Cuando la Tierra tiembla – La Web Cristiana de Apologetica

Mientras leía algunos de los capítulos que correspondían a esta semana que acaba de terminar, vino a mi mente nuestra primera experiencia con un terremoto. Como algunos de ustedes saben esto nos sucedió para el 1 de octubre del año 1987 en la ciudad de Pasadena, California. Pero esta no fue la única vez, porque a lo largo de nuestras dos estadías en ese estado experimentamos como unos 5 a 6 más de estos fenómenos. Esto sin contar lo que llaman aftershocks, que debieron ser más de 100.

Recuerdo también haber leído un artículo escrito por un siquiatra en la revista Time, donde hablaba acerca de sus experiencias con sobrevivientes de grandes terremotos. Enfatizaba este médico que de entre todos los desastres naturales que experimenta el ser humano, el terremoto es el que más daño sicológico genera y del cual toma más tiempo recuperarse. Esto es así porque nosotros/as tendemos a confiar en la tierra donde nuestros pies se apoyan. Cuando esa tierra comienza a moverse de un lado para otro de forma violenta y usted no encuentra un lugar donde apoyarse, usted no se recupera de tal experiencia con facilidad. De hecho, una compañera de clases durmió esa noche en el patio interior del edificio y esa misma semana volvió a Boston. Otro acaba de llegar y estaba durmiendo en su camper y también decidió volver a Vancouver. Ninguna de estas dos personas estaba dispuesta a estudiar en Pasadena después de haber experimentado ese fuert temblor de tierra.

I. Hay Otros Tipos Terremotos

Estas experiencias y el artículo de este siquiatra me hizo tomar conciencia de que no todos los terremotos son físicos. Algunos de estos terremotos golpean las áreas emocionales y sociales. Por ejemplo, ver el daño emocional de una persona, hombre o mujer, que ha sido violada o sodomizada (emocional). Saber que más de 100 millones de niños/as se acuestan esta noche sin tener algo que comer (social). Cuando estas personas sufren experiencias como estas, viven momentos que pueden ser comparados con un terremoto, porque los fundamentos que le brindan estabilidad a sus vidas se sacuden y no tienen de dónde sostenerse o encontrar apoyo. Algo dentro de esas almas sufre un daño del cual muchas veces no logran recuperarse.

También hay terremotos espirituales y, probablemente, estos son los peores. Cuando una de nuestras creencias fundamentales acerca de Dios se sacude experimentamos un profundo dolor, dolor del cual tampoco algunas personas logran recuperarse. Por ejemplo, después del holocausto, la fe de muchos judíos se vio impactada por ese terrible “terremoto”. Uno de los rabinos que fue entrevistado se le preguntó si después de lo vivido todavía creía en Dios. Él contestó –“Sí, pero ya no le pido nada.”

¿Qué le contestamos a alguien que nos hace una declaración como esta? ¿Qué decimos cuando alguien nos dice que el poder, la majestad y el amor de Dios no armoniza con la realidad de nuestras vidas? ¿Cómo podemos recuperar la confianza; que podemos hacer para que “la tierra deje de temblar”?

II. Sacudida en la Vida de Abraham

En el Antiguo Testamento hay una historia que nos ayuda a encontrar un fundamento firme cuando experimentamos un terremoto, nos referimos al “padre de los fieles”, Abraham.

Dios le había ordenado salir, abandonar su parentela, le prometió descendencia y su esposa era estéril. (Génesis 12). Dios hace un pacto con él y con sus descendientes habiendo pasado más de 10 años Saraí todavía no tenía el hijo prometido. (Génesis 15) Luego, veinticuatro años habían pasado cuando Dios se le presenta nuevamente y le da la señal del pacto: la circuncisión. (Génesis 17). Unos meses más tarde vuelve a visitarlo y le dice que el año próximo Saraí tendrá un hijo (Génesis 18:14) ¿Podrá Abraham creer en un Dios que lleva 25 años diciéndole lo mismo? ¿Qué haría usted si llevara ese mismo tiempo esperando el cumplimiento de una promesa, que cada año que pasa la hace más lejana e imposible de realizarse? Y esto es así, porque sus cuerpos continuaban envejeciendo.

Después de Jehová haberle anunciado que finalmente el hijo prometido llegará, decide hacerle otro anuncio a Abraham. Leamos

“Entonces el SEÑOR pensó: ‘Debo decirle a Abraham lo que

voy a hacer, ya que él va a ser padre de una nación grande y

fuerte….así que el SEÑOR le dijo:–La gente de Sodoma y Go-

morra tiene tan mala fama, y su pecado es tan grave, que aho-

ra voy allá, para ver si en verdad su maldad es tan grande co-

mo se me ha dicho. Así lo sabré.” (Génesis 18: 17,20-21)

III. Otro Terremoto se Acerca

De repente, la tierra bajo los pies de Abraham comienza a sacudirse. Dos ángeles acaban de abandonar la residencia del patriarca y se dirigen a las ciudades donde vive el único sobrino que todavía esta cerca de él. Abraham permanece conversando con Dios porque algo no anda bien. Este era el hombre al cual Dios mismo le había ayudado a rescatarlo de sus captores en el capítulo 14; ahora Dios va a destruir la ciudad donde Lot vive. ¿Cómo se puede confiar en un Dios que un momento salva y en otro mata? ¿Qué hacer cuando los fundamentos de nuestra fe en Dios se ven sacudidos de esta manera tan violenta? Estas situaciones generan grandes confusiones en nuestra mente: estamos en medio de un gran terremoto y nuestros fundamentos se desploman ante nuestros ojos.

IV. Abraham Se Acerca un Poco

“Dos de los visitantes se fueron de allí a Sodoma, pero Abraham

se quedó todavía ante el SEÑOR. Se acercó un poco más a él, y

le preguntó: ¿Vas a destruir a los inocentes junto con los culpa-

bles?” (Génesis 18: 22-23) así comenzó una conversación que parecería innecesaria porque lo que Dios va a hacer lo hace. Por eso aparece el relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra en el capítulo siguiente (19) y además el verso que nos indica que Abraham al día siguiente vio el humo que ascendía de esas ciudades ( Génesis 19:27-28) Este relato nos ayuda a apreciar con claridad que Dios no permitirá que reine la injusticia. Pero por lo pronto, escuchará primero el clamor de su hijo Abraham.

No podemos perder de vista que es Dios quien inicia todo el proceso de esta conversación cuando dijo: “Debo decirle a Abraham lo que voy a hacer…”

(Gén. 18:17) Esta es la primera vez, en todo el AT, que Dios decide argumentar con un humano acerca de una decisión que El ya ha tomado.

Lo importante es notar que ante la confusión que está generando este “terremoto” en la vida de Abraham lo que él hace como respuesta a lo que está experimentando es acercarse más al SEÑOR (cf. 18: 22-23) para hacerle una pregunta.

V. ¿Señor, Puedo Confiar en Tu Justicia?

La pregunta planteada por Abraham es la que nos revela dónde es que ha comenzado a sacudirse su fe. “¿Puedo confiar en Ti? ¿Eres justo, SEÑOR?” Este punto es uno de los fundamentos de nuestra fe porque sin justicia no hay Dios.

Otro detalle que sobresale en esta historia es que Dios no contesta directamente la pregunta de Abraham. Dios decide establecer una conversación con este hombre. Es como si le estuviera invitando a descubrir qué tipo de Dios es ÉL. “¿Qué piensas Abraham, seré yo el tipo de Dios que podría destruir a 50 justos porque estoy tan molesto con esa gente que vive en Sodoma y Gomorra?”

Vamos a utilizar la imagen de una balanza. Es como si tuviéramos esas 50 personas a un lado y la justicia de Dios al otro. En este punto la balanza está en perfecto equilibrio. Para Abraham, este era el punto de partida para medir la justicia de Dios. Dios le dice, que si hay 50 justos en esas ciudades EL no las destruiría. Aquí comenzó la conversación. El patriarca comenzaría a quitar personas de la balanza. Bajó a 45, a 40, a 30, a 20 y finalmente llegó a 10. (cf. 18: 24-32)

Dios estuvo dispuesto a equilibrar la balanza cada vez que Abraham le pidió que reconsiderara. Y no podemos perder de vista que mientras se desarrolla esta conversación los dos ángeles continúan viajando hacia las dos ciudades que van a destruir. Lo cierto es, que cuando Abraham llegó a 10 personas ya el terremoto en el corazón del patriarca había terminado. (Sólo Lot y sus dos hijas se salvaron)

VI. Abraham Protestó

Cuando el terremoto comenzó en la vida de este hombre, él protestó y Dios lo invitó a una conversación. Este hombre se acercó a Dios dudando de su justicia y cuando comienza el dialogo va descubriendo algo que está más allá de lo que él querría. Abraham descubre la misericordia de Dios–y en ese instante el terremoto cesó.

¿Qué sucede cuando oras por un enfermo y no se sana; cuándo suceden desastres que no puedes explicar, cuando muere un niño/a y no sabes qué hacer o decir a sus padres? Probablemente, aplastarás tus preguntas y poco a poco tu fe se debilitará.

¿Has oído hablar del escritor judío, Chaim Potok? En una entrevista que le hicieron, él dijo que, los cristianos/as por alguna razón que él no conoce se nos ha enseñado a no protestar, que hacer tal cosa es pecado. Indica él, que los judíos protestan. En algunas sinagogas alrededor del mundo cada sábado durante la adoración, si una persona tiene una protesta ante Dios, puede levantarse e interrumpir el servicio. Lo hace caminando hacia el frente y allí grita ante Dios y su pueblo su queja o lamento. Este acto lo realiza hasta que el rabino se acerca a él y gentilmente lo lleva a otro lugar y así se inicia nuevamente el servicio de adoración. Para los judíos, una adoración fiel incluye actos de protesta.

¿Qué te sucede cuando eres tú el que se acerca a Dios para preguntarle acerca de su justicia? Si tu y yo no aprendemos la importancia que tiene el protestar y que cuando lo hacemos Dios está más que dispuesto a escucharnos y respondernos, poco a poco la amargura y el cinismo ocuparán el lugar que le corresponde a la fe. ¿Recuerdan las palabras escritas por el recipiente del Premio Nóbel de la paz en 1986, Eliécer Weizel?

“La victoria final de Dios, hijo mío, descansa en la incapacidad

del ser humano para rechazarlo. Tu piensas que lo estas mal-

diciendo, pero tu maldición es alabanza; tu piensas que lo estás

encarando, pero lo único que haces es abrir tu corazón ante ÉL;

tú piensas que estás gritando tu odio y rebelión, pero todo lo que

estás haciendo es decirle cuánto necesitas su ayuda y su perdón.”

Conclusión

En el mes de agosto del año 1991 tres terremotos sacudieron a California en días consecutivos, el 16 hubo uno cuya magnitud fue 6.3. Al día siguiente, el 17, hubo dos cuyas magnitudes fueron 6.2 y 7.1.

En Jerusalén sucedió algo similar. Hubo uno un viernes en la tarde y otro domingo en la madrugada. El primero aconteció cuando la tierra protestó cuando su Hacedor murió. El segundo comenzó cuando este SEÑOR se levantó de entre los muertos. Dios se había acercado para escuchar nuestras protestas. Vamos, acércate que Dios quiere conversar contigo. Contigo que buscas respuestas de justicia, acércate hasta que te encuentres con su misericordia. Recuerda….cuando Abraham le insistió y le dijo:

“Por favor, mi Señor, no te enojes conmigo, pero voy a hablar

tan solo esta vez y no volveré a molestarte: ¿qué harás, en

caso de encontrar únicamente diez? Y el Señor le dijo: Hasta

por esos diez, no destruiré la ciudad. Cuando el Señor terminó

de hablar con Abraham, se fue de allí; y Abraham regresó a su

tienda de campaña.

¡Ven, acércate y dile al SEÑOR cuál es tu protesta! ÉL quiere conversar contigo.

Sermón predicado en la Iglesia Presbiteriana “Casa del Alfarero” en Ponce, PR

Domingo, 9 de enero del 2000.

Ismael González-Silva, Pastor

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