Entre la espada y la pared – La Web Cristiana de Apologetica

La notificación del embargo llegó cuando menos lo esperaba, Fue una tarde de viernes. Estaba tan ocupado en pensar cómo salvar el matrimonio, que no esperaba un fallo tan rápido de la justicia.

El puerto de Valparaíso, en Chile, suele ser agitado en algunos períodos del año. Y así, como el mar turbulento, estaban sus pensamientos. Si su esposa regresaba, después de lo que creyó era un disgusto pasajero, y se encontraba con que no había ninguno de los enseres en la casa, las cosas se pondrían a otro precio Todo iría a parar en manos de los acreedores.

En momentos así, hasta los amigos se alejan. Nadie quiere tener tratos con perdedores. Aunque parezca duro admitirlo, es así. La mayoría, sino todos, se apartan y jamás cumplen la consabida promesa de “Te llamaré en cuanto pueda ¿De acuerdo?”.

“¿Qué hacer?”. Esa pregunta se la hizo una y otra vez, Nada parecía tener sentido. Las puertas estaban cerradas. No había una salida aparente.

Y ahora… ¿Qué hacer?

¿Qué hacer cuando nos encontramos contra la espada y la pared? ¿Cómo actuar cuando detrás están los enemigos que vienen con malas intenciones, y delante sólo hay un extenso mar?¿Qué pensar cuando no hay escapatoria?

“Los egipcios con todo su ejército, con carros y caballería, salieron a perseguir a los israelitas, y los alcanzaron a la orilla del mar, junto a Pi-hahirot y frente a Baal-sefón, donde estaban acampados. Cuando los israelitas se dieron cuenta de que el faraón y los egipcios se acercaban, tuvieron mucho miedo y pidieron ayuda al Señor”(Éxodo 14: 9, 10. versión Popular “Dios Habla Hoy”).

¡Ahí está el secreto!… Pedir ayuda a Dios.

Cuando lo hacemos, se expresan tres cosas. La primera, reconocemos nuestra incapacidad para resolver las dificultades con nuestros métodos y estrategias. Admitimos las limitaciones que nos asisten. Segundo, asumimos la necesidad de que alguien con un poder Superior, Dios, intervenga en procura de socorrernos. Generalmente estamos acostumbrados a resolver los problemas a nuestra manera, fundamentados en las capacidades que consideramos tener, y excluimos a Dios de nuestra existencia. Esa ha sido la causa del fracaso del hombre. Y en tercera instancia, lo que hacemos es reconocer el poder y soberanía de Dios. Que para Él nada hay imposible. Que todo lo puede.

Esta experiencia por la que atravesaron los israelitas cuando huían de Egipto y eran seguidos de cerca por las tropas del faraón, arroja además otras lecciones de suma importancia para nuestra vida práctica hoy.

Quien tiene fe, guarda la calma

Presa de la desesperación, los israelitas se amotinaron y hasta desconfiaron del poder de Dios. Pero Moisés salió al paso y corroboró algo que usted y yo debemos tener claro: Quien tiene fe guarda la calma en medio de las crisis: “Pero Moisés contestó: –No tengan miedo. Manténgase firmes y fíjense en lo que el Señor va a hacer hoy a los egipcios que ven. Ustedes no se preocupen. Que el Señor va a pelear por ustedes”(vv.13,14).

Una característica del cristiano debe ser su dependencia absoluta de Dios, guardando la serenidad por encima de las circunstancias. De esa manera tendremos mayor claridad para pensar. De paso, evitaríamos los errores comunes cuando actuamos con rapidez, movidos por las emociones, sin medir las consecuencias.

Si confiamos, Dios toma el control

Es probable que el problema que enfrenta le tiene al borde de la desesperación. Todo lo que ha intentado, salió mal. Como si se tratara de un experimentado ajedrecista, sabe que cualquiera que fuera la jugada, terminará en jaque mate. En condiciones así, la derrota es inevitable. Sin embargo… ¡No todo está perdido!. Si recurrimos al Señor, las cosas pueden cambiar. Si imploramos a Dios por la resolución de nuestros conflictos, Él toma control de todo, por difícil que parezca el asunto.

“Moisés extendió su brazo sobre el mar, y el Señor envió un fuerte viento del este que sopló durante toda la noche y partió el mar en dos. Así el Señor convirtió el mar en tierra seca, y por tierra seca lo cruzaron los israelitas, entre dos murallas de agua, una a la derecha y otra a la izquierda”(vv.21, 22).

Nuestro amado Dios obra maravillas, aun cuando las condiciones indican que es poco previsible. Ese hecho se repite una y otra vez en la Biblia. Nuestro Señor viene en ayuda cuando todo alrededor se puebla de densos nubarrones. Él responde. No estamos solos.

Probablemente le falta algo…

…Sí, quizá no ha recibido al Señor Jesucristo como su único y suficiente Salvador. Es fácil. Sólo basta que haga una sencilla oración, allí frente al computador. Dígale: “Señor Jesucristo, reconozco que he pecado, que en la cruz moriste por todos mis errores presentes y pasados y me ofreces comenzar una nueva vida. Entra en mi corazón y haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Gracias. Amén”.

Si hizo la oración, lo felicito. Su vida no será la misma desde hoy. Ahora le aconsejo que asuma dos hábitos en su vida diaria. La oración y la lectura progresiva de la Biblia. Puede ser unos cuantos versículos por vez. Luego irá aumentando.

También le sugiero que se acerque a la congregación cristiana más próxima a su residencia. Dígale al pastor la decisión que hizo por Jesucristo. Si tiene alguna inquietud, sugerencia o quizá duda, escríbame, por favor:

Ps. Fernando Alexis Jiménez

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Página en Internet: http://www.adorador.com/heraldosdelapalabra

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