El camino de los discapacitados – La Web Cristiana de Apologetica

EL CAMINO DE LOS DISCAPACITADOS.

Gloria Munizaga Schivo*

Las actitudes de la sociedad frente a los discapacitados son muchas y variadas. Hay personas que sienten un amor dañino hacia ellos porque es mezcla de compasión y lástima, lo cual es percibido y no favorece el desarrollo del discapacitado y su normalización. Las intenciones pueden ser buenas, pero no es la actitud más adecuada. En otra cara de la misma moneda están las actitudes de quienes, por ignorancia o indiferencia, rechazan abiertamente y también discriminan a estas personas. Sí, por sobre todo son personas, una persona con alma, cuerpo y psiquis, que siente y tiene necesidades propias de todo ser humano.

Estas actitudes son producidas en la gente por medios de comunicación y por la falta de información sobre el tema, el cual no es abordado, de modo que la opinión pública pueda conocer realmente qué es la discapacidad en profundidad y cómo relacionarse empáticamente con ellos, dándoles su lugar como lo que en primera instancia son: personas. Desde un punto de vista humanista es aquel ser humano que puede ser diferente a usted o a mi, ya que nadie es igual a otro y donde cada uno merece respeto y un trato igualitario. Para el enfoque cristiano, el discapacitado es un ser creado por Dios y Él le ama como a todos los demás y también es nuestro prójimo. Ambos enfoques apuntan, aunque por caminos muy disímiles, a la plena aceptación e integración de la persona discapacitada.

Dios es amor y si el amor de Él está en nosotros, este amor nos llevará a comportarnos con estas personas como corresponde a alguien que ama a Dios, porque si amamos a Dios ¿cómo no amaremos a los discapacitados, que son creación de Él? Nadie puede realmente darlo si primero no ha recibido en su corazón el amor de Dios. Si queremos amar a los discapacitados, busquemos la fuente de amor y total aceptación, a Aquel que no hace ningún tipo de discriminación, porque ante Él todos somos iguales. Además Dios mira detenidamente nuestros corazones, no nuestra apariencia.

Toda persona, sin importar su condición física ni social, tiene algo valioso que entregar a los demás. Los discapacitados tienen ese tesón, ganas de vivir, espíritu de superación y solidaridad, de la cual muchas veces los “capacitados” carecemos notablemente.

Aprendamos en nuestra convivencia lo que necesitemos aprender de ellos; no nos privemos de esta enriquecedora experiencia, donde todos aprenderemos algo del otro.

Todas los seres humanos tienen limitaciones y capacidades; algunas se perciben claramente mediante los sentidos, otras no son tan manifiestas y algunas ni siquiera nosotros mismos las conocemos, sólo Dios.

Pensemos un momento:

Si estuviera caminando a obscuras por un húmedo túnel sin poder salir, quizás me desesperaría, a menos que estuviera un ciego a mi lado y seguramente él se adaptaría mejor a la situación que yo y tal vez tendría más paciencia para buscar una salida, ya que él utilizaría otros sentidos, mas que la vista de aquel tenebroso túnel.

Si estuviera en un lugar muy ruidoso y no entendiera lo que sucede a mi alrededor, tal vez me dolería la cabeza y trataría de salir lo más pronto posible. Mas si una persona sorda estuviese a mi lado, ella podría explicarme qué sucede, porque podría leer los labios y pondría más atención que yo en los detalles visuales, en cosas que para mí, en medio del bullicio, pasarían desapercibidas.

Si estuviera realizando una tarea manual, que requiriese precisión y fuera monótona, seguramente me aburriría y, sin terminarla, la dejaría de lado. Una persona con síndrome de Down podría terminar la tarea por mi y, además, pasar muchas horas absorto en ella, logrando hacerla bien y sin aburrirse.

Cada mañana me levanto y camino hacia la calle; es parte de la rutina diaria. Si un día no pudiera caminar, entonces comprendería lo que realmente significa el privilegio de poder hacerlo. Aún así muchas personas en sillas de ruedas se levantan cada día animosos, porque su condición no les ha quitado la alegría de vivir.

Una comunidad cristiana debe integrar a todas las personas, sin ningún tipo de distinción social, económica ni política, mucho menos física o intelectual. Este es un largo camino con muchos obstáculos, pero no hay sendero por el cual, paso a paso, no se pueda avanzar. Depende de cada persona la postura que adoptará frente al tema de la discapacidad, ya que esto es una decisión individual.

* Gloria Munizaga Schivo es cristiana, samaritana de Corporación Resplandor y cursa actualmente el último año de Educación Diferencial con Mención en Deficiencia Mental, en el Instituto Helen Keller de Valparaíso, Chile.

MINISTERIO DEL BUEN SAMARITANO

Un apostolado al servicio de las personas discapacitadas

“Pero un samaritano…fue movido a misericordia”
San Lucas 10:33

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