El Sacerdocio – La Web Cristiana de Apologetica

El autor del libro de Hebreos en el capitulo 7, versículo 11, dice: “Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico, ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?”; el autor del libro, hace una reflexión, si el sacerdocio humano fuera lo suficientemente capaz, no solo para tapar el pecado de los hombres, si no quitarlo del mundo, ¿qué necesidad hay de un sacerdote divino o eterno?, ¿que necesidad hubo que Jesús haya muerto en la cruz, pasando por una verdadera tribulación, sí con un humano se hubiese solucionado el problema?. Dios que es la perfección, todo lo hace perfecto, fue necesario el sacerdocio levítico, pero es más importante un sacerdocio eterno, y para ello era necesario alguien eterno y a través de juramento. “Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para SIEMPRE” (Salmo 110:4).

El hombre viene de la eternidad, está un lapso pequeño de tiempo, en el tiempo, y regresa a la eternidad; este regreso antes de Cristo, era opacado por el pecado; el hombre estaba condenado al seol, era imposible cumplir la ley, y por “Cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23); pero el proyecto de Dios cuando hizo al hombre, no fue para que el hombre terminara en el seol, sino para que el hombre fuera feliz, felicidad que solo la produce un sacerdote que sea el conducto para llegar a Dios, y que esté constantemente intercediendo por el hombre; pero que además fuera santo, inocente, sin mancha, apartado del pecado y hecho más sublime que los cielos (Hebreos 7:25-26). Cristo Jesús llena el perfil de tal sacerdote, que no tiene necesidad, como los otros sacerdotes, de ofrecer sacrificios todos los días (Hebreos 7:27); porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres, pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para SIEMPRE (Hebreos 7:28).

CONCLUSIÓN:

Jesucristo, el sumo y único sacerdote, el que depositó su sangre en el propiciatorio celestial, está esperando que acudas a Él, para conducirte a Dios; no hay otro, los falsos maestros y los falsos profetas abundan, pero son mortales, no tienen entrada en el lugar Santísimo del cielo, ni dejan entrar a los que quieren entrar Mateo 23:13), no te confundas, solo Cristo es el camino al Padre Celestial, es quien intercede por ti día y noche, es quien está esperando que le abras las puertas de tu corazón, para que entre a cenar contigo, y tú cenes con Él. (Apocalipsis 3:20).

Manuel Bolivar

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