La consumación final de los vencedores – La Web Cristiana de Apologetica

En este capítulo queremos ver la consumación final de los vencedores. Si leemos la Biblia en su totalidad, veremos que los vencedores están en la línea de la vida, en el pulso, de toda la Biblia. El primer vencedor entre el pueblo de Dios fue Abel (Gn. 4:2-8). En Mateo 23:35 El Señor Jesús se refirió al martirio de Abel, dando así a entender que él fue el primer vencedor. Empezando desde Abel, el Señor ha seguido obteniendo vencedores para consumar finalmente Su economía y traer el reino de Cristo y de Dios (Ap. 11:15). Hemos subrayado que el libro de Apocalipsis trata de los vencedores y la Nueva Jerusalén. Los vencedores tienen un resultado evidente, que es la conclusión de la revelación divina. La Nueva Jerusalén es la finalización, la conclusión y la totalidad de la revelación divina que hay en los sesenta y seis libros de la Biblia.

Los puntos cruciales de Apocalipsis 21 y 22 con respecto a la Nueva Jerusalén fueron mencionados anteriormente en la Biblia. En la Nueva Jerusalén el asunto más sobresaliente es el árbol de la vida, el cual se mencionó al principio de la Biblia (Gn. 2:9). Si no estuviera el árbol de la vida en la santa ciudad, no habría alimento por el cual vivieran los redimidos de Dios. El árbol de la vida es la centralidad y la universalidad de la ciudad santa.

La Nueva Jerusalén es en realidad un monte alto de doce mil estadios de altura. La ciudad es un cubo: tiene la misma longitud, anchura y altura (Ap. 21:16). En el tabernáculo y en el templo, el Lugar Santísimo también era un cubo, pues tenía la misma longitud, anchura y altura (Ex. 26:2-8; 1 R. 6:20). Por lo tanto, que la Nueva Jerusalén sea un cubo significa que toda la ciudad será el Lugar Santísimo. En ella, todos los redimidos de Dios servirán y adorarán a Dios, verán y tocarán la presencia de Dios, y vivirán y morarán en la presencia de Dios por la eternidad. El centro de la Nueva Jerusalén es el árbol de la vida que alimenta y nutre a toda la ciudad.

Consideremos ahora cómo un árbol puede estar disponible para alimentar a toda la ciudad. El árbol de la vida no es como un pino. Debido a que el pino es tan alto, no nos es accesible. El árbol de la vida es una vid. Cristo es la vid (Jn. 15:1} y Él es la vida (Jn. 14:6ª); así que, Él es el árbol de la vida. Que el árbol de la vida crezca a los dos lados del río de agua de vida (Ap. 22:2) significa que el árbol de la vida es una vid que se extiende y sigue su curso paralelamente al fluir del agua de vida para que el pueblo de Dios lo reciba y lo disfrute. Un pino crece hacia arriba, pero una vid se extiende horizontalmente. Si queremos comer del árbol de la vida, no necesitamos una “escalera” debido a que este árbol es una vid disponible para que nosotros la comamos.

El río de agua de vida, en la Nueva Jerusalén, está en medio de la calle de oro (Ap. 22:1). El árbol de la vida crece en el río de agua de vida y al lado del mismo, formando una especie de espiral que desciende por la montaña y llega a las doce puertas de la ciudad. El árbol de la vida como una gran vid es el alimento disponible, el nutrimiento, para los redimidos de Dios en la eternidad; por lo tanto, es el pulso vital de la Nueva Jerusalén. En 1958 fui a Inglaterra, y alguien me llevó a ver una gran vid llamada la Vid de la Reina. Pero esta vid es muy pequeña en comparación con la vid que yo he visto. Yo he visto la gran vid, el árbol de la vida, en la Nueva Jerusalén. El Señor Jesús dijo que El era la vid verdadera (Jn. 15:1). El es la vid y nosotros somos los pámpanos (v. 5). El es la centralidad y la universalidad de la economía de Dios, y la economía de Dios tiene su consumación en la Nueva Jerusalén.

La revelación divina de la Biblia, comenzando desde la creación en Génesis 1, concluye con dos capítulos largos, Apocalipsis 21 y 22. En estos dos capítulos se ve la Nueva Jerusalén como una señal grande y evidente de la economía de Dios. La centralidad y la universalidad de esta ciudad santa es el árbol de la vida, la vid más grande del universo. Esta vid consta de nuestro Dios, nuestro Señor, nuestro Amo, nuestro Padre, nuestro Señor Jesucristo, y de nosotros. Nosotros somos parte de esta vid puesto que somos los pámpanos.

En Génesis 2 vemos el árbol de la vida, y después de todas las edades el árbol de la vida sigue presente en la Nueva Jerusalén. Al principio el Dios Triuno incorporado en Cristo era el árbol de vida, pero al final de la Biblia, el árbol de la vida se ha extendido por toda la ciudad santa. Así que la Biblia comienza y termina con el árbol de la vida.

En Génesis 2 juntamente con el árbol de la vida había un río. Este río tenía cuatro brazos y fluía en las cuatro direcciones de la tierra (vs. 10-14). Luego en la Nueva Jerusalén, hay un río en donde crece el árbol de la vida. Así que hay un río al principio y al final de la Biblia. En el fluir del río de Génesis 2, había oro, bedelio (una especie de perla) y piedra de ónice, una piedra preciosa (vs. 11-12). Luego, al final de la Biblia, la ciudad santa es edificada con oro, perlas y piedras preciosas (Ap. 21:18-21). Al principio y al final de la Biblia tenemos el mismo cuadro del árbol de la vida con el río que fluye y que produce oro, perlas y piedras preciosas.

En Génesis 2 sólo se tenía el material, pero al final de la Biblia, el oro, las perlas y las piedras preciosas están edificados como una ciudad. Al principio había un huerto creado por Dios, pero al final el huerto llega a ser una ciudad. La ciudad es algo que Dios ha creado, transformado y edificado. La Nueva Jerusalén es un edificio que tiene oro, perlas y piedras preciosas. El principio y el final de la Biblia se reflejan entre sí. La Nueva Jerusalén es una ciudad que tiene doce puertas, y al final del libro de Ezequiel, también hay una ciudad llamada Jerusalén, la cual tiene doce puertas (48:31-35). Esto nos muestra que por un lado, la Nueva Jerusalén es nueva; y por otro, es antigua.

Toda la Biblia es una revelación y una crónica de la economía de Dios, y ésta tiene su consumación en la Nueva Jerusalén. La Nueva Jerusalén era algo que estaba en el corazón de Dios en la eternidad pasada. Esta ciudad es el deseo de Dios, el beneplácito de Dios. Yo creo que Dios vio la Nueva Jerusalén en la eternidad pasada. Cuando El la vio se alegró.

Cuando estuve en Chifú, hace cincuenta años, tuve el sueño de edificar un gran lugar de reunión donde se ministrara la palabra. Este sueño podría considerarse como mi economía, el deseo de mi corazón, mi beneplácito. Sin embargo, con el tiempo China fue tomada por los comunistas, y yo no vi el cumplimiento de mi sueño. Después fui enviado de la China continental a Taiwán. En Taiwán no pudimos obtener un lugar de reunión grande de acuerdo al que yo había visualizado. Empecé a ministrar en los Estados Unidos en 1962 y más adelante, en 1974, nos mudamos a Anaheim. En Anaheim pudimos adquirir dos acres y medio de tierra para construir un local de reunión de acuerdo al sueño que yo había tenido en Chifú años antes. El lugar de reunión de Anaheim estuvo en mi mente muchos años antes de que fuera construido.

Dios también tuvo un sueño, y ese sueño era tener la Nueva Jerusalén, edificar una ciudad que fuera la consumación de Su economía. Al principio de la Biblia vemos el árbol de la vida, un río que corría y materiales preciosos. Al final de la Biblia también vemos el árbol de la vida, un río que fluye y materiales preciosos edificados como una ciudad que concuerda con la economía de Dios. Por medio de esto podemos ver cuán consistente es la Biblia. Fue escrita por más de cuarenta escritores en un período de aproximadamente mil quinientos años. Aparentemente el libro de Génesis es muy diferente a Mateo, y Mateo es muy diferente a Apocalipsis. Quizás parezca que los sesenta y seis libros de la Biblia son independientes y diferentes. En realidad, la esencia intrínseca de la Biblia es constante. Es constante en una cosa: la Nueva Jerusalén.

La Nueva Jerusalén consta del Dios Triuno y de Su pueblo escogido y redimido. El Dios Triuno pasó por un proceso maravilloso. En la eternidad pasada El era Dios y tenía sólo la divinidad, pero un día según Su economía, El se hizo hombre. Esto se debió a que Su economía, Sus planos, nos muestra que El quiere ser uno con el hombre.

Cuatro mil años después de que Adán fue creado, El dio el paso de encarnarse. Desde Adán hasta Abraham hubo dos mil años, y desde Abraham hasta Cristo hubo dos mil años. El mismo Dios Triuno llegó a ser un hombre. El no llegó a ser un hombre de una manera mágica. Su encarnación concordaba con el principio que El había ordenado en Su creación. Para que un hombre llegue a existir, debe ser concebido y pasar nueve meses en el vientre de la madre. Después nace y crece como humano. Esta es la manera en que Jesús vino. El fue concebido en el vientre de una virgen, y nació de su vientre. Después El pasó por la niñez y entró en la madurez. El vivió sobre esta tierra treinta y tres años y medio.

Que maravilloso que el eterno Dios Triuno todopoderoso e infinito pudo entrar en el vientre de la virgen María para nacer de ella y ser un hombre típico y vivir, andar y trabajar sobre la tierra por treinta y tres años y medio. El mismo Dios todopoderoso que creó los cielos y la tierra con millones de cosas se hizo un hombre y vivió en la tierra como un pequeño hombre treinta y tres años y medio para ser perseguido, despreciado, rechazado y aborrecido por Sus criaturas. Esto significa que El pasó por un proceso, y por medio de Su proceso El ha sido consumado como el Dios Triuno procesado y consumado. Tal Dios constituye la Nueva Jerusalén, y nosotros estamos mezclados con El como una sola entidad.

La Nueva Jerusalén es una gran señal pues el libro de Apocalipsis es un libro de señales. Apocalipsis 1:1 dice que la revelación allí contenida es dada a conocer por señales y símbolos con significado espiritual. Los siete candeleros son señales que representan las siete iglesias (1:20). El Cordero representa a Cristo como el Dios redentor (5:6). El Señor Jesús no es un cordero literal con cola y cuatro patas. El Cordero es una señal. De la misma manera, la Nueva Jerusalén en su totalidad es una señal que representa la consumación máxima de la economía de Dios. Nosotros necesitamos señales porque un cuadro es mejor que mil palabras. Es muy difícil describir cómo es una persona, así que la mejor manera es tener una fotografía de ella. La Nueva Jerusalén en la Biblia es una “fotografía” de todos los secretos, todos los misterios, de la economía de Dios.

Dios en Su economía no cumpliría nada meramente por Sí mismo. En Su economía El determinó hacerlo todo en la humanidad y con la humanidad. La vieja creación fue producida en seis días; no obstante, para que Dios realice Su economía de obtener la Nueva Jerusalén, El se toma por lo menos siete mil años. Requiere tanto tiempo porque El necesita al hombre. El necesita la cooperación humana.

Fuimos atrapados por el Señor para llevar a cabo Su economía. Hace muchos años, yo me esforzaba por obtener la mejor educación. Yo sabía que, humanamente, la educación era mi futuro. Una tarde, estando en mi pueblo natal, escuché a una joven predicar el evangelio en un gran salón a una audiencia de más de mil personas. Yo tenía diecinueve años y ella veinticinco. Tenía curiosidad de escuchar lo que ella iba a decir. En esa reunión, siendo un joven lleno de ambiciones, fui cautivado, “atrapado”, por el Señor Jesús. Mientras caminaba de regreso a casa, consagré toda mi vida y mi futuro al Señor. Le dije que quería ir a todos los pueblos a predicar a Cristo. Fui “atrapado” por El.

Mientras este empresario, el Dios Triuno, está en vías de lograr Su economía, El pasa por la tierra, y por aquí y por allá El nos gana para obtener el deseo de Su corazón. El nos redimió, nos lavó, nos justificó y nos reconcilió consigo mismo. Nos regeneró al entrar en nosotros de una manera secreta. Cuando oímos el evangelio, nos arrepentimos de nuestros pecados y creímos en Cristo, no estábamos conscientes de que Dios había entrado en nosotros. Sin embargo fue precisamente eso lo que sucedió cuando fuimos regenerados. Desde entonces, El nos ha estado santificando, renovando, transformando y conformando a la imagen del Hijo primogénito de Dios. Mientras estamos en este proceso, estamos esperando el tiempo cuando El vendrá a glorificamos. Cuando El nos glorifique, introducirá nuestro ser en Su gloria para hacernos absolutamente iguales a El en todo aspecto. Por supuesto, no tenemos ni tendremos Su deidad para que las personas nos adoren. No merecemos ninguna adoración, pero sí tenemos la vida de Dios (1 Jn. 5:12) y Su naturaleza (2 P. 1:4). Somos santos como El; somos espirituales y divinos igual que El. Nosotros los cristianos regenerados somos tanto humanos como divinos. Como humanos y divinos llegamos a ser parte de la Nueva Jerusalén. Esta es la manera que Dios usa para consumar Su economía, para completar Su maravillosa obra maestra, la Nueva Jerusalén.

La composición y el diseño divinos de la Nueva Jerusalén son maravillosos. El oro representa a Dios en Su naturaleza divina, y todo el monte de la Nueva Jerusalén es oro (Ap. 21:18). Dios en Su naturaleza es la base del edificio de la Nueva Jerusalén. La ciudad también es edificada con piedras preciosas. El fundamento de la ciudad tiene doce cimientos de piedras preciosas (vs. 19-20). Sobre estos doce cimientos están los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero (v. 14). Los doce cimientos del fundamento tienen la apariencia de un arco iris, que significa que la ciudad es edificada y afirmada por la fidelidad de Dios en guardar Su pacto (Gn. 9:8-17) y que el fundamento de la ciudad es confiable y verdadero.

La ciudad también tiene doce puertas de perla (Ap. 21:21). Las perlas son producidas por las ostras de las aguas de muerte. Cuando una ostra es herida por un grano de arena, segrega el jugo de su vida alrededor del grano de arena convirtiéndolo así en una perla preciosa. Esto describe a Cristo como Aquel que vive, quien entró en las aguas de muerte, siendo herido por nosotros, y segregó Su vida sobre nosotros para hacer de nosotros perlas preciosas para el edificio de la expresión eterna de Dios.

La Nueva Jerusalén no sólo es una composición sino también una constitución de Dios y el hombre. Dios ha venido a ser la constitución intrínseca del hombre, y éste a su vez ha venido a ser parte de la constitución de Dios. Dios mora en el hombre, y el hombre mora en Dios. Dios y el hombre moran mutuamente el uno en el otro. Finalmente, la Nueva Jerusalén es un mezcla de Dios y el hombre. En todo el universo, habrá un gran cubo, la Nueva Jerusalén, la cual será la mezcla de la divinidad con la humanidad.

1. LOS QUE COMPONEN LOS VENCEDORES

La composición de los vencedores es de diferentes categorías, es decir, diferentes clases de vencedores.

A. Los vencedores que, en el quinto sello, claman al Señor pidiendo que los vengue, abarcan a todos los mártires desde Abel hasta los que mueran como mártires antes del quinto sello

Apocalipsis 6:9-11 revela que, en el quinto sello, los vencedores claman al Señor pidiendo venganza. Este grupo de vencedores comprende a todos los mártires desde Abel hasta los que lo sean antes del quinto sello. Hoy estamos en los primeros cuatro sellos. Un quinto sello aún no ha venido, pero puede venir pronto. En los tiempos del Antiguo Testamento, hubo muchos mártires que se sacrificaron y murieron por los intereses del Señor (He. 11:35-38). Ellos fueron vencedores en el Antiguo Testamento. Después, en el Nuevo Testamento, desde el tiempo de los primeros apóstoles hasta nuestro tiempo ha habido muchos mártires más. A lo largo de diecinueve siglos de historia de la iglesia, muchos santos fieles han muerto como mártires. Algunos no fueron martirizados físicamente sino sicológicamente. Fueron martirizados en su alma, su psique: la parte emotiva, la mente y la voluntad. Cada día nosotros los que amamos a Jesús pasamos por cierta clase de martirio. Cuando sea el tiempo del quinto sello, habrá muchos vencedores clamando al Señor pidiendo venganza. El clamor que hacen al Señor provocará el sexto sello, el cual será el principio mismo de la gran tribulación.

B. El Hijo varón que la mujer universal da a luz

La segunda categoría de vencedores será el Hijo varón que la mujer universal da a luz (Ap. 12:1-5). La mujer universal es la totalidad del pueblo de Dios. Del pueblo de Dios nacerá el hijo varón. El hijo varón comprende los mártires que clamaron en el quinto sello y los mártires adicionales hasta antes de la gran tribulación. Desde el quinto sello hasta el principio de la gran tribulación hay un tiempo muy corto. Sin embargo, a pesar de que es un tiempo corto, habrá muchos mártires. Estos mártires serán incluidos en el hijo varón. Así que el hijo varón es un grupo más grande que el de los que claman al Señor en el quinto sello. El hijo varón resucitará y será arrebatado al trono de Dios antes de los tres años y medio de la gran tribulación (vs. 4b-6).

C. Los ciento cuarenta y cuatro mil vencedores que estarán vivos

Apocalipsis 14:1-5 habla de los ciento cuarenta y cuatro mil vencedores que habrán quedado vivos y que son arrebatados, antes de la gran tribulación, al monte de Sión que está en los cielos delante del trono de Dios como primicias para Dios y para el Cordero (Ap. 14:1-5). El Hijo varón estará constituido de los vencedores que murieron como mártires, los cuales resucitarán y serán arrebatados al trono antes de la gran tribulación. Las primicias para Dios y para el Cordero serán los vencedores vivos, que sin duda sufren una vida de padecimiento bajo la crucifixión de Cristo, por medio de la muerte de Cristo. Antes de la gran tribulación, también ellos serán arrebatados. Ellos no necesitarán resucitar, porque nunca habrán muerto. Todos los vencedores martirizados y resucitados, y los vencedores vivos serán arrebatados y llevados al tercer cielo antes de la gran tribulación para disfrutar al Señor como la estrella de la mañana (Ap. 2:28). Cristo en Su segunda venida será la estrella de la mañana para los vencedores que velan por Su regreso. Para todos los demás El aparecerá sólo como el sol (Mal. 4:2).

D. Los mártires que mueran durante la gran tribulación

Apocalipsis 15 habla de los mártires en la gran tribulación bajo la persecución del anticristo, los cuales resucitarán y serán arrebatados cerca del fin de la gran tribulación, y estarán sobre el mar de vidrio (vs. 2-4; 13:7a). El mar de vidrio mezclado con fuego es un símbolo del lago de fuego, por lo tanto, estos mártires estarán de pie sobre el lago de fuego. Ellos son los vencedores tardíos que pasarán por la gran tribulación y vencerán al anticristo y la adoración a él. Ellos serán martirizados bajo la persecución del anticristo, y después resucitarán para reinar con Cristo en el milenio (20:4).

Cuando el Hijo varón y las primicias sean arrebatados al tercer cielo, muchos creyentes serán dejados en esta tierra ya que no habrán madurado. Esto indica que ellos vivieron una vida sin mucho crecimiento en Cristo, por lo tanto serán dejados en la tierra y pasarán por la gran tribulación. Eso será su trato, su prueba, y los ayudará a dejar el mundo. Supongamos que un hermano ama al Señor, pero todavía ama al mundo. Cuando venga la gran tribulación y los vencedores sean arrebatados, ¿cree usted que tal hermano seguirá amando al mundo? Es posible que clame: “Señor Jesús, ¿por qué me dejaste aquí? Tal hermano que estuvo sirviendo conmigo por muchos años ha sido arrebatado, pero yo todavía estoy aquí Indudablemente”, este hermano se arrepentirá ante el Señor, volviéndose a El de una manera desesperada. No querrá ser dejado en la tierra hasta el último día de la gran tribulación. Esto producirá su madurez.

La resurrección y el arrebatamiento de la mayoría de los santos ocurrirá casi al final de la gran tribulación. Algunos de ellos recibirán una recompensa porque habrán madurado por medio de la gran tribulación. Después de este arrebatamiento, el Señor establecerá Su tribunal en el aire para juzgar a todos los creyentes (2 Co. 5:10). Los creyentes o serán recompensados con el reino por mil años o bien irán a las tinieblas de afuera para ser disciplinados (Mt. 25:21, 23, 30).

E. Los dos testigos que mueren como mártires,

resucitan y son arrebatados

y llevados a los cielos en las nubes

al final de la gran tribulación

Apocalipsis 11:3-12 nos muestra que los dos testigos serán martirizados, resucitados y arrebatados a los cielos en la nube al final de la gran tribulación. Estos dos serán Moisés y Elías, los testigos vivos de Dios. Moisés, quien representa la ley, y Elías, quien representa a los profetas, dieron testimonio de Dios. Ellos serán muertos por el anticristo, y sus cadáveres estarán en la calle por tres días y medio. Después, resucitarán y serán arrebatados ante los ojos de sus perseguidores. Como los vencedores, los dos testigos serán recompensados y estarán en el reino. Moisés y Elías aparecieron delante del Señor en el monte de la transfiguración (Mt. 17:1-3). Eso fue una miniatura de la manifestación del reino.

En esta comunión podemos ver que los vencedores son aquellos que viven la vida de un mártir. Ser martirizado es glorioso. Al principio de este siglo, durante la Rebelión de los Boxeadores en China, muchos cristianos fueron martirizados. Un hombre me contó la historia de una joven que fue martirizada durante ese tiempo. Un día, él estaba trabajando cuando los Boxeadores pasaron con sus grandes espadas marchando en desfile de una manera amenazante. El observó por la rendija de la puerta y los vio que llevaban a una joven cristiana a la muerte. Ella, en vez de estar asustada, cantaba y alababa al Señor. Cuando este hombre la vio, se conmovió y dijo para sí que debía de haber algo especial en ser cristiano. Por esta razón, él indagó acerca de esa “religión extranjera” de ser cristiano, y el Señor lo salvó. En realidad, él fue salvo por medio de la joven mártir. Con el tiempo, él abandonó sus negocios y llegó a ser un predicador viajero. Cuando yo estaba en Chifú, él me contó la historia de cómo había sido salvo y cómo había llegado a ser un ministro de Cristo. Esta joven mártir, por medio de quien él había sido salvo, era una verdadera vencedora.

II. LA CONSUMACION FINAL DE LOS VENCEDORES

Ahora queremos ver la consumación final de los vencedores. Necesitamos ver lo que alcanzan y logran los vencedores.

A. Son manifestados como un vencedor corporativo después de ser arrebatados

Finalmente, todos los vencedores serán manifestados como un vencedor corporativo después de ser arrebatados. Después de ser arrebatados, todos ellos llegarán a ser una sola entidad. Ellos son verdaderamente edificados juntos. Esto se puede probar por medio de dos cosas. Primero, todos los vencedores llegan a ser una novia para Cristo (Ap. 19:7-9). Cristo no tendrá muchas novias, sino una sola, la cual está constituida de todos los vencedores. Esta es una prueba de que todos los vencedores llegarán a ser uno. Segundo, ellos llegarán a ser el ejército celestial para seguir a Cristo a fin de derrotar al anticristo y sus seguidores (vs. 11-21). Todos los vencedores primero llegan a ser la novia, y después de su boda con Cristo, la novia llega a ser el ejército. Todos los vencedores son realmente uno.

Esto significa que hoy, en esta era antes del arrebatamiento, tenemos que aprender la lección de cómo ser uno y cómo coordinar uno con otro sin opiniones. Debemos rechazar nuestra opinión y ocuparnos solamente de nuestro crecimiento en Cristo, de nuestra transformación en Cristo, y de nuestra edificación en Cristo. Si somos tales personas, la vida de la iglesia será placentera para nosotros. Cuando somos personas rectas, todo es correcto y placentero para nosotros. Pero cuando no lo somos, no estamos contentos y todo irá mal, y nada será placentero para nosotros. Cuando estamos bien en una situación vencedora, nos gustan todas las cosas y todas las personas, y las situaciones no son problema para nosotros. Hoy en la vida de la iglesia, aquellos que condenan y critican a otros son personas erradas. Si alguien nos dice algo negativo acerca de la iglesia, de los ancianos, del ministerio, o de los hermanos y hermanas, tenemos que darnos cuenta de que esa persona es una persona errada. Debemos alejarnos de tales personas (Ro. 16:17). De otro modo, seremos contaminados. En esta era tenemos que aprender la lección de coordinar con todos los que aman a Cristo. Luego, después de ser arrebatados, estaremos preparados para caminar en armonía con otros, y seremos una sola entidad como la novia de Cristo y como el ejército de Cristo.

B. Son recompensados ante el tribunal de Cristo

Los vencedores serán recompensados en el tribunal de Cristo (2 Co. 5:10; Ap. 11:18c). Cristo juzgará a Sus creyentes no con respecto a su salvación eterna, sino a su recompensa dispensacional (1 Co. 4:4-5; 3:13-15).

C. Son la novia que se casa con el Cordero

Los vencedores también serán la novia que se casará con el Cordero (Ap. 19:7-9).

D. Son el ejército del Cordero

Ellos también serán el ejército del Cordero (Ap. 17:14; 19:14). Según Joel 3:11, ellos vendrán como los poderosos junto con Cristo para derrotar al anticristo y a sus ejércitos (Ap. 19:19-21), a fin de poner término a la gran tribulación y a la era actual. No debemos ser aquellos que amen esta era, porque necesitamos llegar a ser los que le ponen fin. Los vencedores vendrán con Cristo para poner fin a la era actual, malvada y horrible.

Podemos apresurar el regreso del Señor y concluir esta era siendo vencedores y permaneciendo firmes contra la corriente y el curso de toda situación y ambiente en esta tierra.

A. Traen el reino de Dios y de Cristo

Cuando concluyamos la gran tribulación y esta era, traeremos el reino de Dios y de Cristo (Ap. 11:15; 20:4, 6). El reino no vendrá espontáneamente por sí solo; vendrá cuando nosotros lo traigamos.

F. Heredan el reino de Dios y de Cristo en el pleno disfrute de la vida eterna

Los vencedores heredarán el reino de Dios y de Cristo en el pleno disfrute de la vida eterna (Mt. 5:20; 19:23-30; 1 Co. 6:9-10; Gá. 5:19-21; Ef. 5:3-5; 2 P. 1:11). Primero, ellos traen el reino, y después lo heredan. Ellos serán los reyes juntamente con Cristo (Ap. 20:4, 6; Mt. 19:28). Cristo será el líder de los reyes, y los vencedores serán los correyes para reinar juntamente con El. Los vencedores también serán sacerdotes de Dios y de Cristo en el milenio (Ap. 20:6; 22:3b) para disfrutar la autoridad de gobernar sobre las naciones (Ap. 2:26-27; 12:5). Con respecto al hombre, los vencedores serán los reyes. Con respecto a Dios y a Cristo, ellos serán los sacerdotes. ¡Qué bendición!

G. Son la Nueva Jerusalén,

la novia de Cristo por mil años,

en su etapa inicial y fresca

Lo que Dios desea es la Nueva Jerusalén, la cual será la totalidad de los vencedores. Finalmente, todos los vencedores serán la Nueva Jerusalén, como la novia de Cristo, por mil años, en su etapa fresca e inicial. Esos mil años serán contados como un día (2 P. 3:8), el día de bodas. Esto será la etapa inicial y fresca de la Nueva Jerusalén como novia de Cristo.

Los vencedores también serán la Nueva Jerusalén como el Paraíso de Dios en el reino milenario (Ap. 2:7). Esta novia será el Paraíso de Dios. Estas tres cosas son una: la novia, la ciudad y el Paraíso de Dios.

Los vencedores brillarán como la luz del sol en el reino de su Padre en la parte celestial del milenio (Mt. 13:43; cfr. Dn. 12:2-3, 13). El milenio tendrá dos partes: la parte celestial y la parte terrenal. Los israelitas salvos que se arrepentirán al regreso del Señor (RO. 11:26-27; Zac. 12:10; Ez. 36:25-28) serán sacerdotes en la parte terrenal (Zac. 8:20-23; Is. 2:2-3), el cual será el reino del Hijo del Hombre (Mt. 13:41; Ap. 11:15); mientras que los creyentes vencedores estarán en la parte celestial brillando como el sol en el reino de su Padre. Por mil años, los vencedores brillarán, y esta luz será el mismo Dios Triuno (1 Jn. 1:5).

H. Culminan y completan en plenitud

la Nueva Jerusalén, que es el tabernáculo de Dios

y la esposa de Cristo en el cielo nuevo

y la tierra nueva por la eternidad

Con el tiempo, la Nueva Jerusalén tendrá su consumación y será completada en una manera plena, como tabernáculo de Dios y esposa de Cristo en el cielo nuevo y la tierra nueva por la eternidad (Ap. 21:1-3, 9-10). En el reino de mil años, la Nueva Jerusalén estará compuesta sólo de los vencedores. Además de los vencedores habrá un gran número de santos inmaduros, pero después del reino de mil años, todos los creyentes serán madurados. El Señor tiene una manera de hacer que todos los creyentes maduren. Si no maduramos en esta era, maduraremos en la siguiente. Sin embargo, el proceso para madurar en la era venidera será muy severo. Al final, todos los creyentes se unirán a los vencedores para hacer la Nueva Jerusalén más grande de lo que fue en los mil años del reino. Eso culminará y completará la Nueva Jerusalén, como tabernáculo de Dios y esposa de Cristo, en una manera plena, en el cielo nuevo y la tierra nueva por la eternidad.

En la eternidad, la Nueva Jerusalén será la esposa de Cristo. En el día de bodas, la esposa es la novia; pero después del día de bodas ya no es la novia sino simplemente la esposa. Los creyentes que no venzan en esta era, participarán de la Nueva Jerusalén como la esposa, sin embargo, no participarán de ella como la novia porque madurarán muy tarde. La Nueva Jerusalén en la eternidad futura será la totalidad de todos los santos perfeccionados y madurados en la vida divina mediante la disciplina de la era del reino (Ap. 21:2, 12, 14). Esto tendrá como fin la expresión eterna, del Dios Triuno procesado, en todos los santos tripartitos regenerados, transformados y glorificados, con ellos y por medio de ellos, en la eternidad (Ap. 21:10-11).

I. Culmina finalmente la economía eterna

del Dios Triuno en Cristo,

mediante el Espíritu consumado

Los vencedores culminarán finalmente la economía eterna del Dios Triuno en Cristo, mediante el Espíritu consumado. Esto se comprueba en Apocalipsis 22:17, que dice: “El Espíritu y la esposa dicen: Ven!” La novia es los vencedores, y el Espíritu es el Dios Triuno consumado. Esta es la consumación máxima de toda la economía de Dios, y esta consumación consta de los santos glorificados casados con el Dios Triuno procesado y consumado.

J. Participan del pleno disfrute del Dios Triuno procesado y consumado

Los vencedores participarán del pleno disfrute de Dios Triuno procesado y consumado, en comunión con todos los santos redimidos y glorificados por los siglos de los siglos. En el reino de mil años, los vencedores estarán alegres, pero sin lugar a dudas echarán de menos a sus parientes espirituales, los demás hermanos y hermanas en Cristo. Pero después de los mil años, todos los creyentes serán madurados y serán incluidos entre los vencedores como la Nueva Jerusalén por la eternidad. Entonces disfrutaremos al Dios Triuno en comunión con todos los santos que vivieron en todas las edades, y seremos la Nueva Jerusalén para estar siempre en la gloria de Dios como Su expresión y para Su satisfacción. En este capítulo hemos visto la Nueva Jerusalén. Nuestro “sueño” es llegar a ser la Nueva Jerusalén como consumación máxima de los vencedores y como consumación de la economía de Dios.

UNA PALABRA DE CONCLUSION

En la escena universal hay dos personajes principales:

Dios y el hombre. Hay millones de seres inertes y orgánicos, que pueden considerase como decoración para el universo. Dios ama la belleza porque El es un Dios de belleza. Los seres vivos y la vida vegetal son hermosos. Dios no creó un cielo vacío y una tierra estéril, sino un universo hermoso. Todo indicio de belleza en el universo fue creado por Dios y puede considerarse la decoración que Dios le puso, pero lo principal del universo son dos personas: Dios y el hombre.

Si quitáramos a Dios y al hombre, el universo en su totalidad carecería de historia. El universo tiene una historia, que comenzó con la creación del hombre, de unos seis mil años. La verdadera historia del universo en su totalidad trata de Dios con el hombre y dentro del hombre. El Antiguo Testamento, desde Génesis hasta Malaquías, es la historia de Dios con el hombre. Génesis 1 dice que Dios creó al hombre, y Malaquías 4 dice que Dios vendrá al hombre como el Sol de justicia trayendo sanidad en Sus alas (v. 2). El Sol disipa todas las tinieblas, y la sanidad pone fin a todas nuestras enfermedades. En la era de restauración tendremos al Dios único como nuestro Sol y nuestra sanidad. Todo será restaurado por Su sanidad y Su resplandor. Cuando El resplandece y sana, nosotros somos restaurados.

La historia del universo en su totalidad es la historia de Dios con el hombre en el Antiguo Testamento, pero esto no es la consumación máxima. También tenemos el Nuevo Testamento. En éste vemos más de la historia de Dios. Ahora este Dios no está meramente con el hombre; El está dentro del hombre. El primer capítulo de Mateo nos dice cómo El entró en el hombre. El fue concebido en el vientre de una virgen. El era el Creador, quien llamó a las cosas, y éstas existieron. En la antigua creación El habló y las cosas comenzaron a ser. Cuando El dijo:

“Sea la luz”, hubo luz (Gn. 1:3). Esta es la manera en que El crea. Pero en el Nuevo Testamento, El fue concebido en el vientre de una virgen y estuvo allí nueve meses.

Mateo 1:20 dice: “lo que en ella es engendrado del Espíritu Santo es”. Dios fue engendrado en María mediante el Espíritu. Aquello que había sido engendrado en María era Dios. Dios se engendró allí, y estuvo allí exactamente nueve meses. Esto fue en verdad un gran paso. Cuando El creó el universo, sólo tardó seis días. Pero entrar en el hombre no era tarea fácil. Entrar en el hombre significaba unirse con el hombre y ser uno con él.

Dios tiene la vida divina, la vida increada, y el hombre tiene la vida humana, la vida creada. ¿Cómo podrían estas dos vidas ser una sola, y cómo podrían tener un solo vivir? Esta es la razón por la cual Dios entró en el hombre. El era divino y aún así, nació como humano. Nadie puede agotar el estudio de esta Persona maravillosa. ¿Quién es El? El es Dios, pero es más que Dios; también es hombre. El es el Dios completo y el hombre perfecto. Nosotros tenemos que llamarle el Dios-hombre. La expresión Dios-hombre tiene muchas implicaciones. El es nuestro Dios, nuestro Salvador, nuestro Redentor, nuestro Señor y nuestro Amo; El es maravilloso y está muy por encima de nuestro entendimiento natural.

En Mateo 1 podemos ver cómo el Dios único se hizo hombre. Su nombre era Emanuel, que quiere decir Dios con nosotros ( v. 23). El era Dios con el hombre. Entonces El vivió en esta tierra, y pasó por una muerte maravillosa, sustitutiva y todo-inclusiva para poner fin a todas las cosas negativas del universo. Su muerte también fue una muerte que liberó la vida. En Su muerte El se liberó a Sí mismo de la cáscara humana con la que estaba vestido. Su resurrección fue una resurrección que impartió vida. En ella El llegó a ser el Espíritu vivificante (1 Co. 15:45) para dar el segundo paso de entrar en el hombre.

En el primer paso, la encarnación, El entró en el hombre con la esencia divina, para introducir a Dios en el hombre, pero con el segundo paso, la resurrección, El entra en el hombre con dos esencias, la esencia divina y la esencia humana. Una esencia que es una mezcla de divinidad y humanidad entra en el hombre. Cuando El entró en nosotros en el segundo paso, todos los aspectos de Su persona y obra estaban incluidos. Cuando El entró en nosotros, el Dios completo y el hombre perfecto entraron en nosotros con el vivir humano, la crucifixión, la resurrección y la ascensión. Cuando nosotros nacimos de nuestros padres humanos, no sabíamos todas las cosas que habíamos recibido genéticamente. Del mismo modo, cuando fuimos regenerados, cuando Dios entró en nosotros, no nos dimos cuenta de que muchas cosas maravillosas entraron en nosotros. Cuando le damos a Cristo el primer lugar, y le consideramos nuestro primer amor, crecemos en El. Es por nuestro crecimiento en vida que empezamos a entender lo que hemos heredado en nuestro nacimiento divino.

En el proceso de vivir la vida cristiana, he descubierto muchas cosas, no sólo por mi propia experiencia sino también por la revelación de la Santa Biblia. En la economía de Dios hay tres factores cruciales: Dios, el hombre y la Biblia, la cual revela la historia de Dios en Su unión con el hombre. En la Biblia hemos visto que el Dios único desea ser forjado en el hombre y hacerse uno con él. El vive en el hombre, y el hombre vive en El. Las dos entidades tienen un solo vivir.

El apóstol Pablo dijo que nuestro hombre exterior se consume, pero que nuestro hombre interior se renueva de día en día (2 Co. 4:16). Consumirse significa menguar, y ser renovado significa aumentar. El viejo hombre decae, es reducido, y el nuevo hombre aumenta. Nuestro hombre interior es renovado con Dios. Esto significa que el propio Dios Triuno se está forjando en nosotros. Si estamos dispuestos a recibir Su obra, a decir “sí” a Su obra, seremos vencedores.

Los vencedores disfrutan a Dios quien está en ellos como gracia para que ellos le disfruten. El resultado, el producto, consiste en que el Dios Triuno es forjado en el hombre tripartito, y se mezcla con él, para hacerle una sola persona, una sola entidad, con Él. La Nueva Jerusalén, que es la totalidad de todos los vencedores, es una mezcla divina del Dios Triuno procesado y el hombre tripartito redimido y transformado, una mezcla de lo divino y lo humano, lo cual da por resultado una persona universal, corporativa y misteriosa. Esta es la conclusión de toda la Biblia y de la historia de Dios, primero con el hombre y luego dentro del hombre.

En todo el universo los elementos cruciales son Dios y el hombre, junto con la revelación divina de Dios, que es la Biblia. Al final de la revelación divina, todos los escogidos y redimidos de Dios serán absolutamente uno en el Dios Triuno. El es tres pero es singularmente uno, así que en el Dios Triuno, el Dios tres uno, todos llegaremos a ser uno solo. La conclusión de la revelación divina es la Nueva Jerusalén, que es el Dios Triuno procesado y consumado, forjado en el ser tripartito que Dios creó, haciendo que el Dios Triuno y nosotros seamos una sola entidad.

FINAL

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