El bautismo del Espíritu Santo y las Lenguas como su evidencia – La Web Cristiana de Apologetica

repetía de esta manera: “Raba, raba, divi, divi”. Aquello más se parecía a un mantra hindú que al don de lenguas.

Ministrando luego personalmente a las personas que habían pasado adelante para recibir el Espíritu Santo, al imponerles las manos y orar por ellas volvía a usar el “Raba, raba, divi, divi”. Animaba e insistía con cada uno a que soltase su lengua, a que no orara en español, y a que abriese su boca dejando que el Espíritu le diera las palabras. Por lo que pude percibir, en algunos casos hubieron quienes tras mucho esfuerzo finalmente lograron

emitir las mismas sílabas que oían de boca del ministro, lo que provocaba la satisfacción entre los que iban pasando la noticia: -¡Recibió! ¡Recibió! (¿!)

El ministro había venido acompañado de un ayudante, que también ministraba a la par de él, imponiendo las manos y orando por quienes esperaban recibir el Espíritu. La pequeña diferencia estaba nada más que en la ausencia del “Raba, raba”, ya que este colaborador se limitaba a repetir en forma muy rápida su “Divi, divi”. Al ser ministrado un joven vecino nuestro por un buen rato, parece que al fin alcanzó a balbucear el “Divi, divi”, por lo que cundió la noticia de que él “también había recibido”. Sin embargo, ni su vida cambió, ni volvió a otra reunión pese a haber sido invitado expresamente.

Basta escuchar algunas audiciones radiales, para comprobar que en las acostumbradas frases finales de predicadores –que pretenden ser lenguas-, aparece repetidamente la expresión “Rama” (“Rama kanda” usada por Héctor Aníbal Jiménez de “Ondas de Jesús”). De consultar la Enciclopedia Encarta de Microsoft, puede encontrarse lo que seguidamente copio de allí:

Rama, deidad del hinduismo venerada como la séptima encarnación de Visnú. Rama es la figura central del Ramayana, poema épico en lengua sánscrita, y representa a la persona ideal.

No concebimos que el bautismo en el Espíritu Santo con la manifestación en lenguas pueda darse en personas no convertidas, es decir, que no hubiesen recibido la Palabra, creyendo en el Señor Jesús. Quien no haya recibido al Dador de los dones no está en condiciones de recibir ninguno de los dones que El imparte. Jesucristo es el don inefable de Dios, y el Espíritu prometido habría de ser dado a los que creyesen en El. “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Ro.8:9).

Es de temer que en nuestros días y por estos lares se esté haciendo una evangelización defectuosa, donde la persona que responde a la invitación levantando su mano, luego se para, después pasa al frente, se pone de rodillas, es “ministrada” (se ora por ella imponiéndole las manos, empujándola por la frente, oprimiéndole las mejillas), y a sus espaldas ya hay un par de brazos extendidos y

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