1ª Samuel 21-31 – La Web Cristiana de Apologetica

1. La cueva: 1 Samuel 22:1 “yéndose luego David, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él”. David estaba huyendo de la presencia de David, y se refugió en una cueva. Esto me hace recordar la actitud de muchos de nosotros, ¿a quién no le ha pasado que ante un gran imposible o una gran tribulación en algún momento no hemos intentado aislarnos?. Recurrir a un mecanismo de escape para evadir lo que nos acontece, si bien conocemos que con Cristo todo lo podemos, muy en el fondo no nos hemos atrevido precisamente a dar ese paso de fe. David se sentía acongojado y muy solo.

Sin embargo, puedo ver una actitud alentadora de parte de quienes eran su familia: fueron con él. Qué lindo cuando en la familia de Dios podemos demostrar esa misma actitud. “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”. Ro. 12:15. Esa debe ser nuestra responsabilidad estar con el quebrantado de corazón y de espíritu, unidos. Ya puedo imaginarme la ministración de amor y aliento que habrá recibido David de los suyos. Muchas veces no reparamos en ello y el pueblo del Señor sólo piensa en sí. No llega a ver las necesidades emocionales y espirituales del resto. Debemos detenernos en alimentar a los que se encuentran afligidos. Prov. 12:25: “La congoja en el corazón del hombre lo abate; mas la buena palabra lo alegra”. ¿Qué nos puede costar más que unos minutos oír a un hermano en aflicción?.

2. Levantando un ejército: 1 Samuel 22: 2: “ y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaban endeudados, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.”

Aparentemente David tenía problemas de recursos. Muchas veces pensamos que cuando iniciamos un ministerio necesariamente Dios nos va a poner los mejores recursos, y cuando las cosas no suceden así, argumentamos contra Dios. Realmente a los ojos humanos David no tenía la mejor de las compañías. Pero muchos de nosotros cuando vinimos a los pies de Cristo nos encontrábamos sino igual en peores circunstancias que este ejército. Yo puedo ver a un David, que no se quejó contra Dios por la compañía que tenía, a lo mejor pudo decepcionarse más, él no estaba bien, emocionalmente estaba afectado, aquel a quien sólo había hecho bien, lo perseguía. Podía entender a esa gente. Y yo puedo ver que cuando comenzamos un ministerio Dios se encarga de rodearnos de gente con situaciones sino idénticas pero muy similares a las nuestras, la pregunta es por qué. Porque precisamente cómo guiar a otros por un camino que tú no conoces, que no has vivido, juntos: la Palabra de Dios y la experiencia te da cierta autoridad para levantar al hermano.

Sin embargo estos cuatrocientos hombres, quiñados quizá, aumentaron en número: 1 Samuel 23:13: “David entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos…”. Si David hubiera continuado lamentándose, viendo sus circunstancias muy difícil que habría logrado incrementar su ejército en 150%. Fue un hombre efectivo.

Luego algunos de estos mismos hombres serían más tarde conocidos después como Los Valientes de David, hombres de renombre que en Dios hicieron proezas.

¿Estaremos nosotros dispuestos a marcar la diferencia, y empezar a ver no las circunstancias sino con nuestros ojos de la fe, vernos como Dios nos ve?.

De: Americo Davila
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