manifestación como la expresión. Conforme a toda la revelación de la Biblia, Dios el Padre es el elemento, Dios el Hijo es la forma, y Dios el Espíritu es la expresión. Cuando estos tres aspectos son puestos juntos, vemos el candelero que es la incorporación del Padre, del Hijo y del Espíritu.

Una iglesia local es un candelero, lo cual denota al Dios Triuno incorporado en seres humanos. Este es el gran misterio de la piedad que se revela en 1 Timoteo 3:16: Dios manifestado en la carne. Esto no ocurrió solamente en Jesucristo como una persona individual, sino que también ocurre en todas las iglesias locales. Jesucristo mismo fue un candelero, y hoy en día cada iglesia local también es un candelero. En elemento o naturaleza, en forma o tipo, en expresión o manifestación, una iglesia local es exactamente lo mismo que Jesucristo. Las iglesias locales son el testimonio de Jesús.

Cuando llegamos al libro de Apocalipsis ya todo ha sido tratado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Casi no hay nada nuevo en el libro de Apocalipsis. No tan solo los escritos santos, sino también los escritos seculares, después de hablar de tantos puntos y de abarcar tantos aspectos, tienen una conclusión. En la conclusión repiten y confirman lo que ya se ha hablado. En la Biblia ocurre lo mismo. Después de sesenta y cinco libros, todo ha sido revelado y ahora se necesita una conclusión.

EL DIOS TRIUNO FORJADO

EN SUS REDIMIDOS

En el candelero se encuentra el concepto crucial y vital de que el Dios Triuno está siendo forjado en Sus redimidos (Ro. 8:9-11):

9Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

En el capitulo anterior vimos que el candelero es la incorporación del Dios Triuno, lo cual significa que el Dios Triuno ha sido forjado en Sus redimidos. Sin tal explicación, no podemos entender de una manera completa lo que significa el candelero. Ahora estamos mirando el candelero desde otro ángulo, es decir, desde otro punto de vista. El candelero significa que el Dios Triuno ha sido forjado en Sus redimidos, pero ahora tenemos que preguntarnos cómo ocurre esto. Ya hemos visto que a fin de que el Dios Triuno sea forjado en nosotros, todos necesitamos:

Comer (Jn. 6:57):

57Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Beber (Jn. 4:14; 1 Co. 12:13):

14Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Y respirar del Señor (Jn. 20:22):

22Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.

Sin embargo, queremos ver desde otro punto de vista cómo ocurre esto.

Por el nacimiento

Primeramente, el Dios Triuno se forja en Sus redimidos por medio del nacimiento divino (1 Jn. 3:9; 5:1-4):

9Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

1Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. 2En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. 3Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. 4Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.

Cuando yo creí en el Señor Jesús, estaba muy seguro de que yo había nacido de Dios. Yo aprendí de los llamados Hermanos que quien ha sido engendrado de Dios no practica el pecado (1 Jn. 3:9):

9Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Y que quien es nacido de Dios vence al mundo y a Satanás (1 Jn. 5:4):

4Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.

Sin embargo, por años no entendí que por medio del nacimiento divino, algo divino había nacido dentro de mi ser. Todos necesitamos tener una comprensión profunda de que por medio del nacimiento divino, en el momento en que creímos en el Señor Jesús, el elemento divino nació dentro de nosotros. El nacimiento no es algo vacío, sino que siempre introduce algún elemento en el que nace. Un niño chino que ha nacido de un padre chino tiene la vida china y la naturaleza china. Sus ojos, su nariz, su pelo, su faz, su color y su sangre son chinos. El elemento chino ha nacido en ese bebito. Cuanto más crece ese bebito, más aparecen las características chinas. Todo lo que es chino está en el gen chino. En los países escandinavos la mayoría de la gente tiene pelo rubio. Un muchacho danés no tiene que preocuparse de llegar a tener pelo negro. Alguien que nace siendo negro no tiene que preocuparse de llegar a tener pelo rubio. El nacimiento negro produce los genes del pelo negro en el ser del bebé.

Debido a que hemos nacido de Dios, debemos darnos cuenta de que todo lo de Dios ha nacido en nosotros. En el “gen de Dios” se encuentra la santidad, la justicia, el amor y la moralidad más alta. Mediante nuestro crecimiento en vida, aparecerá todo lo que hemos recibido en el gen. Con el tiempo, al crecer nosotros, la santidad divina, la justicia divina y el amor divino saldrán desde nuestro interior. ¡Qué cosa tan maravillosa que todos nosotros hemos nacido de Dios! ¿Qué nacimiento puede exceder a éste? Ningún nacimiento es tan alto ni tan supremo como el nacimiento de Dios. Nosotros hemos recibido un nacimiento supremo, el nacimiento de Dios, y por medio de este nacimiento algo divino ha nacido en nosotros, en nuestro ser.

Muchas de las enseñanzas del cristianismo de hoy hacen que la gente se aparte del gen divino y luchen y se esfuercen por auto-superarse. Estas enseñanzas están fuera de la economía de Dios. Todos debemos darnos cuenta de que hemos nacido de Dios, y que todos los atributos divinos han nacido dentro de nuestro ser. En este gen divino están incluidos todos los atributos divinos. No necesitamos enseñanzas acerca de auto-superación ni acerca de cómo ser un mejor cristiano. Necesitamos la enseñanza científica acerca de la vida divina para descubrir cómo regar esta vida y nutrir esta vida para hacerla crecer. No necesitamos la enseñanza que enseña a la gente a mejorar su conducta ni que les enseña a intentar, luchar y esforzarse para hacer el bien. Esta enseñanza es igual que la enseñanza de Confucio.

En el otoño de 1964 yo fui a Dallas, Texas para el ministerio de la Palabra. En una de las reuniones compartí que hoy día no necesitamos las enseñanzas, sino que nuestra necesidad desesperada es el Cristo viviente. Después de la reunión me rodeó un grupo de personas y contendieron conmigo diciendo que necesitamos las enseñanzas. Ellos usaron 2 Timoteo 3:16 como base para decir que toda la Escritura es útil para la enseñanza.

16Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

La enseñanza de la cual Pablo hablaba, por supuesto, es la enseñanza sana (1 Ti. 1:10):

10Para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina.

El término “sana” implica vida. Cuando uno dice que algo es sano, se refiere a la salud de vida. La enseñanza acertada de los apóstoles, la cual es conforme al evangelio de la gloria de Dios, ministra a la gente la enseñanza sana como el suministro de vida, ya sea nutriéndolos o sanándolos. Cualquier enseñanza que distraiga a la gente del centro y de la meta de la economía neotestamentaria de Dios no es saludable. Cuando estas personas me rodearon después de la reunión y me dijeron esto, todavía insistí en que ellos no necesitaban las enseñanzas, sino al Cristo vivo. Muchos cristianos hoy en día han recibido muchas enseñanzas, pero todavía permanecen muy pobres porque las enseñanzas que han recibido no ha sido la enseñanza sana. Las enseñanzas que no son sanas no nos ayudan. Necesitamos el regar y el “fertilizar”, los cuales nos ayudan a crecer en vida. Necesitamos la enseñanza que nos enseñe cómo fertilizar y regar para el crecimiento en vida. Yo he estado enseñando de esta manera en los Estados Unidos durante los últimos veintidós años. Nuestra carga en el ministerio es ministrar el Señor a todos Sus hijos como el alimento sano. Muchos de nosotros podemos testificar que cuando leemos los mensajes de Estudio-vida no solamente obtenemos enseñanzas, sino que disfrutamos al Señor mismo como nuestro alimento, nuestro nutrimiento.

Todos debemos ver el tremendo significado que tiene el nacimiento divino. ¡El gen divino ha nacido dentro de nosotros! Debemos ser aquellos que cuidan del gen divino que está en nosotros, y nuestras mentes deben ser renovadas para tener tal entendimiento correcto del nacimiento divino. Aunque soy mayor que muchos de ustedes, en realidad soy muy joven debido a que tengo el gen divino dentro de mí. Necesitamos decir a nuestros parientes, amigos, vecinos y a nuestros colegas, que el gen divino, el cual incluye la vida divina y la naturaleza divina, ha nacido dentro de nosotros. Este es nuestro capital, y no hay cifra matemática adecuada para describirlo. Dios mismo ha nacido en nosotros. Incluso si alguien fue salvo recientemente, es necesario decirle que Dios ha nacido en él y que tiene a Dios en él (1 Jn. 4:15):

15Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

El nuevo nacimiento significa que Dios ha nacido en mí y en usted. El Dios Triuno ha sido forjado en nuestro ser por medio de nacer en nosotros. Necesitamos la enseñanza y el estudio científicos de la Biblia acerca de Dios en nosotros. Necesitamos descubrir de qué manera Dios está en nosotros y qué está haciendo en nosotros.

Pablo dio esta clase de enseñanza científica en Romanos 8:9-11:

“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por Su Espíritu que mora en vosotros”.

En estos versículos, Pablo habla de una manera muy científica, completa y detallada acerca del hecho de que Cristo está en nosotros y que reside en nosotros. Todos necesitamos esta clase de estudio y enseñanza científica acerca del Dios mismo que ha nacido en nuestro ser. Necesitamos que esta enseñanza nos diga de qué manera Dios mora en nosotros y obra en nosotros.

Por la renovación del Espíritu

El Dios Triuno también se forja en Sus redimidos por medio de la renovación del Espíritu (Tit. 3:5; Ef. 4:23):

5Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.

23Y renovaos en el espíritu de vuestra mente.

Todos necesitamos el conocimiento y la experiencia prácticos de la renovación del Espíritu. El candelero como la incorporación del Dios Triuno es del todo una doctrina si no tenemos el conocimiento experimental adecuado. Es por esto que necesitamos la comunión de este capítulo para que entremos en el conocimiento experimental. La renovación del Espíritu es que el Espíritu aplica dentro de nuestro ser, en nuestra vida práctica, todas las cosas divinas de las cuales hemos nacido. Usted ha nacido de ciertos padres y tiene su disposición, su punto de vista, su pensamiento, y sus gustos y aversiones. Pero ahora usted ha nacido de Dios y Dios ha nacido en usted para ser su todo. ¿Cómo puede ser aplicado a usted este Dios que es todo? El Espíritu está aquí para aplicar todas las cosas divinas dentro de su ser en su vida diaria; esto es la renovación del Espíritu. Renovar simplemente significa reemplazar. El Espíritu reemplaza nuestro viejo ser con el ser divino. Nosotros nacimos de nuestros padres como el viejo ser y hemos nacido de Dios como el nuevo ser divino. Ahora el Espíritu está reemplazando nuestro viejo ser cada día con Su nuevo ser, y esto es la renovación del Espíritu.

Dios se forja en nuestro ser, en primer lugar por medio de nacer dentro de nosotros, y en segundo lugar, por medio de que El mismo como el Espíritu obra en nosotros para reemplazar a nuestro viejo ser con sí mismo como el nuevo ser, lo cual es la renovación del Espíritu. Nuestro nacimiento es de una vez por todas, pero la renovación es de toda la vida. Cuando Dios nos engendró, Él entró en nosotros para morar como el Espíritu vivificante a fin de reemplazar nuestro viejo ser con Él mismo como el nuevo ser. Esto no solamente es un asunto de renovar nuestra mente, sino de que Dios reemplace todo nuestro ser con Él mismo. La renovación del Espíritu es Dios mismo residiendo en nosotros como el Espíritu para reemplazarnos con Dios mismo.

En Tito 3:5 Pablo nos dice que Dios nos salvó por el lavamiento de la regeneración del Espíritu Santo. Todos necesitamos ser salvos de nuestro viejo ser para entrar a Dios mismo como el nuevo ser. Esta clase de salvación es la renovación del Espíritu, por medio del cual Dios se forja a Sí mismo dentro de nuestro ser. Esta renovación se lleva a cabo por el Espíritu residente. Necesitamos esta clase de enseñanza. No necesitamos una enseñanza de esta clase que nos enseña a ser humildes o bondadosos. Esto es como la enseñanza de Confucio y no es Cristo. Tenemos que ver que todas las cosas divinas han nacido en nosotros, y ahora necesitamos a Dios mismo en nosotros como el Espíritu residente para que Él aplique todas las cosas divinas dentro de nuestro ser a fin de reemplazar nuestro viejo ser con Dios mismo como el nuevo ser. Esto es la renovación del Espíritu.

Por medio de la transformación con la vida divina

Además, el Dios Triuno se forja en nosotros por medio de la transformación con la vida divina (2 Co. 3:18; Ro. 12:2):

18Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

2No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

La renovación del Espíritu y la transformación con la vida divina son muy parecidas. La transformación no es simplemente un cambio sino un cambio metabólico. La palabra griega que significa transformación es raíz de la palabra española “metamorfosis”. El significado literal de la palabra griega es “un cambio de forma”. En el proceso metabólico, algún elemento nuevo es introducido para reemplazar el elemento viejo y echarlo fuera. El cambio metabólico que resulta es la transformación. El elemento nuevo entra, el elemento viejo es reemplazado y echado fuera, y el elemento nuevo llega a prevalecer. Una de las mejores ilustraciones de esto es el proceso de la petrificación. Una corriente de agua introduce minerales como el elemento nuevo en la madera y los deposita allí; esta corriente también se lleva el elemento viejo de la madera hasta que la misma estructura celular de la madera es completamente reemplazada con piedra. Este pedazo de madera llega a ser un pedazo de piedra preciosa; esto es la transformación.

La palabra griega que se traduce “transformado” se usa en Romanos 12:2 donde se nos dice que necesitamos ser transformados por medio de la renovación de la mente. También se usa en 2 Corintios 3:18, el cual nos dice que al contemplar y reflejar la gloria del Señor estamos siendo transformados en la misma imagen. Filipenses 3:21:

21El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

También nos dice que el Señor Jesús transformará nuestro cuerpo. Romanos 12:2 y 2 Corintios 3:18 se refieren a la transformación de nuestra alma, es decir, de nuestro ser interior, y Filipenses 3:21, se refiere a la transformación de nuestro cuerpo, es decir, nuestro ser exterior. La palabra transformación lleva el pensamiento de que el elemento divino está siendo introducido en nuestro ser por la corriente del Espíritu para reemplazar nuestro elemento viejo y echarlo fuera, y para hacer que el elemento divino prevalezca en nuestra vida y en nuestro vivir. La transformación toma lugar primero en nuestra alma y finalmente en nuestro cuerpo cuando Él regrese. De esta manera Dios se forja en nuestro ser. El se forja en nosotros, no sólo por el nacimiento sino también por medio de la renovación del Espíritu y por medio de la transformación con la vida divina.

Suponga que la faz de una persona está muy pálida. La manera cosmética de cambiar su apariencia es que él se ponga maquillaje en la cara. Esto es como el trabajo de los embalsamadores del mortuorio. El trabajo del embalsamador es hacer que la apariencia del cadáver sea lo más agradable posible. Esto, por supuesto, no tiene nada que ver con el cambio metabólico de transformación. Si una persona ingiere comida sana y duerme bien, su tez se verá muy sana. Cuando la comida nutritiva y sana es digerida y asimilada por nosotros, el resultado es la transformación. Dios nos ha engendrado con Sí mismo y Él mismo ha nacido en nuestro ser. Ahora Él reside en nosotros como el Espíritu para aplicar todo lo que ha puesto dentro de nosotros, a fin de reemplazar nuestro viejo ser con Él mismo como el nuevo ser. Esto es la renovación del Espíritu. Mientras Él hace esta clase de renovación, nos transforma metabólicamente con la vida divina como el elemento, para hacernos “pedazos de madera petrificada”. Ahora todos estamos bajo la petrificación divina de Dios. Un pedazo de madera petrificada es un compuesto del depósito de todos los elementos minerales que han sido forjados en la madera. Nosotros somos como los pedazos de madera y Dios mismo es los elementos minerales celestiales. A través de los años y día a día, los minerales celestiales se han estado depositando en nuestro ser para hacernos pedazos de piedras preciosas. Esto es la transformación y ésta es la manera en que Dios se forja a Sí mismo dentro de nuestro ser. Entonces llegamos a ser en realidad el candelero.

Por medio de la conformación a la imagen

del primogénito Hijo de Dios

Llegamos a ser el candelero de oro también por medio de la conformación a la imagen del primogénito Hijo de Dios (Ro. 8:29; Fil. 3:21). La conformación se refiere a la imagen, a la forma. Cada vida tiene su propia esencia, su propio poder, su propia forma y su propia expresión. Por ejemplo, la vida de la manzana tiene su esencia, su poder de vida para crecer, y su forma. Una manzana crece espontáneamente con la forma apropiada. Es lo mismo con un durazno o un plátano. La vida crece con su propia forma y también tiene su propia expresión. La vida de una manzana o de un plátano tiene su propia expresión particular como resultado de su crecimiento. Nosotros también tenemos la vida divina, la cual es la vida del primogénito Hijo de Dios, y esta vida tiene su esencia, su poder, y su forma. Esta vida crece con su propia forma. Al crecer estamos siendo conformados, o sea, formados, en la imagen del primogénito Hijo de Dios. Nosotros no estamos imitando a Cristo, sino que estamos siendo conformados a Su imagen por medio de crecer. Las manzanas de Washington son conformadas a su forma particular por medio de su crecimiento pleno. Esas manzanas no imitan sino que se dedican a crecer. Crecen en la vida de la manzana hasta la conformidad de una manzana de Washington. De la misma manera, nosotros no estamos imitando a Cristo, sino que estamos creciendo por medio de Cristo como nuestra vida y finalmente crecemos hasta la conformidad de Cristo. Luego, a Su regreso, Él transformará metabólicamente nuestro cuerpo de humillación por medio de Su gran poder y con Su elemento divino, conformándolo al cuerpo de Su gloria. Para entonces, todos los atributos de Dios estarán completa y plenamente forjados en nosotros. Todavía no hemos alcanzado ese punto, pero hoy estamos en el proceso, y hoy podemos ser el candelero de oro.

El mezclar de la divinidad con la humanidad

Mediante el nuevo nacimiento, la renovación, la transformación y la conformación, Dios ha estado forjándose gradualmente a Sí mismo dentro de nosotros y por medio de esto todos llegamos a ser parte del candelero de oro. Esto es la iglesia. Esto es más que santo, más que justo, y más que aprendizaje. Esto es algo divino y de oro, es el mezclar de la divinidad con la humanidad para el cumplimiento de la economía divina de Dios.

Juan Frank Corpas

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