¿Cómo expresar la vida de la Iglesia? – La Web Cristiana de Apologetica

El que habitualmente aborrece, menosprecia, o tiene en poco a un hermano demuestra que el amor de Dios y la luz de Dios no están en su corazón. El V. 20 dice “20Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 21Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” Habitualmente debemos amar a todos nuestros hermanos en la fe, aunque sean difíciles. Podemos amarlo porque el amor que nos dieron no es carnal sino divino. Sólo puede amar aquel que fue amado por Dios. La base de la vida de la iglesia es el amor.

¿Por qué atendemos a los hermanos? Porque los amamos. ¿Por qué los corregimos? Porque los amamos. ¿Por qué los saludamos, ayudamos, ministramos? Porque los amamos con el amor derramado de Dios. El que posee la vida de la iglesia está obligado a expresar el amor a los hermanos.

En Juan 21 Jesús confrontó el amor de Pedro. Después de los discípulos recibieron el aliento del Espíritu y la manifestación visible del Cristo resucitado; increíblemente, poco tiempo después volvieron a su antiguo empleo de pescadores. Pedro llevó a los discípulos a pescar. En el V. 3 Pedro dijo: “Voy a pescar”, y tomando la posición de líder, Pedro arrastró a los demás a su antigua posición de pescadores. Ellos dijeron “Vamos nosotros también contigo”. ¿Qué nos enseña esto? Que Pedro quería retirarse del llamamiento del Señor, tal vez estaba desanimado. Pero el plan del Señor era restaurarlo. Hay algunos líderes que les gusta distraer a los demás de la ruta de Dios. Esto es infidelidad. La vida de la iglesia es un asunto de amor y un asunto de fidelidad, de compromiso, de sentido de pertenencia, de llamamiento.

¿Cuál lección aprendieron aquellos discípulos? El V. 3 dice que “Aquella noche no pescaron nada”. El Señor permitió que fracasaran en su fuerza humana. Al amanecer el Cristo resucitado estaba en la playa. El V. 4 dice: “4Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. 5Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. 6Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.” Después de esto, el Cristo resucitado, se dirigió a Pedro y le pregunto ¿Me amas más que éstos?. La palabra éstos tiene dos connotaciones: se refiere a los discípulos compañeros y a los peces que sacaron del mar, pues, Pedro había arrastrado a los demás hacia su antiguo trabajo, preocupado por su sustento.

¿Qué lección aprendió Pedro? Que aunque el barco y la red de Pedro son necesarios para el sustento diario, sin el Cristo resucitado nada se puede hacer, ni siquiera pescar. El Cristo resucitado había preparado su propio pescado para que Pedro comiera. Cuándo Pedro y los demás discípulos hubieron comido del sustento del Cristo resucitado, el Señor le pregunto a Pedro ¿Me amas más que a éstos? V. 15. Esta es la pregunta que el Señor también nos hace hoy. ¿Me amas más que a éstos?…negocios- carros- hijos- bienes- dones. ¿Quién es digno de seguir al Cristo resucitado? Aquel discípulo que ama al Señor por encima de todo. Si alguien dice que ama al Señor y le da más importancia habitual al deporte, a las telenovelas, a la familia, entonces no es digno de seguirlo. En algunos discípulos, el Señor perdió el primer lugar en su corazón. El amor a las cosas y a la familia no puede ni debe sobrepasar el amor por el Señor. El amor a Dios no es una expresión romántica y vacía, es algo práctico.

Juan 21:15 Pedro respondió: “15Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos.” La intención del Señor era restaurar a Pedro a su relación con él y a su ministerio de pescador de hombres. Pedro quería peces, pero el Señor quería para él corderitos y ovejas. El Señor relacionó el amor con el pastoreo.

“Apacienta mis corderos”. Apacentar los corderos es alimentarlos con las riquezas de la gracia de Dios. Pedro demostraría su amor hacia el Señor, apacentando a los corderos.

El V. 16 dice: “16Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.” Solamente se puede pastorear un rebaño, Juan 10:16 dice: “16También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” ¿Cuál es ese rebaño? Hechos 20:28 dice: “28Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.” Pedro en 1 Pedro 5:2 exhortó a los ancianos, obispos o pastores a apacentar el rebaño del Señor, “2Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto.”

Si amamos a Dios debemos amar el rebaño de Dios (que es el conjunto de corderitos y ovejas) del Señor, 1 Juan 5:1 dice: “1Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. Si amamos a los engendrados por Dios debemos cuidarlos. Amar es cuidar, es suplir, es apacentar o pastorear.

Se dice que Pedro fue interrogado sobre el amor tres veces por el Cristo resucitado, para hacerle recordar cómo lo había negado tres veces. En la vida de la iglesia debemos amar a nuestros hermanos sirviéndolos, apacentándolos y pastoreándolos. Esta no es la tarea de los ancianos sino la de todos los que amamos a Dios, pues, amando a los hermanos, lo amamos a él. El amor, la fidelidad y el pastoreo expresan la vida de la iglesia del Señor. a través del amor somos guardas de nuestro hermano. Caín no guardó a su hermano, sino que lo mató; porque no lo amaba. Tú y yo somos guardas de nuestros hermanos.

Pastor. Reynaldo Estrada
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