Amor que no se rinde – La Web Cristiana de Apologetica

Vivimos en la era de informática. Lo que acontece al otro lado del planeta usted lo puede apreciar a través de su televisor en el mismo instante de la acción. Todo este avance es abrumador, porque la información que diariamente recibimos, no nos brinda esperanza de que viviremos en un mundo mejor. En ocasiones, nos retiramos a nuestras alcobas y reflexionamos, ¿qué le deparará el mundo del siglo 21 a nuestros hijos/as, a nuestros nietos/as? En ocasiones, nuestras reflexiones se ven manchadas por la frustración de poder reconocer que lo que viene no será mejor de lo que ya se ha ido. Hay quienes lo resumen con la expresión: “todo tiempo pasado fue mejor.”

Toda persona sabia que haya vivido una experiencia similar a la que hemos mencionado habrá reconocido, probablemente, que Jesucristo es nuestra única estrategia y esperanza. ¿Qué significa esto que hemos dicho con relación a nuestra función como creyentes en esta comunidad?

I. Nuestra Condición

El mensaje de hoy tiene que ver con nuestra búsqueda de Jesucristo. El pasaje que utilizaremos se encuentra en Cantar de los Cantares 3:1-4. Aquí encontramos a una pareja que se encuentra viviendo la angustiosa experiencia de estar separados el uno del otro. Muy bien, podríamos ver en la experiencia de la novia la representación de la Iglesia de Jesucristo y, su gran necesidad mientras espera que ÉL vuelva. El novio, obviamente, es Jesús. Comencemos con el verso 1.

“En mi lecho, por las noches, he buscado al que ama mi alma; lo busqué y no lo hallé.”

Cuando un ser humano decide iniciar su búsqueda de Dios tiene que comprender, justo desde el inicio de la misma que la única motivación que le guiará durante todo ese proceso es el amor. Nuestra búsqueda de Dios no debe ser como producto de una disciplina sino como una gran necesidad. No es materia de sacrificios sino de un amor incapaz de ser desviado. Usted ha perdido la capacidad para dormir porque su amado no está junto a usted en el lecho de su cuarto. Usted tiene que salir a buscarlo porque, así es la naturaleza del verdadero y genuino amor.

Probablemente, haya alguien que al escuchar estas palabras razone de la siguiente manera: “Pero yo, ya conozco al Señor. Ya lo he encontrado.” Umm, la realidad, si somos honestos/as, es que ha sido ÉL quien nos ha encontrado a nosotros/as. Nuestra salvación descansa segura en ÉL, y esto es un hecho o realidad. Pero, mientras muchas personas descansan en el evento de que Cristo nos ha encontrado , en este pasaje podemos ver el otro lado de la moneda; y este es: que la novia se levanta para encontrarlo a ÉL. El amor que ÉL ha inspirado es ahora el agente impulsor para que ella vaya en su búsqueda.

Debemos comprender, de una vez y por todas que hay muchas cosas, muchas que aprender y descubrir acerca de nuestro Dios y Salvador Jesucristo. ¿Habrá un ser humano que haya estado más cerca de Dios que Moisés? Pues, fíjese en lo que él dice después de casi 120 años de vida:

“Oh Señor Dios, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en los cielos o en la tierra que pueda hacer las obras y hechos tan poderosos como los tuyos.? (Deuteronomio 3:24)

Después de haber guiado al pueblo hebreo durante 40 años, todavía Moisés reconoce que apenas comienza a conocer al Hacedor.

¡Esto, verdaderamente es impresionante!

Esta es la actitud del creyente que ha madurado, es la única obsesión que puede tener la novia de Jesucristo.

Obsesión: (1737), “idea fija.” Tomado del latín obsessio, -onis, “bloqueo” derivado del obsidere “asediar, bloquear” Propiamente, “sentarse enfrente, y éste de sedere, “estar sentado.”

En este proceso de maduración llegamos al punto donde nuestro amor por Dios toma dominio total sobre nuestro intelecto o conocimiento doctrinal. ¿A qué nos referimos? Bueno, ella no razona en su interior, “mañana habrá un nuevo día y entonces lo veré.” Hay personas que se contentan simplemente con saber que Cristo un día volverá, y para ellos/as esto es suficiente. Pero en la vida de esta novia (Iglesia) no existe la posibilidad de reconciliación entre la pasión que está experimentando, con la ausencia de su Amado (Jesucristo).

Es muy importante notar una nueva dimensión en nuestra relación personal con Jesucristo. El amor genuino causa hambre en nuestra alma, a tal grado que pensamos que sin ÉL llegamos a morir. Para ella, no era suficiente recordar las experiencias vividas en el pasado. “Noche tras noche lo he buscado.” Ella deseaba una experiencia nueva cada día con su Amado. ¡Aleluya!

II. Venciendo los Obstáculos

Todos/as sabemos que existen situaciones que funcionan como obstáculos que luchan para impedirnos encontrar a nuestro Amado. La novia, llena de tristeza, nos dice:

“…he buscado al que mi alma ama, lo busqué más no lo hallé.”

(Cantar de los Cantares 3: 1b,c)

Sus primeros intentos de búsqueda fueron matizados por el fracaso: no lo hallaba. Pero, esta situación de ninguna forma fue lo suficientemente poderosa para detenerla porque, ella lo amaba. Debemos comprender que no encontraremos a nuestro Amado buscándolo en lugares cómodos y convenientes. Nuestros estilos de vidas están programados para lo cómodo y fácil. Y cuando se trata de buscar a nuestro Amado, la realidad es, que difícilmente lo encontraremos en medio de este tipo de ambiente.

III. Cristo es TODO

Es posible que para muchos de los que nos encontramos aquí, el cristianismo sea simplemente, la religión en la que me ha tocado nacer. Para otras personas, Jesucristo es, verdaderamente, su Salvador personal, pero su relación con EL no pasa de ser algo del pasado. Pero, para aquellas personas que han saboreado la presencia del Amado en su alcoba, Cristo ha llegado ser sinónimo de la vida misma.

Dice el apóstol Pablo: “Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria.” (Colosenses 3:4)

Se relata la historia de un hombre que estaba buscando a Dios y, vino a estudiar a los pies de un viejo maestro. Su maestro un día lo llevó a un lago y lo guió hasta que las aguas le llegaron a los hombros. De repente, colocó el Maestro sus manos sobre la cabeza del alumno y, lo empujó hasta sumergirlo. Allí lo mantuvo hasta que el discípulo, sintiendo que perdía la vida, comenzó a resistir la acción de su maestro. Finalmente, cuando logró escaparse, lleno de confusión y temor le preguntó: “¿qué significa todo esto” Su maestro lo miró fijamente a sus ojos y, le contestó: “Cuando tu deseo por Dios, sea tan fuerte como tu deseo por el oxígeno, entonces lo encontrarás.”

Esta era la actitud que había en el corazón del salmista cuando escribió el Salmo 42:1.

“Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía.”

El issue aquí, amado/a en Cristo, no es uno de solamente desear sino sobrevivir. Nosotros/as necesitamos a Cristo tanto como un ser que se ahoga necesita el oxigeno, o como un ciervo sediento necesita las aguas. ¿Es así nuestra necesidad de Dios?

IV. La Decisión

“Me levantaré ahora, y andaré por la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma.”

(Cantar de los Cantares 3: 2a)

Esta mujer está tan necesitada de la presencia de su Amado que en medio de las tinieblas de la noche abandona la seguridad y confort que le brinda su hogar. Ahora se encuentra en medio de las calles y las plazas, rodeada del peligro que se manifiesta en esos lugares y, a esas horas. ¿Cuántas personas de las que conocemos están como esta mujer, buscando al Amado en medio de las tinieblas? Ella no está pensando ni dejándose dominar por el temor y el cansancio. Su amor por Jesucristo es tan grande que nada la puede detener.

Pero, a pesar de tan grande esfuerzo su gestiones no tienen éxito. Expresa ella su condición, así:

“Lo busqué más no lo hallé.” (Cantar de los Cantares 3: 2b)

Cualquier persona se hubiera desmayado y hubiera interpretado que el fracaso en su búsqueda era razón más que justa y suficiente para volver al hogar sin su Amado. Ella debía resignarse a su condición y aprender a vivir con ella, pensarían algunos/as.

Debemos tener mucho cuidado para no caer en una actitud de auto-satisfacción o conformismo con nosotros/as mismos. “Después de todo he tratado y no he logrado nada, o casi nada.” -dicen algunos/as.

La realidad es que si verdaderamente lo deseamos, debemos permanecer vacíos y hambrientos de Dios, y solamente de Dios.

V. Los Guardas la Encuentran

“Me hallaron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: “Habéis visto al que ama mi alma.?” (Cantar de los Cantares 3: 3)

Fíjese en el orden de los eventos de la búsqueda: 1) de la cama, 2) a las calles y las plazas y, 3) a los guardas. Todo esto porque ella ama a su Amado.

Aquí acontece algo muy importante que no debemos pasar por alto. Éste elemento se resume en la siguiente pregunta: ¿Quién encuentra a quién? Los guardas encuentran a la mujer y, no al revés. ¿A quiénes representan hoy día estos guardas de la ciudad? Estos guardas representan a toda aquella persona que tenga la respuesta correcta a la pregunta hecha por la novia: “¿Habéis visto al que ama mi alma?”

Esta mujer sabe que mientras se mantenga buscando a su Amado ella lo encontrará. Es por esto que su motivación es una que le brindará el producto deseado: el encuentro.

VI. El Encuentro con el Amado, Por Fin

“Apenas los había pasado cuando hallé al que ama mi alma.”

(Cantar de los Cantares 3: 4a)

Cuando lo encontró, “lo agarré y no quise soltarlo.” (cf. 3: 4b)

Esto trae a mi memoria el evento vivido por María cuando encontró la tumba donde había sido depositado el cuerpo de su Amado, vacía. (cf. S. Juan 20: 11-18) En el mismo instante que María encontró a su Amado, se agarró a ÉL y no quería soltarle. Aquí podemos apreciar con claridad meridiana, que el AMOR es la única fuerza que nos puede ayudar a buscar a nuestro Amado hasta encontrarlo. No existe otra forma para que podamos prevalecer en nuestra búsqueda.

VII. Al Fin Juntos

“…hasta que lo introduje en la casa de mi madre, y en la alcoba de la que me concibió.” (Cantar de los Cantares 3: 4b)

Cuando usted encuentra a Jesús, ¿qué hace con Él? Nos dice el relato, que la novia cuando encontró a su Amado lo trajo a la casa de su madre. ¿A quién representaría la madre en nuestra época? Obviamente, a la Iglesia. Necesitamos llevar al SEÑOR a los que todavía no lo conocen. Llevarlo a los necesitados/as y a los heridos/as. Tanto la iglesia como la comunidad que nos rodea está desesperadamente necesitada de hombres y mujeres llenos de la unción que trae la presencia de Jesucristo a nuestras vidas.

Sermón predicado en la Iglesia Presbiteriana en Glenview, Ponce PR

Domingo, 4 de octubre de 1998.

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