Dios no nos abandona en la crisis – La Web Cristiana de Apologetica

Cuando recobró la conciencia, estaba en la fría habitación de una clínica, rodeada por muchos monitores, y médicos y enfermeras que corrían de un lado para otro en procura de salvarle la vida. Cerro los ojos y, de nuevo, se dejó ir. A sus catorce años de vida, estaba a las puertas de emprender el viaje sin retorno…

Afuera su abuela Luz Stella no hacía otra cosa que orar. Era la única alternativa. Minutos antes un facultativo le había dicho que no quedaban muchas esperanzas. La dosis de medicamento era muy alta. La chica podía fallecer en cualquier momento víctima de un paro respiratorio.

Las horas se sucedieron lentas y grises, una tras otra. Luz Stella atravesó todos los períodos previsibles en un estado de desesperación como el que enfrentaba. Pero no cesó de orar ni por un instante.

Ensimismada en sus pensamientos, escuchó el llamado por el altavoz. Era para los familiares de Melissa. Los requerían en la unidad de cuidados intensivos. Avanzó con pasos firmes, sin temor. Tenía fe. Nada malo podía ocurrirle a su nieta. El especialista lo confirmó. Se había salvado. Lo que restaba era esperar la recuperación. ¡Dios obro un milagro!

¿En quién ha confiado?

En los momentos de crisis, es a Dios a quien debemos volver nuestra mirada. Nadie más que Él, en su infinito poder, tiene en sus manos la posibilidad de cambiar el curso de la historia de nuestra existencia.

Las Escrituras consignan la oración de alguien que, dominado por la desesperación, volvió su mirada al Creador. Podemos leer su clamor cuando dice: “¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra… Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma.” (Salmo 121: 1, 2, 7).

El eje central de todo está en depositar nuestra confianza en el poder sin límites de nuestro Creador. Él puede obrar el milagro que literalmente es imposible para un ser humano.

Dios responde a nuestras oraciones

Cuando clamamos a Dios en procura de un milagro, hacemos dos cosas. La primera, reconocer su poder ilimitado. La segunda, confiar que El escucha nuestro clamor.

El salmista también escribe: “Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados.” (Salmos 34:4, 5).

Aquel que todo lo puede, Dios, no nos abandona a nuestra suerte. Por el contrario, responde de manera extraordinaria, liberando Su poder. No pierda la fe. Adelante. Nuestro amado Señor responderá.

Autor: Fernando Alexis Jiménez

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